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La escena, equilibrio entre pasión e inteligencia
Conferencia magistral de José Ramón Enríquez
Henry Roger Pech Sansores / Fotos: Mario Macías
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Mérida, 5 de agosto. Ante los asistentes al Primer Diplomado Nacional de Creación de Espectáculos para Niños  -más aquellos que no toman el curso pero que se enteraron de la plática-, el dramaturgo y director teatral José Ramón Enríquez dictó una conferencia magistral en la Cineteca Nacional “Manuel Barbachano Ponce” del Teatro Mérida el jueves en la tarde.

José Ramón Enríquez, quien recientemente presentó en breve temporada La Gaviota de Chéjov en Escena 40°, compartió sus casi 40 años de experiencia en el medio teatral con los 25 asistentes al diplomado, evento realizado conjuntamente por el Instituto de Cultura de Yucatán (ICY), la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY), el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).

Dejando claro que no pretendía nada más que hablar como un maestro “formado en la experiencia del trabajo diario, tal como los albañiles y los toreros”, el también profesor de la ESAY dijo que algo sumamente importante en el teatro es reflexionar sobre el hecho escénico partiendo de la poética, equiparable a la poiesis de Aristóteles.

“Se entiende mal la palabra poética, advirtió. Se cree que designa un género literario, pero no es así. Proviene de la palabra poiesis, entendida malamente como crear algo donde nada había, lo cual en sí, no es arte. En realidad, el sentido original de esa palabra va más allá; se trata de crear de lo que no hay pero a la vez está ahí: sentimientos, represiones, vivencias. Es tomar todo eso y hacer algo nuevo, crear en el sentido más literal de la palabra”.

A esto, explicó, le continúa una profunda reflexión para pasar de la poética a la retórica o a las distintas poéticas, en las que el creador debe saberse dueño de algo privado y personal.

Pródigo en reflexiones, el dramaturgo comentó también que esa es una experiencia única, que va acompañada de mimesis, otro concepto erróneamente empleado, pues se le toma como una simple imitación, cuando en el sentido griego es una imitación causada por la posesión de un actor por parte de una fuerza casi sobrenatural lo que le confiere la capacidad de poder actuar un personaje que se crea prácticamente por sí solo.

Todo ello, finalmente, da como resultado una catarsis, pero tomada desde un punto de vista diferente al de simplemente sacar algo, es más bien un parto de algo nuevo, algo creado por el artista, por el actor.

Entonces, la lógica que propuso parte de la poiesis, que es crear algo nuevo de lo que en apariencia es nada, acompañando este ejercicio de la mimesis, o posesión del actor de esa fuerza casi sobrenatural que al final hará que el actor entregue algo que tenía dentro de sí mismo, en una catarsis.

Aclaró que todo esto, sin embargo, no es práctico sin una técnica. No se puede crear sin tener un método frío y analítico que ponga inteligencia a la pasión del actor y, puntualizó, no hay que confundir esto con una herramienta única y rígida como se tomaron durante mucho tiempo los escritos de Aristóteles, pues la experiencia de cada actor es personal.

Por último, mencionó que las drogas y el alcohol no son una técnica de creación. Es falso que alguien pueda crear algo en semejante estado. Se necesita tener el corazón ardiendo y la cabeza fría. Las musas inspiradoras y la ebriedad dionisiaca (entendiéndola como un éxtasis de inspiración) no son suficientes, hace falta la rigurosidad apolínea que dé cauce y sentido a todo eso”, concluyó.