You need the Flash Player version 9.0.0.0 or higher and a JavaScript enabled browser to view this site
Evgen Bavcar, proletario visual
Conversación con el fotógrafo, filósofo y escritor ciego
Sergio Raúl López (Retrato: Arturo Talavera)
http://www.unasletras.com/v2/articulo/cine_11/Evgen-Bavcar-proletario-visual_913/
México, D.F., 26 de julio de 2010. Esta entrevista es una colaboración especial del periodista Sergio Raúl López para www.unasletras.com, y se debe a que el extraordinario Evgen Bavcar exhibirá una colección de fotografías de su autoría durante el mes de agosto en la Ciudad de México.

I


Una descomunal torre de artificios se erige en torno a las preconcepciones que tenemos en cuanto a lo que significa el proceso fotográfico. Sin embargo,
el equipo fotográfico no es más que una maquinaria ensamblada en torno a una cámara oscura, es decir, que requiere el vacío de toda luz para funcionar. Y no se capturan instantes congelados, sino transcursos de tiempo, devenires, en ocasiones tan breves que no los notamos. Por supuesto que el ojo del fotógrafo no es similar a la toma del filme, empezando porque nuestra vista no compone el panorama en rectángulos ni pequeñas perforaciones para engranes, y tampoco percibimos el exterior en dos dimensiones, sino con profundidad de campo. Entonces, buena parte de los conceptos sobreentendidos en torno al arte y a la técnica fotográfica son, simplemente, erróneos.


La fotografía, para decirlo claramente, requiere de la oscuridad como principio fundamental. Además de una óptica mecánica que poco asemeja los ojos biológicos. Y por lo tanto, la forma en que las imágenes se forman y se plasman en el filme obedece totalmente a una lógica de maquinaria, no a la sinapsis cerebral. Lidiamos, claro, con interpretaciones artificiales de las ondas que corren en realidad por el mundo, no con lo que vemos.

Por ello, nadie más apropiado que un ciego para revelarnos estos misterios. Primero, claro, debemos aceptar el hecho de que esta aparente paradoja, la de la existencia de un fotógrafo ciego, no sólo es posible, sino cada vez más común.

Una vez abierto el entendimiento a esta realidad, las convenciones se irán derrumbando una tras otra.

La charla que sigue es con el filósofo, pensador y escritor franco esloveno Evgen Bavcar.


En realidad, la cámara fotográfica es una cámara obscura, un objeto sin luz, aislado del exterior, que sólo por instantes se deja penetrar.


–La cámara fotográfica es una cámara obscura portátil, pero también son las tinieblas que poseemos; la oscuridad como nuestra propiedad privada; la posibilidad de este pequeño tesoro de la necesaria ausencia de luz que presupone hacer  imágenes. De esta forma, la cámara fotográfica no sólo es un objeto de la herencia cósmica que nos permite ver las estrellas, los puntos luminosos de la oscuridad general del cosmos, de la oscuridad de los hombres, de la oscuridad de la historia... Más que cámara, es un poco la caverna de Platón; un poco, la tecnología, y es, también, la parte más obscura de nuestro cuerpo.

–Y me parece que hay una confusión general cuando se habla de que el ojo del fotógrafo está puesto en la cámara. ¿Qué tanto ser ciego le ha permitido comprender mejor este fenómeno?

–Sí, en el siglo XIX el fotógrafo entra en la cámara oscura. Y yo hago lo mismo, a mí manera puedo controlarla, siempre hago las fotos en la oscuridad, solamente que la cámara oscura que me rodea es un poquito más grande, naturalmente.

–Usted afirma con frecuencia que se siente profundamente relacionado con la figura trágica de Edipo, más bien con un post Edipo ya ciego. Y que esta figura le ha ayudado a entender, dada su condición de ciego, que ha desarrollado un tercer ojo.

–Edipo significa el destino de todo el mundo. Solamente que me encuentro más cerca, de manera simbólica, porque ser ciego significa ser castrado. Es un pecado que los ciegos se atrevan a librarse de esta culpa, de esta carga histórica, porque en realidad no tenemos ninguna. En occidente hay una historia de los ojos que no solamente relata el problema de Edipo, sino de otras figuras míticas como Polifemo, Ulises y Tiresias, este último ve con el tercer ojo, el ojo de la imaginación, e interpreta las palabras del Oráculo y podría representar la primera relación psicoanalítica arcaica.
 

