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Maduración del desamor y el ciruelo
El teatro, espacio para enjuiciar al tiempo
Texto y fotos: Henry Roger Pech Sansores
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Mérida, 13 de julio. ¿Cuál es el peor enemigo de las mujeres, quién o qué les causa esas arrugas y esas canas? Arístides Vargas responde (¿o intenta responder?) esa pregunta y otras más que asaltan las almas, los corazones y los recuerdos de las mujeres maduras en su obra De la edad de la prunus doméstica.

Bajo la dirección de Saúl Meléndez Viana, el domingo por la noche se presentó esta propuesta de tono intimista en el espacio multidisciplinario “Escena 40 grados”, con las actuaciones de Ligia Barahona, Eglé Mendiburu e Itzel Navidad.

En escena, las tres recuerdan, a través de cartas, su infancia y los años que pasaron en la casa donde se criaron, donde crecieron entre puras mujeres: “todas tristes; tal vez todas ridículas, o tristes, ridículas y solas”.

Poco a poco, las tres desgranan sus miedos, pesares, sueños y esperanzas, así como los de su abuela, su madre y sus tías, todas mujeres solas que compartieron todo, hasta los pocos hombres que tuvieron algunas. Recuerdos y actualidad se funden: sueños, yugos que logran materializar en una propuesta teatral de cámara.

Con vino de ciruelas, mujeres terrenales y celestiales enjuician al tiempo. Las tres hermanas repasan los capítulos más importantes de su vida y la de sus parientas hasta llegar a determinar -en el juicio- que el tiempo ha sido el culpable de todo: la infelicidad, los surcos de sus rostros, la decoloración de sus cabellos, el desgano en su trabajo, su soltería, sus deseos frustrados, la prisa por todo y para todo.

Tanto daño les había hecho el tiempo que querían matarlo, y aunque le perdonan la vida, lo sentencian a detenerse. Entonces, las que dormían se quedaron así, dormidas;  las muertas regresan y las vivas se van a buscar a ese único hombre que las amó a los 12 años y que les pidió fueran su prometida; otras sólo se van a sus lugares de origen, aún con un vaso en la mano, el que lavaban cuando se detuvo el tiempo.

Pero el tiempo es el tiempo, y continuó su marcha. Las mujeres de esa familia fueron muriéndose hasta que sólo quedaron esas tres hermanas, quienes reviven sus memorias trayéndolas al presente para no dejarlas morir nunca.

Las actuaciones de Barahona, Mendiburu y Navidad están llenas de fuerza y realismo, bien trazadas y ejecutadas, con ejercicios que demandaron desde el cambio de tonos en el hablar hasta “malabarismos” con mesas y sillas y juegos de lectura.

La dirección de Meléndez Viana es de calidad; equilibró la conjugación de los efectos de luz, la música, el maquillaje y la utilería s para dar el toque íntimo que el original texto, lleno de metáforas, exigía.

Posteriormente a las dos presentaciones del domingo, se realizó un pequeño coctel para celebrar el estreno de la obra, la cual estará en cartelera los siguientes domingos de julio y todos los sábados y domingos de agosto. Luego, en la primera semana de noviembre viajarán a Sinaloa al Festival de las Artes de ese estado.