 Mérida, 9 de julio de 2008. María Magdalena es
una obra teatral que vale la pena disfrutar. Se estrenó el sábado
pasado. La próxima función es el sábado 12 de julio a las 8 de la noche
en el Auditorio del Centro Cultural Olimpo.
Imposible mantenerse ajeno a los sentimientos e ideas presentados en la
puesta en escena; María Magdalena habla, a través de la palabra, el
cuerpo, la música y la danza, de preocupaciones universales de la
mujer, y también del hombre. Ella no espera ser redimida, basta con que
se le tenga comprensión. Su vida está llena de eventos clave, de
decisiones sin vuelta atrás.
Escrita y dirigida por Salvador Lemis, María Magdalena se basa en el cuento Magdalena o la perdición,
de Marguerite Yourcenar. La narración original es un monólogo que
descifra la historia, las tristezas y las razones de uno de los
personajes bíblicos más conocidos y cuestionados. La obra reproduce
literalmente gran parte del cuento llevando la intensidad del texto a
su punto máximo quizá con el propósito de sacudir al espectador.
Me
pregunto si el público llega a sentir cierta saturación mental, quizá,
y por esta razón el drama intercala momentos un poco más ligeros con
reflexiones sobre los mismos temas (sexualidad, amor, costumbres,
soledad) pero salpicadas de referencias políticas y sociales a la
actualidad de nuestro estado.
Magdalena (Ligia Barahona) sostiene gran parte del discurso teatral, pero la presencia de su hermana Marta (Ligia Aguilar) y de su prometido Juan (Eduardo Góngora, quien también hace el papel de Cristo) son el equilibrio perfecto en la representación. Ambos actores logran subyugar al espectador. El monólogo de Juan nos da una perspectiva masculina al problema del amor y el matrimonio, muy necesaria dado el tono femenino del resto de la obra.
María de Magdala quiere amor, quiere que la quieran. “¿Qué quieren los hombres de las mujeres?” se pregunta, inocente y pícara. Se sabe bella. Pero su prometido no la desea; él antepone su amor a Dios al amor por una mujer. María, traicionada, busca lo que Juan no le da en los brazos de muchos otros hombres. En un último desafío, se propone seducir a Cristo. “Si lo haces, hablarán mal de ti por los siglos de los siglos”, es la advertencia de su hermana.
En esta obra, la utilería juega un papel muy importante; marca los cambios de ambiente y de personajes. Todo se mueve con precisión. Queda claro el intenso trabajo previo y el rigor con que se preparó la producción. No es teatro tradicional. Según el programa, nos encontramos ante “las formas más actuales del teatro de la posmodernidad”, pero los temas y los sentimientos son universales y cercanos, con lo cual se logra una verdadera identificación con la audiencia.
El diseño y la realización de la utiliería están a cargo de Paty Ostos, y en la producción comparten créditos el Semanario Informativo Voz de Cozumel, el Centro de Investigaciones Escénicas de Yucatán y la Escuela Superior de Artes de Yucatán.
En el estreno, el auditorio Silvio Zavala del Olimpo tuvo una ocupación regular, tal vez por la pertinaz lluvia. Los espectadores eran en su mayoría gente del teatro local. Seguramente en las próximas funciones habrá más gente, y la invitación está abierta para este sábado 12, en el mismo recinto, a las 20:00 horas. Es apta para adolescentes y adultos.
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