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Madurez, virtud del público
Entrevista a Paco Marín
Ricardo E. Tatto
http://www.unasletras.com/v2/../data/244.paco .jpg

Mérida, 19 de marzo. Martirologio, dirección y dramaturgia de Paco Marín sobre “Calderón” de Pier Paolo Pasolini, concluyó este sábado una corta temporada en el Teatro José Peón Contreras, y si bien no se ha anunciado su reposición, cabe suponer que estará de nuevo en cartelera, pues Paco Marín, precisamente, está alentando a que las producciones locales perduren más tiempo al alcance del público. Esta idea se desprende de la entrevista concedida a unasletras.

–¿Cómo fue recibida Martirologio?

–Es difícil hacer ese tipo de valoración, sobre todo cuando se trata de una obra con una corta temporada, de seis presentaciones. Lo que te puedo decir es que la afluencia ha sido mínima y que ha causado controversia, eso es lo importante, que la discutan. Para eso sirve el arte, para que constantemente se revisen esas situaciones, esos tabúes y propuestas. Para despertar la inquietud entre la gente joven, la obra debe perturbar y tocar la conciencia.

–¿Cuáles fueron los principales aciertos y desaciertos de la obra al momento de presentarla?

– No hubiera hecho esta obra si no hubiese contado con Elena Larrea para el personaje principal, pues ella tiene mucha experiencia en las tablas y una sensibilidad especial para este tipo de obra, y realmente me gustó como quedó conformado el reparto, ya que de entrada te crees que están en personaje y hay armonía en escena, lo cual le agradezco a ese grupo disímbolo que abrazó la causa y profesó amor hacia su trabajo. Sin embargo, hubo errores debido a que la obra está llena de recursos técnicos complicados, incluyendo querer involucrar al público.

–¿Cuáles fueron las principales dificultades en el desarrollo de esta obra?

–Pues a lo largo de los 7 meses de producción, el momento de recibir la obra original: una traducción literal del italiano al español en la cual se perdía el verso; por otro lado, que durara cerca de 4 horas y tener que adaptarla a alrededor de una hora.

En la dramaturgia no altero ninguna situación, sino que utilizo el personaje de Pablito para hacer un paralelo entre la vida y la muerte del autor. También le añado parte de la poesía de Pasolini y escenas sin texto, pero conservando la esencia de la obra.

–En síntesis, ¿qué es lo que más te sorprende de la vida y obra de Pier Paolo Pasolini?

–Fue un hombre que murió por sus ideas. Fue un provocador, un crítico con una objetividad y una conciencia muy claras. Siendo de izquierda, señalaba los errores y las corrupciones de este movimiento, anquilosado y paralizado como partido. Fue expulsado del Partido Comunista por homosexual, pues en ese tiempo los comunistas eran conservadores, aunque parezca una paradoja.

Pasolini tenía una posición feroz en contra de la burguesía, la derecha y el fascismo.  Era muy audaz no sólo con su teatro, novelas, y poesía, sino que también denunció con sus artículos periodísticos las alianzas entre el Vaticano, el Partido Demócrata Cristiano y la mafia, lo que le costó la vida, ya que lo asesinan a garrotazos tres sicarios pagados por el fascismo y la mafia italiana.

–¿Cuál es la importancia del pensamiento de Pasolini en el contexto contemporáneo?

–Fue un poeta multifacético y por esta razón, en el 2005 –al conmemorarse el 30 aniversario de su muerte–, su nombre saltó de nuevo al escenario mundial. Es tristemente profético y es muy importante que las nuevas generaciones lo conozcan porque no se hizo cómplice de nada y siempre mantuvo un pensamiento crítico.

–¿Qué opinas de la escena teatral en Yucatán?

–Desde los años 50 ha habido continuidad en el trabajo escénico, aunque con ciertos altibajos. En algún tiempo hubo hasta 20 grupos teatrales en activo, de momento hay alrededor de 8. Vivimos una etapa diferente en la cual colaboramos con gente de otros lugares, ahí radica la importancia de personas como José Ramón Enríquez, y la llegada de Salvador Lemis y Nelson Cepeda.

Quizás no hay tanta difusión y apoyos como en el norte del país, donde el teatro está en auge, pero seguimos luchando, y creo que es muy valioso que exista una escuela de teatro establecida como la del ESAY.

–Para los realizadores yucatecos, ¿qué seria necesario para ampliar la oferta teatral?

–Pues es difícil, ya que no existen políticas de apoyo al teatro; hacen falta espacios de pequeño formato pero con temporadas largas para tener acceso al gran público. Por un tiempo lo logramos en “El Tinglado” donde llegamos a tener más de 100 representaciones; en definitiva hace falta más apoyo.

Mérida tiene fama de ser una ciudad conservadora, mocha, etc. Yo estoy en contra de ese concepto, ya que aquí he realizado montajes muy arriesgados porque pienso que se le deber reconocer al público su cualidad de mayoría de edad, y en cambio siempre existe la autocensura entre los creadores, además de una especie de temor de que la gente se asuste y se vaya. Esto no es así. La gente agradece las propuestas que le permitan sentirse adulta. El público yucateco es inteligente y receptivo..

–¿Hasta qué punto se involucró el ICY para llevar a cabo la puesta en escena?

–Los apoyos fueron mínimos. Siento que faltó difusión, y en cierta forma esto refleja una censura disfrazada. Además, sigo lamentando no haber estrenado la obra el año pasado, tal como estaba previsto.