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Lara: preguntas existenciales, actitudes decadentes
La hora feliz... El proceso de la puesta en escena
Christian Núñez
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Mérida, 25 de diciembre. El monólogo La hora feliz/Sinfonía para solista es parte de 4.48 Psicosis, la última entrega de la dramaturga inglesa Sarah Kane. María José Pasos, dramaturga, se alió a Ulises Vargas, actor, y Sandra Lara, directora, para construir un texto con sus propias premisas narrativas en base a improvisaciones. Lara despuntó en la Muestra de Monólogos y Unipersonales 2008 por la excelente calidad de su trabajo. Con ella es la siguiente entrevista.

Sandra, háblanos sobre las dificultades técnicas para montar La hora feliz.  

Una de las dificultades técnicas es la falta de un espacio para montar este tipo de obra, un teatro íntimo al que se le pueda adaptar la iluminación, y otra es la difusión porque la gente no asiste a los teatros que no conoce.

Qué es lo más atractivo para ti de esta obra: ¿la estética minimalista, el mensaje de Pasos, el legado de Sarah Kane?

Puedo decir que lo primero que me llenó de emoción al ser invitada para este montaje fue el legado de Kane, pero de la misma manera, ir llegando al concepto teatral y escenográfico,  ir construyendo el texto y llevarlo hacia una dramaturgia muy sólida, me hicieron sentir muy satisfecha. Y, finalmente, me gusta el estilo minimalista.

Anteriormente, habías presentado El moridero como prueba final de una asignatura. Existe una constante en tus proyectos. Los personajes son marginales y solitarios, con problemas de personalidad y carencias afectivas. ¿Porqué este tipo de obras y no otras, más “correctas”?

Me gusta mucho pensar en la condición humana, cuestionarme sobre la vida y la muerte, leer sobre temas de existencialismo y creo que por eso todos los personajes que construyo en escena tienen preguntas existenciales y actitudes decadentes.

¿Sarah Kane es para ti un símbolo de rebeldía?

Más que un símbolo de rebeldía, es un personaje contemporáneo que merece ser representado por marcar una nueva generación de dramaturgia.

Desde tu punto de vista, ¿crees que la transgresión sea un elemento crucial para sacudir al público de su letargo?

Sí, como público estamos acostumbrados a la comodidad que ofrece el teatro, pero siempre es bueno sentirnos un poco incómodos al ver una obra teatral y no saber de dónde proviene tal incomodidad.

La hora feliz cuestiona la forma en que la sociedad percibe a los inadaptados, les coloca etiquetas y los obliga a suicidarse. En Mérida los mecanismos de represión están arraigados, y claro, la gente se mata. Cuál es tu opinión al respecto.

No tengo una respuesta a esta pregunta, no sé qué decir después de leer  “El crepúsculo del pensamiento” de Emil Cioran.

¿Ser freak es una antesala para la locura?

Depende qué tipo de locura, a veces ésta puede ser un punto de partida para crear.

¿Monólogos como La hora feliz  tienen futuro en Mérida?

Creo que tenemos que luchar por alcanzar objetivos porque por sí sola no funciona, no aquí en Mérida, además de que la mayor parte del público prefiere una obra convencional. Mira, desde el estreno tuvo que pasar un año para volverla a presentar...

¿Algún comentario sobre tus próximos proyectos?

Ahora estoy dedicada a la lectura, a proyectos personales –tesis, medios de comunicación– y posiblemente me mueva a otro lugar a trabajar.