 Mérida,20 de abril de 2009.- “El que ahora se burla de mí no es alguien quevenga de fuera. No es un alux, pero tampoco es una voz amiga. Soy yomismo, mi reflejo. Soy yo mismo, mi eco”. La cita pertenece a Guerrero en mi estudio,obra teatral escrita y dirigida por José Ramón Enríquez (JRE), presentada por la compañía Teatro Hacia el Margen A. C. el pasado sábado 18 de abril en el auditorio del Centro Cultural Olimpo. La tramase despliega en la imaginación de Don Alonso (Francisco Marín), unhombre maduro que entabla diálogos esperpénticos con un Falso Guerrero(Pablo Herrero) y dos figuras históricas relevantes de la culturayucateca: el Gonzalo Guerrero Auténtico (Miguel Ángel Canto) y Zazil-Ha(Socorro Loeza). Analie Gómez intepreta a la psicóloga del protagonistay todos los personajes desfilan y se yuxtaponen durante las casi doshoras de espectáculo en una especie de sueño colectivo delirante. Fundamentalmente,la pieza de JRE brilla entre otras propuestas escénicas por su abordajede la temática histórica, que en ningún momento es oficialista ni sigueuna cronología lineal. La trama se desenvuelve con ritmo fluido yanticlimático, y definitivamente a veces el texto cobra más fuerza quelas acciones. La proyección de videos (realización de Laura Sánchez y Jorge Carlos Cortazar), con música de Juan Luis de Pablo Enríquez Rohen, ejerce una doble función: sirve de contrapunto y replantea enuna carga semántica distinta lo que vemos en escena, dando la sensaciónde varias temporalidades.
Otro rasgo que distingue a Guerrero es su estilo fragmentado y rizomático, muy en la línea del pensamiento posmoderno. Según Gilles Deleuze y Félix Guattari, un rizoma es un modelo de conocimiento que carece de centro, con una estructura abierta, en la que los saltos temáticos están permitidos, y que se aparta de los modelos de la lógica tradicional. Guerrero en mi estudio trata la historia mexicana, en especial la de Yucatán, con ironía, saltos espacio-temporales y una fuerte influencia del teatro esperpéntico de Ramón del Valle-Inclán, de quien el texto de mano incluye una cita: “El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. El sentido trágico de la vida sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”.
JRE deforma la figura de los héroes para generar una reacción, una reflexión y, también, una carcajada en el auditorio (“¿Será que mi público también se mira en el espejo?”, pregunta Don Alonso). A tal grado, que no parecerá insólito ver al Auténtico y al Falso Guerrero luchando a muerte sobre un cuadrilátero, ni al primero practicando Tai Chi en el estudio del escritor.
En las imágenes proyectadas, casi al final de la obra, veremos también un guiño al cine de David Lynch con la retrospectiva de la obra y de los personajes en clave onírica, ondulante y oblicua, como se ha visto en Mulholland Drive e Inland Empire.
Y las muecas intertextuales no se detienen: –“El pensamiento es un sistema de citas”: Jorge Luis Borges–. Abundan las citas literarias y las citas de citas, entre ellas la del poeta español Leopoldo María Panero sobre Pere Gimferrer, construida, reconstruida y deconstruida en tres variaciones mientras Don Alonso charla con su psicóloga: “Si pierdo la memoria, qué pureza” / “Si pierdo la memoria, qué pereza” / “Si pierdo la memoria, qué putada.” Sin duda, un cálido homenaje al poeta esquizofrénico recluido por voluntad propia en un hospital psiquiátrico, con quien Don Alonso bebió un día, en Madrid.
El quid de Guerrero en mi estudio es el desinterés del yucateco por la memoria histórica, la crisis de significado de la identidad mexicana y el derrumbe intelectual, ético y estético de Occidente. Don Alonso menciona la fecha en que, según los mayas, ocurrirá un cataclismo global, el 21 de diciembre de 2012, y no suena muy alentador cuando anuncia: “Pero no se trata quizá de un cataclismo único, sino de irnos pudriendo hasta olvidar nuestras raíces”. Esta inquietud permea el texto de José Ramón Enríquez y se agudiza en sus discusiones con la psicóloga: “Cinco siglos de cadáveres bajo nuestros pies, cinco siglos de insomnio, ¿cómo hablar de equilibrio, doctora?”.
Esta obra esperpéntica se mueve por los terrenos del meta-teatro (“Ahora mismo estamos en el teatro y alguien nos actúa pero no sabemos para qué”), uno de los leitmotivs del cual se vale el dramaturgo para reflexionar acerca de su labor profesional, sacar algunas conclusiones personales y recordar a sus autores favoritos: Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Luigi Pirandello y el inevitable Cervantes. El único inconveniente para un espectador poco leído quizá sea la profusión de nombres, datos rebuscados y una erudición desbordada, multirreferencial, compleja. Pero quien vea Guerrero una vez tendrá deseos de repetirla para valorar todos sus elementos. Estamos frente a una pieza imprescindible de un dramaturgo esencial. Las próximas funciones de Guerrero en mi estudio son los días 2 y 9 de mayo de 2009 a las 20 horas. La temporada cierra el sábado 16 de mayo con dos funciones: 18 y 20 horas en el Centro Cultural Olimpo. Calle 62 x 61, a un costado de Palacio Municipal.
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