
Mérida, 29 de mayo de 2007. Con motivo de la visita de Ignacio Escárcega, coordinador nacional de teatro del INBA a Mérida, se brindó una función especial de “La historia de la oca”, de Michel Marc Bouchard en el Centro Cultural Carlos Acereto el pasado martes 8.
La historia comienza cuando un adulto sale de un costado del teatro y sube al escenario a relatarnos la vida de Mauricio, un niño que vive en una granja y que gusta de subir al techo de dos aguas del granero a invocar a Bulamutumumo, dios de la selva y de la fuerzas de la naturaleza, quien matara a los padres del Rey de los Monos (Edgar Rice Burroughs).
A Mauricio le gustan las tiras cómicas de Tarzán, y tiene por mascota a una oca de nombre Tika, su compañera de juegos y confidente de sueños y pesadillas. Él se encarga de los cuidados del ave y constantemente le lee fragmentos de la revista de historietas que tiene a la mano.
El niño se nota siempre preocupado por cumplir con sus deberes en la granja y no siempre está dispuesto a jugar con Tika, a riesgo de que sus padres lo regañen. Un día la oca advierte que Mauricio tiene un cabestrillo en el brazo, y al preguntarle el motivo, el niño le responde a su mascota que se debe a que se le durmió. No obstante, notamos que algo sucede, ya que su excusa no suena convincente, inclusive para el ave.
Un día los padres de Mauricio salen de la granja y él aprovecha para jugar con Tika, sólo que terminan enlodados, así que decide seguir sus juegos dentro de la casa en un mundo de fantasía que sólo existe para el niño y la oca. Mauricio desea un traje de Tarzán y lo emula con una toalla al bañarse con Tika para estar aseados antes de que sus padres regresen.
Inesperadamente, Tika empieza a actuar erráticamente y decide emprender el vuelo dentro de la casa, causando destrozos por doquier. Mauricio logra atraparla entre sus brazos y al mirar el desastre causado por ella, y ante el temor de la reprimenda de sus padres, termina de una manera intempestiva y violenta con la existencia de Tika.
Al final, un Mauricio adulto reflexiona sobre lo sucedido, ya que a lo largo de los años Tika permanece en su recuerdo y en su corazón. Las luces se van atenuando, y justo cuando creemos que todo ha terminado, es cuando la imaginación y el mundo fantástico de Mauricio apenas empieza…
“La historia de la oca” es susceptible de varias lecturas; las más obvias, entre la percepción de los niños y la de los adultos, y como esta es una puesta en escena presentada con motivo del XII Ciclo del Programa Nacional de Teatro Escolar, la obra tiene la misión no sólo de entretener a los pequeños, sino de mostrarles a través de algunas escenas un tanto discretas, el peligro de la violencia intrafamiliar.
Esto es todavía más evidente para los adultos, pues al final muchos se encontraban notablemente impresionados y conmovidos. Hubo una sesión de preguntas y respuestas entre los actores y el público, en especial, los niños; muchas de sus preguntas estaban orientadas hacia aspectos visuales de la obra, ya que al parecer no habían notado con claridad el mensaje, hasta que uno de ellos le preguntó a Ulises Vargas (Mauricio), por qué el niño tenía lastimado el brazo y la espalda.
Fue un momento difícil, ya que se notó que los actores se esforzaban por dar una explicación lo más sutil posible, ya que la violencia entre padres e hijos, es un tema sumamente escabroso para tratar con niños y, sin embargo, es una realidad en el mundo, en este caso, en el contexto mexicano.
La obra fue dirigida satisfactoriamente por Óscar López, e igualmente buenas fueron las actuaciones tanto de Ulises Vargas como el inocente Mauricio, o como Juan de Dios Rath, quien hizo gala de su dominio histriónico al ser narrador y transfigurar su brazo en una oca blanca sabiendo hacer a un lado su propio físico para darle vida a Tika. En este actor fue admirable que haya logrado hacerse virtualmente invisible para el público (a pesar de estar frente a ellos sin ocultarse), consiguiendo que se olvidara por un momento que una persona manejaba y personificaba a la oca.
Gabriel Moreno se encargó de acompañar con música en vivo la obra con instrumentos de cuerdas, viento y percusiones. La iluminación y la escenografía móvil y giratoria estuvieron a cargo de Luis Manuel Aguilar “Mosco”, quien con éxito logró crear un ambiente casi mágico y rico en imágenes metafóricas.
“La historia de la oca” hará una temporada en funciones matutinas. Para más información sobre las funciones consultar la cartelera del Instituto de Cultura de Yucatán y del Centro Cultural Carlos Acereto.
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