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Órbita landings
La 9a edición del proyecto se realiza del 25 al 29 de agosto en Belize City
Maité Hernández-Lorenzo (Fotos: Eugenia Montalván Colón)
http://www.unasletras.com/v2/articulo/landings_21/orbita-landings_669/
Belize City, 27 de agosto de 2008. El salón de la Image Factory Art Foundation huele a naranja. En una de sus paredes, siete libros forman un arcoiris horizontal, especie de línea divisoria entre pasado y futuro. Y un nueve al revés, interrogación pendiente, brilla en una esfera de color naranja, es el símbolo de la novena estación de landings que ha decidido parar por unos días en Belize City.

Desde el pasado lunes 25 hasta el viernes 29, la peculiar tripulación intentará hacer un recorrido por las anteriores ediciones de una aventura que ha tenido como premisa fundamental “no repetirse”, y tiene como desafío generar ideas y no obras de arte.

En sintonía con el estilo olímpico, Yasser Musa y Joan Duran quisieron inaugurar el landings 9 the forum a las nueve de la mañana en punto. Para Musa, quien abrió la sesión, la gran pregunta es cómo discutir sobre arte y, en especial, sobre la experiencia de landings durante cuatro días (el quinto está reservado para un encuentro  con los medios de comunicación y la convivencia de despedida). Con una campanilla de juez en la mano, intentando controlar y aprovechar al máximo el tiempo, Musa interpreta landings como un disparo que dio en el blanco, cuando justamente estamos acostumbrados a que no sea así en el campo de las artes.

Con la vivencia aún del landings 8, celebrado en Taipei durante el mes de mayo de este año, y que fue, según testimoniaron sus protagonistas, un éxito de público -con más de 59 mil visitantes-, landings 9 intentará ser un espacio de discusión, debate y confrontación de ideas en torno a lo que ha sido y será este proyecto surgido en el 2004, gracias al impacto de Zero, muestra de arte beliceño creada por Joan Duran en el 2000 y que transitó por diez espacios expositivos, incluida la Casa de las Américas en La Habana, Cuba.

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Una piedrecita en medio de la estepa
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Una piedrecita en medio de la estepa

Para trazar un rostro (el de Samuel Beckett) piénsese en rocas y pájaros. En dudas y vacilaciones. En escombros, payasos, mendigos. Literatura. Cioran cuenta, en su Ensayo sobre el pensamiento reaccionario, que Beckett era un hombre sumamente discreto que excluía de sus conversaciones los temas literarios, las comparaciones, las chocantes profecías. “Con los escritores que nada tienen que decir, que no poseen un mundo propio, sólo se habla de literatura. Con él raramente, de hecho casi nunca. Cualquier tema cotidiano (dificultades materiales, problemas de todo tipo) le interesa más, en la conversación, por supuesto. En cualquier caso, lo que no tolera son las preguntas como: ¿Cree usted que tal obra va a quedar, que este o aquel escritor merece el lugar que ocupa?, ¿quién, de X o Y, sobrevivirá, cuál de los dos es más grande? Las evaluaciones de ese tipo le exasperan y deprimen. “¿A qué viene eso?”, me dijo tras una cena particularmente penosa en la que la discusión degeneró en una grotesca versión del Juicio Final. Él evita hablar de sus libros y de sus obras de teatro; no le interesan los obstáculos superados sino los futuros: se identifica totalmente con lo que está escribiendo en cada momento. Si se le pregunta por una de sus obras de teatro, no hablará del fondo, de la significación, sino de la interpretación, de la que imagina hasta los mínimos detalles, cada minuto de la representación, cada segundo casi.” Por ello, es bueno precisar que Encuentros con Samuel Beckett, de Charles Juliet, no revela secretos aturdidores sobre la obra del escritor irlandés. Las piedras, los pájaros, el circo y los fracasados continúan en espera de una segunda oportunidad, de una tercera oportunidad, para que los eruditos aclaren su sentido. Ya en Fin de partida, Hamm, que se dirigía a Clov, declaraba: “Un día te quedarás ciego. Como yo. Estarás sentado en cualquier lugar, pequeña plenitud perdida en el vacío, para siempre, en la oscuridad. Como yo. Un día te dirás: estoy cansado, voy a sentarme, y te sentarás. Luego te dirás: tengo hambre, voy a levantarme y a prepararme la comida. Pero no te levantarás. Te dirás: no debí sentarme, pero ya que estoy sentado me quedaré sentado un poco más, luego me levantaré y me prepararé la comida. Mirarás un rato a la pared y luego dirás: quiero cerrar los ojos, quizá duerma un poco, luego todo irá mejor, y los cerrarás. Y cuando los vuelvas a abrir la pared habrá dejado de existir. La infinitud del vacío te rodeará, los muertos de todos los tiempos, resucitados, no lo llenarán, y serán como una piedrecita en medio de la estepa. Sí, un día sabrás lo que es esto, serás como yo, sólo que tú no tendrás a nadie, porque tú no habrás tenido piedad de nadie y ya no habrá nadie de quien tener piedad.” Eso en cuanto a su obra. Si queremos saber de su vida, recurramos a un fragmento de El innombrable: ”Sí, en mi vida, pues así hay que llamarla, hubo tres cosas: la imposibilidad de hablar, la imposibilidad de callarme, y la soledad, física desde luego, con eso tuve que arreglarme.” Cioran dice, en el ensayo arriba citado: “Desde nuestro primer encuentro, comprendí que Beckett había llegado ante lo extremo, que quizás había comenzado por ahí, por lo imposible, por lo excepcional, por el impasse. Y lo admirable en él es que no se ha movido de allí, que, habiendo llegado de entrada ante el muro, persevera con el mismo valor que siempre ha demostrado: ¡la situación-límite como punto de partida, el final como advenimiento! De ahí el sentimiento de que su mundo, ese mundo crispado, agonizante, podría continuar indefinidamente, incluso después de que el nuestro desapareciese.” La grandeza del universo de Beckett no se mide con ensayos, reseñas, apologías, cadáveres, premios, reediciones, portadas de revistas, homenajes póstumos. Haría falta, aquí, justo ahora, permanecer mudos, después de haber valorado la inutilidad cósmica de la que se nutren sus criaturas. Beckett recogió los trozos de Ser y los puso en una cubeta agujereada. En El final escribe que: “Labrarse un reino, en medio de la mierda universal, para después cagarse encima, era muy mío.” Encuentros con Samuel Beckett, con sus lacónicos episodios situados entre 1958 y 1977, es un pequeño libro crepuscular, de tapa azul cielo y una cinta en tono azul fuerte con la siguiente inscripción: 1906-2006 Centenario del nacimiento de Samuel Beckett. A duras penas, Charles Juliet logra entablar breves conversaciones con el escritor irlandés, la tercera malograda por la irrupción de un editor. Predominan los silencios, las frases elípticas, las confesiones taciturnas, con el fondo de la Closerie des Lilas, un café visitado por escritores como Hemingway, Joyce y los surrealistas. El libro, de 82 páginas, funge como un epílogo. Beckett monologa desprovisto de elocuencia en el cementerio de las palabras, los bufones y los pordioseros. Las piedras y los pájaros. La literatura.  
 
Encuentros con Samuel Beckett
Charles Juliet
Siruela, 2006