México, D.F. 24 de mayo. Texto de presentación del libro El jazz según don Juan y otras silbables ráfagas (lo que quiere decir: otros poemas) de Alain Derbez (unasletras industria editorial, marzo 2006) que esta noche se presenta en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México.
De forma natural, inadvertida, el jazz se coló en unasletras industria cultural con un concierto de músicos yucatecos recién iniciados y muy talentosos. Las paredes de esa casa antigua en el centro histórico de Mérida, Yucatán, dijeron: ¡esto es lo que nos faltaba!, y las palmas reales del jardín al día siguiente, igual, se veían más vivas, más crecidas… Y creo que yo también crecí un poquito.
Fue el jazz el que vino a mí y no al revés. Fue un trío: Armando Martín, Daniel Traconis y Daniel Galaz, y fue en octubre del año pasado. Al poco tiempo, sin que sea necesario precisar cuántos días exactamente, Gerardo Alejos me propuso llevar a ese mismo escenario a dos jazzistas más experimentados: el bajista Aarón Cruz y el saxofonista Remi Álvarez, dos músicos con los que desde que empezamos a planear el evento me sentí ennubecida: así de grande, ya no digamos cuando los entrevisté a la mañana siguiente del concierto y me hablaron, cada uno a su modo, de la naturaleza vivificante del free jazz. Por algo Alain les dedica a ellos y Hernán Hetch, como trío Cráneo de Jade, un poema en su libro.
Casi al mismo tiempo, sólo que vía cibernética, llegó a unasletras Alain Derbez con serias y muy determinantes propuestas: publicar un libro. Menos mal que Dios me iluminó y no le respondí: ¿Y yo por qué?, como quizá Fox le hubiera contestado. Todo lo contrario. Lo que le respondí textualmente a su ¿cómo la ves?, fue: –la veo muy bien; sí me interesa, ¿cómo le hacemos?
Bajo el sello de Eugenia Montalván Proyectos Culturales sólo había publicado un libro de arte: landings. Otro, de la misma serie, estaba en ese momento en la imprenta.
Le escribí a Alain que era indispensable para mí no perder el piso con una inversión alocada y que mi propuesta en concreto era hacer un tiraje corto para asegurar la venta total de la edición y, en todo caso, reeditar.
No pasaron ni dos meses y el libro estaba ya listo. Fue corto y repentino mi proceso de auto-convencimieno. Gracias a Alain existe unasletras industria editorial y gracias al jazz me puedo dar el lujo de seguir creciendo, creo, sobre todo si hay oportunidad de ir a escucharlo de vez en cuando al Smoke con la cantante Verónica Valerio en Nueva York.
El sábado pasado, al abrir el libro El jazz según don Juan y otras silbables ráfagas (lo que quiere decir otros poemas), que presentamos esta noche, Eusebio Ruvalcaba leyó un poema al azar y me dijo muy serio: este cuate es neto.
En silencio, sin haber destapado todavía la botella de vino, se clavó en el poema Lo que dura la pieza: Sé bien/ que no he de morir/ o debería saberlo/ Sé/ que los días corren/ y las noches/ se me llevan la vida/ Sé que mi cuerpo es cómplice/ Lo sé también testigo/ ¿Dónde/ está la ranura/ en esta rota máquina/ que con una moneda/ me permita vivir otros minutos?/ Lo que dura la pieza/ Lo que dura el amor/ Sé que voy a morir/ Los sé/ Y no sé saberlo.
Por fortuna, entonces, no fue necesario explicarle a mi asesor espiritual qué me dio por hacer este libro. De alguna forma en estas imágenes se refleja parte de mi filosofía sobre la perennidad del placer. Vaya, porque si tenemos en la vida al cuerpo como cómplice pienso, como Eusebio, quizá, en la imagen del placer perenne y en cómo, sin embargo, la vida casi se nos va en un orgasmo. La filosofía de la editorial que hoy debuta aquí, en el Palacio de Bellas Artes, es extender la perennidad del placer cuanto más se pueda, y siempre a partir de unas letras.
Porque si una pieza de Alain dura tres, cinco minutos y en ella se le va la vida, a mí se me va en un Ay ay ay que dura, incluso, tan sólo tres segundos.
Y si vemos la vida como una pieza, qué bueno que sea de jazz para que –a como dé lugar– y aun de manera inexplicable, se prolongue, se prolongue y se prolongue…
En la celebración de esta noche participan junto a Alain Derbez el guitarrista Emiliano Marentes, con quien comparte créditos en el disco Eze Ozo Jazzea Azí, y el escritor Ángel Miquel.
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