Por otra parte, Edipo está ligado con la figura de Antígona, que es la primera figura del amor, antes de Cristo: por su padre, por la gente caída en el pecado, por todos esos ángeles caídos, no solamente los pobres ciegos, sino toda la gente. No obedece a la institución, le construye una tumba a su hermano Polinices y conduce a su padre ciego a Colono para hallar un lugar donde pueda descansar y morir como los demás, así abre un espacio utópico para una sociedad más humana. Antígona es un mensaje griego: hace de su padre, condenado a la humillación, una persona íntegra, que ve más allá de lo visible, que ha comprendido la institución necesaria que es el incesto.

–Estos arquetipos que habitan la mitología y la tragedia, pero también  de la vida cotidiana, poseen características extraordinarias, fuera de lo común, y quizás por ello resultan aterradores.

–Pensamos que estamos liberados de la mitología, pero solamente ocurre que no estamos conscientes de ella. En la obra de Sófocles, Edipo en Colono, Edipo sabe defenderse y sabe utilizar excelentemente el bastón, no solamente el bastón blanco de los ciegos, sino un garrote como un arma eficaz, y es solamente una metáfora de su espíritu. Significa que no deja de defenderse, que sabe utilizar un arma personal, en cierta manera un falo que es producto de su espíritu, de su profundo conocimiento del mundo, y eso me gusta mucho. Esta querida niña, esta Antígona que lo conduce, sabe que su padre necesita una sepultura digna de un hombre, fue la primera persona en oponerse a los guetos. Cuando tomo el aparato fotográfico, significa hago algo similar.
 Leer más...
Columnistas
Lunes
Eugenia Montalván Colón
Martes
Eusebio Ruvalcaba
Miércoles
Nancy Mayanz
Jueves
Christian Nuñez
Viernes
Maité Hernández-Lorenzo
Enganchar la puerta
Maité Hernández-Lorenzo
La quinta columna
Enganchar la puerta



De donde soy, la gente vive, por lo general, con la casa abierta. Cualquier transeúnte pasa, husmea de reojo, mete la cabeza y mira hasta el final del pasillo, comenta algo en alta voz, siente los olores de la comida, del café o de la leche a punto de hervir. Luego, sigue su paso o se detiene para saludar a alguien.

De donde soy, cuando la gente no quiere ser avistado, ni percibido desde dentro de sus casas, no cierra la puerta. Como quien quiere y no quiere, deja un resquicio por donde algo miramos, no se ve completamente,  solo se sugiere, volviendo ese acto típico de voyeur, más atractivo e irresistible. Al acto de dejar esa hendija que no toca nunca el marco, se le dice de donde soy “enganchar la puerta”.

Esta debe ser la última Quinta Columna. Hoy toca hacer silencio y dejar atrás más de cuarenta semanas de plática con ustedes. Aquí no sólo he hablado yo. Es lo que he querido con cada línea donde mi voz se vuelve tinta virtual. Confieso que ha sido siempre un acto temerario, un pie en el vacío, el equilibrista sobre la cuerda. Pero el temor es estimulante, tensa mi cuerpo y comienzo a disparar, como hago ahora mismo mientras las teclas retumban en el estrecho espacio que llamo eufemísticamente “estudio” y detrás de mí los ruidos domésticos no logran apaciguarme.

Hoy debo irme de aquí, dejar el espacio en blanco. Como una casa en la que se ha habitado y de la cual distinguimos el sabor, los horarios de sombra y luz, salgo yo de éste, mi quinto lugar en la fila horizontal de rostros que me han acompañado aun sin conocerlos.

Desde la distancia unasletras.com me ha construido un puente a prueba de visas, permisos de salidas, pasaportes, migraciones, aduanas y demás vicios del ciudadano moderno. Cada vez que he sentido el deseo, he lanzado la cuerda desde La Habana hasta Mérida, de Mérida a Angola, a Polonia, a Guantánamo, a mi infancia, a mis amigos. Esa combinación ideal, deseada y utópica, ese aleph de sueños, frustraciones e imaginación, ha sido posible gracias al privilegio de los viernes –santos para mí– en unasletras.com

Como la gente de mi calle, me asomo al contén, miro a ambos lados y echo una última ojeada a la avenida. Veo que nada pasa, todo está en calma, unos saludan a otros, otros siguen sin apenas mirar y el bullicio de las guaguas, los carros y los niños regresando de la escuela con el peso de la suciedad sobre el uniforme, es el mismo de ayer. Vuelvo a la seguridad de la casa, a los quehaceres cotidianos. Mientras leo una hoja cualquiera o espero la colada de café, sé que debo ir hasta la computadora, pensar, inventar, hilvanar palabras una tras otra con cierto sentido. Antes de sentarme definitivamente en la banqueta incómoda, me levanto y dejo la puerta enganchada, como hago con esta quinta columna.