 Mérida,
23 de septiembre de 2008. ¿Qué es un nombre, qué hay en un hombre?
Shakespeare enunciaba esta pregunta en una de sus obras más famosas, y
la dramaturga argentina Griselda Gambaro nos lo vuelve a preguntar,
pero no a través de adolescentes italianos enamorados, sino por
conducto de una mujer que trabaja en el servicio doméstico. El monólogo
se llama El nombre, y se estrenó el fin de semana pasado en esta ciudad.
Con una banca como única escenografía, en medio de un cuarto negro,
esta mujer nos transporta a las casas en las que se ha empleado, el
trato con las diversas familias y los nombres que ha llevado en cada
una. Cuando cuidaba a un niño fue Ernestina. Así se llamaban todas las
nanas del pequeño para evitar confusiones. El cariño que sintió por
aquel niño y el dolor de dejarlo la llevan a decidir no cuidar a
ninguno más. Entonces, mejor se emplea con una anciana. Allí la llaman
Lucrecia, nombre de una hija que ha muerto sin que su madre, ya senil,
se entere. Por la vieja no siente cariño… pena, sí.
Mientras María (¿es su nombre verdadero?) cuenta su pasado, queda claro
que a ella también le ha llegado la vejez. Interpretada magistralmente
por Eglé Mendiburu, María nos lleva por los rincones de su mente, nos
muestra la huella que ha dejado cada nombre. Florencia, por ejemplo.
Florencia, una ciudad con un río, y también un nombre. “shhhhhh”
murmura María/ Florencia, imitando al río.
Al restarle importancia al nombre de la empleada doméstica, las distintas patronas la minimizan a ella como mujer y como trabajadora. La ocupan, sí, pero cuando no la necesitan más simplemente la dejan en la calle. Comparten con ella sus vidas, sus hogares, pero nunca la conocen ni la aprecian. María, sin embargo, no guarda resentimiento. "Así son las cosas", ha de asumir resignada.
El ambiente de la puesta en escena es de total intimidad. Las sillas, pocas, están dispuestas al nivel del piso, muy cerca de la tela negra que cubre el escenario, al mismo nivel. La iluminación, cambiante como el tono de la interpretación de acuerdo a las circunstancias, nos muestra a la verdadera María, la que no cambia aunque cambien sus nombres, la que todavía conserva lucidez para examinar su pasado.
La dirección y producción de El nombre corren a cargo de Socorro Loeza, egresada de la primera generación en teatro con especialidad en dirección de la Escuela Superior de Artes de Yucatán y actual becaria del FOECAY con el proyecto “Memoria histórica del teatro en Tecoh, 1930- 2004”.
La obra se presentó el 19 y 20 de septiembre en la Ex escuela Alcalá Martín, ahora base de la licenciatura en Artes Escénicas de la ESAY (Calle 52 por 43 en el Centro Histórico). Al terminar la función, Eglé Mendiburu y Socorro Loeza comentan que el espacio al aire libre de esta vieja escuela primaria ya se había usado en varias ocasiones, pero El Nombre inaugura el salón acondicionado para funciones bajo techo.
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