
Mérida, Yucatán, 22 de diciembre de 2008.- El pasado 14 de diciembre La hora feliz / Sinfonía para solista cerró la Muestra de Monólogos y Unipersonales 2008 organizada por la Dirección de Teatro del Instituto de Cultura de Yucatán, en el Teatro del Seguro Social. La pieza en cuestión parte de 4.48 Psicosis, la última entrega de la dramaturga inglesa Sarah Kane. María José Pasos trabajó con Ulises Vargas y Sandra Lara para construir un texto con sus propias premisas narrativas en base a improvisaciones. Pasos estudia Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma de Yucatán y actualmente se encuentra elaborando su tesis de titulación en la Universidad de Chile sobre el poeta Raúl Zurita.
La hora feliz contiene elementos que la hacen una puesta en escena de calidad. Notamos que el espacio escénico se aprovechó al máximo, y que el montaje minimalista, con iluminación y música favorables para instaurar el clima de locura (se incluyen temas de Joy Division y Radiohead), afinó el trabajo actoral de Vargas y la dirección escénica de Lara.
4.48 Psicosis está escrita como un monólogo esquizoide sin acotaciones. Paranoid Android, de Radiohead, es lo que más se le parece. La inestabilidad mental, el desconsuelo y la demanda de comprensión están atados a una estructura desorganizada, con retazos de frases nihilistas y diálogos sin aparente lógica: “Y todos estaban ahí / Cada uno de ellos / Y sabían mi nombre / Mientras me arrastraba como escarabajo a lo largo del respaldo de sus sillas”. El mejor aliado de Kane para expulsar sus frustraciones era la escritura fragmentada, a punto del suicidio –que más tarde cometió, en Londres, el 20 de febrero de 1999.
María José Pasos rehuyó la mimesis con la autora inglesa con un monólogo para tres personajes interpretados por Vargas: la propia Kane dentro de un hospital, un actor enfrentándose al público y un chico que mira la televisión. Esta obra interroga al espectador, no pacta con el buen gusto y aunque uno quiera verla sin ánimo de salir herido, es inevitable que afloren sentimientos de piedad, conmoción y tristeza profunda durante la hora en que transcurren los hechos. De pasada, escucharemos un par de canciones propicias (Talk show host, 2+2=5) y veremos un anuncio televisivo de varios años atrás de una conocida marca de refresco en polvo: el Tang.
“Este proyecto –explica Ulises Vargas– es el primer trabajo profesional en donde traté de romper con el personaje infantil que había hecho antes en La historia de la oca, Tres tazas de trigo, El patio del monipodio, Galápago y El bestiario de Zack Piernaslargas. El personaje de Sarah Kane está basado en películas como Ganas de vivir (Mike Nichols, 2001), protagonizada por Emma Thompson, en la que una mujer muy brillante y de carácter duro, especializada en literatura inglesa, se enferma de cáncer. Es una científica de la literatura. Y con el cáncer entra al verdadero mundo de la ciencia. Esta cinta refleja la dignidad del enfermo, un enfermo brillante, más listo que sus doctores, como era el caso de Sarah Kane.”
Ulises también recurrió a Las horas (Stephen Daldry, 2002), cinta basada en la vida de Virginia Woolf, y a los textos Ansia y 4.48 Psicosis de Kane, y explica que el Chico de la tv, otro de los personajes de la obra, “fue casi todo creación de María José a partir de las improvisaciones. A ella se le ocurrió lo del Tang. Lo del Tang me recuerda mucho a Radiohead, a la canción Fake plastic trees.”
“Hace un año, La hora feliz se presentó 5 veces –comenta Ulises. Dimos 4 funciones y nos hicieron cuatro notas periodísticas. En esa época yo tenía mucho miedo.” Y agrega: “No te voy a mentir. La obra la ha visto poca gente, el círculo de gente a la que le llega la información. La recepción ha sido muy buena, pero no creo que la obra funcione en un espacio más grande, ya que está diseñada para un espacio pequeño.”
