Mérida, 16 de octubre. El viernes pasado en el marco de la Primera Feria del Libro de la Unidad Académica de Ciencias Sociales y Humanidades de la UNAM en Mérida, Gloria Palma presentó su libro Revelaciones del desastre. La negligencia y la corrupción que el huracán Wilma puso al desnudo (Grijalbo), y en él nos recuerda que Cancún era una isla que tenía la forma de una serpiente o una letra S, y que en 1970 empezó a ser modificada por los desarrollos que en el año 2005 debido al paso del huracán Wilma sufrieron pérdidas calculadas en 1 800 millones de dólares, según Jesús Almaguer, presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún.
–¿Cómo vive Cancún ahora a casi un año de Wilma?
–Todavía en la incredulidad y la confusión. Los sectores hotelero y político siguen repitiendo, como siempre, que Cancún se mantiene en el primer lugar en cuanto a la recepción de visitantes, generación de divisas y creación de empleos. Todo lo que se diga en sentido contrario, es subversivo o traicionero; digamos, de personas non gratas para la ciudad. Esa especie de cultura de la censura que llega hasta la autocensura en la otra ciudad o la zona atolera –como se le conoce aquí– ha empezado a gestar manifestaciones de violencia, de negligencia y apatía ciudadana, y todo esto conduce finalmente a la falta de identidad e integración de los cancunenses, porque entre nosotros sabemos que los sueldos en la industria turística son bastante bajos y la explotación de los empleados es bastante alta, y que la derrama –de por sí poca comparada con la que se queda en los países de origen de los hoteles– que llega a la ciudad, no se observa en una mejor calidad de vida para los ciudadanos.
–En medio de la crisis emocional que representa un huracán como Wilma, ¿qué aporta la lectura de tu libro?
–En este libro se exponen precisamente algunas conductas relacionadas con los desastres, y que tienen que ver mucho con ciertos mitos que manejamos ante catástrofes o crisis. Uno de esos mitos es el de la invulnerabilidad personal, que te hace suponer que no te va a pasar nada y en cierta forma te inmoviliza para actuar. Otro mito, que suple al de la invulnerabilidad cuando ya no lo puedes sostener, es el de la ilusión de posición central, que es cuando te pones en el centro de la tragedia pensando que todo lo que sobreviene está dirigido sólo a ti, y eso tampoco te deja actuar de una forma asertiva. Aparte, como en todo gran desastre, sobreviene una especie de caos de fin de mundo, sobreviene el miedo, la incertidumbre y eso, en una comunidad que está muy poco integrada como Cancún, provoca gestaciones de violencia como las que vivimos: saqueos, trincheras vecinales, vecinos armados, fogatas y barricadas. Nosotros, los cancunenses, creamos con el miedo post impacto, un monstruo que amenazó con ser más desastrozo que Wilma, porque ese miedo, cultivado a través de los rumores, nos llevó a armarnos con palos, machetas y pistolas y a refugiarnos en trincheras vecinales. Afortunadamente en esas trincheras no hubo saldos de linchamientos o enfrentamientos. Creo que al reflejar estas situaciones, el libro da pauta para que los órganos encargados estén pendientes ante una eventual contingencia y para que los ciudadanos midan el alcance de la construcción social del miedo.
–Revelaciones del desastre se inscribe entre las investigaciones que permiten reflexionar sobre las catástrofes naturales en el mundo, ¿hasta qué punto estabas tú preparada profesionalmente para abordar un fenómeno como Wilma?
–Recuerdo que mi colega Lydia Cacho, autora del libro Los demonios del edén, me comentó que el Universo me había colocado en este lugar y en este justo momento para que yo contara esta historia del huracán. Esa era mi ventaja. Yo estuve, como una más de los cancunenses, en el antes, durante y después del huracán. Pero también podía ser mi desventaja, porque potenciaba mi posible carga de subjetividad, sobre todo emocional. Y por eso me preparé aún más. La subjetividad, sobre todo en las ciencias sociales, es el factor a vencer lo más posible, porque puede variar los resultados de una investigación. En este sentido, busqué fuentes alternas y entre esas fuentes, sometí mis hipótesis y el desarrollo del libro al ojo franco e inteligente de la investigadora Marisol Vanegas, directora de Redes Turismo, cuyo enfoque además era casi siempre diametralmente opuesto al mío. Esa confrontación de enfoques enriqueció la investigación.
–Hablas de Cancún como una sociedad multicultural desarticulada, ¿cómo interactuaron los diversos grupos sociales ante la desgracia?
–En el libro se expone la forma en que interactuaron la clase media y la clase pobre porque en ambas es donde la manifestación fue más evidente. Como te dije anteriormente: la clase media respondió con miedo, principalmente en dos aspectos: el miedo a perder su seguridad económica, por la que ha agotado tiempo, lazos sociales y lazos familiares. En cambio, los pobres, que aquí como en el resto del país son más de la mitad del total de habitantes, no tuvieron reacciones de miedo, sino más bien de resentimiento al ser los excluidos de este modelo de desarrollo turístico que no es sólo propio de Cancún: es impuesto por la globalización económica.
–¿Cómo hacer de tu libro una lectura imprescindible para los cancunenses?
–Tiene que ser imprescindible. Para mí, escribirlo fue agotador, doloroso, conflictuante porque quiero a Cancún; es mi ciudad, donde he vivido la mitad de mi vida y donde he crecido y me he formado. Por eso creo que no es justo para nuestra comunidad que este tipo de información siga ocultándose, porque entonces ¿cómo vamos a dar el primer paso para hacer de esta ciudad un destino habitable? Los cancunenses tienen que leer este libro para conocer su ciudad y aprender a respetarla y a defenderla.
–El comentario que se escucha en la calle es “Cancún ya fue”, ¿tú qué piensas?
–¡No! Ahí si lo digo casi como un grito. Cancún somos todos. Cancún es una ciudad habitada por gente, no sólo visitada por turistas. Cancún no sólo son sus hoteles. Creo que Cancún, el Cancún ciudadano, con identidad, con habitantes que cuentan, está apenas naciendo… Y no nos vamos a ir a ninguna parte.
–Con lo de “Cancún ya fue” pensaba en el aspecto turístico, debí especificarlo. Comprendo tu reacción. Pero, sinceramente, ¿cuál es la cara que hoy da al mundo Cancún?
–Esa respuesta se me hace bien difícil: Da sólo una cara de los tres rostros que tiene. Da la cara más bonita: la de la zona hotelera. Porque siempre hemos escondido los otros rostros. 1. El de las carencias urbanas y de calidad de vida en los primeros cuadros de la ciudad y 2. El rostro de la pobreza y la miseria en las zonas conurbadas.
–¿El Gobierno, la sociedad civil y demás organizaciones están preparadas para el futuro inmediato en caso de otra tragedia? ¿Qué sector, en determinado momento, crees más capaz operativamente hablando?
–Como en toda tragedia, el sector más capaz será el que tenga los medios o mayores medios para garantizar su sobrevivencia. No he visto planes concretos de las autoridades para garantizar la seguridad del gran porcentaje de la población.
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