Es innegable el alto nivel de La hora feliz dentro de la escena cultural en Mérida, gracias a un manejo adecuado de los tiempos, la preparación actoral exhaustiva, las virtudes literarias del texto y la disciplina en la dirección escénica de Sandra Lara. Kane no es una dramaturga fácil; sus palabras podrían volverse malentendidos en manos equivocadas. Para saber más acerca de las cuestiones técnicas y teóricas de la puesta en escena, unasletras entrevistó a cada uno de los involucrados en su realización. A continuación la primera entrevista: el actor.
I. Ulises Vargas: “El amor es la ley”
¿Cómo llegaste a La hora feliz / Sinfonía para solista?
Me parece que en el 2003 leí Devastados, y desde esa primera lectura supe que tenía que hacer algo con los textos de Sarah Kane. Después conocí 4.48 Psicosis, y me interesó todo el universo de Sarah, así que en el 2006 metí un proyecto al Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán (FOECAY), en la categoría de Desarrollo Artístico Individual de Ejecutantes, para hacer un monólogo en el que hubiera un dialogo directo con ella y con sus obras, específicamente Ansia y 4.48 Psicosis.
Sarah Kane es una dramaturga compleja, difícil de asimilar en un primer momento. ¿Qué experimentaste al leerla por primera vez?
De entrada, me gusta. Siento que cuando habla no se dirige a una “masa anónima”, sino que lo hace directamente conmigo o con quien la lea, de forma muy personal. La primera vez que leí una obra suya (Devastados) experimenté horror, pero también mucha compasión.
Locura, suicidio, inestabilidad emocional, resentimiento hacia el prójimo, vacío afectivo, misoginia... ¿qué es lo más te gusta de Kane?
Creo que todo. Sin embargo, para mí, lo más importante en las obras es la necesidad del amor (amar y ser amado). En Ansia es bastante explicita al respecto: “El amor es la ley”. Si te das cuenta, en la obra de María José la palabra suicidio no aparece. De hecho, si hay algo que le reprocho a Sarah Kane es el suicidio. Porque la gente se puede dejar llevar por el amarillismo de la noticia. Me importa la muerte, pero no la muerte en sí, sino en relación con la vida. El suicidio está directamente relacionado con la vida. De hecho, mi proyecto se llamaba “Cuando la vida nos mata”. También está el vacío, no sólo afectivo, sino algo más profundo que no podría definir.
Háblanos de tu personaje y los recursos que te sirvieron para darle vida.
Aparte de las herramientas que he adquirido en la escuela (Centro de Capacitación Teatral y Escuela Superior de Artes de Yucatán), me basé mucho en lecturas, imágenes, canciones de Radiohead, Joy Division, Björk, películas, improvisaciones hechas por varios compañeros y maestros que muy amablemente participaron en el proyecto y creo que mucho del trabajo radica en la intuición (de Sandra, María José y mía).
¿Qué te ha dejado trabajar con Sandra Lara y Maria José Pasos?
La satisfacción que brinda el haber trabajado con dos personas con las que tengo mucha afinidad (y contrastes) a la hora de trabajar, y también son dos chavas a las que admiro por razones diferentes. Además no es la primera vez que trabajo con ellas, pues María José es mi compañera de generación del Diplomado de Actuación en el Centro de Capacitación Teatral, de lo cual me siento muy orgulloso, y con Sandra había participado en trabajos de la escuela e hicimos buen equipo desde el inicio.
¿Cómo fue recibida la obra en Mérida?
La verdad es que sólo he dado 5 funciones, y por lo mismo la obra no ha sido vista por mucha gente, pero me han hecho comentarios muy favorables, han sido bastante generosos con las criticas. Entonces creo que ha sido bien recibida (Risas).
La crítica a los medios de comunicación –especialmente, la tv– es un leitmotiv fuerte de la pieza. ¿Crees que vivimos en una sociedad teledirigida, incapaz de generar opiniones propias, intelectualmente manipulada?
Sí, claro, me parece que es más evidente cada vez. La obra está contemplando la crítica a los medios de comunicación pero no era ésa la intención. Más bien, el conflicto del Chico de la tv es el de no existir.
¿Hay planes de presentar La hora feliz en otros espacios?
Para el próximo año hay algunos planes pero aún nada concreto. Así que ¿quién da mas? (Risas.)
¿Algún comentario para los lectores de unasletras?
Pues creo que sólo dar las gracias y pedir que vayan al teatro, y si ven anunciada esta obra: corran la voz.
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