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Mérida a pie
La ciudad libre
Marco Aurelio Díaz Güemez
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Las ciudades occidentales del siglo 20 se han construido y adecuado para la circulación de automóviles; y las carreteras, que unen a las ciudades se han hecho para que esos mismos vehículos transiten. Jamás he oído que se construya una carretera para que alguien vaya a pie a otra ciudad, es decir, que se construyan caminos peatonales. He oído de motopistas, de ciclopistas, y hasta de caminos especiales para el transporte público, pero rara vez de caminos peatonales.

Se sobreentiende que las escarpas (aceras) son para que los peatones transiten, pero veo con cierta tristeza que mientras más nueva es una urbanización en una ciudad menos escarpas tiene. Y de eso es de lo que quiero hablar, específicamente del caso de Mérida. Pero antes que nada, deseo dejar en claro que me opongo al cierre permanente de calles para transformarlas en exclusivas para peatones, pues este planteamiento es igual de retrógrado que hacer vías sólo para automóviles.

Yo vivo en el centro (en sus bordes con una antigua colonia), y eso significa mucho para mí que no sé manejar auto y a veces me produce horror usar el transporte público, ya que prefiero caminar y, por fortuna, el centro es un buen lugar para moverse caminando, para andar a pie. Y lo es porque su tipo de arquitectura no está “remetida” (sin jardín al frente), lo cual hace que la escala sea muy amigable, además de proporcionar sombra en los tiempos de calor.

Así, desde la calle 37 esquina con 64, puedo caminar sin contratiempo alguno hasta la calle 61, donde está la plaza grande de la ciudad. Y de ahí, puedo caminar sin problema hasta el Circuito Colonias Sur, donde se me presenta una avenida traficada la cual no representa gran inconveniente cruzar. Y luego, podría llegar hasta la parte sur del Periférico, donde me toparía entonces con un enorme obstáculo para mi actividad de caminante, ya que aun no tiene un puente peatonal.

Del mismo modo, hacia el oriente de la ciudad, podría extender mi actividad de peatón, encontrándome con los mismos obstáculos difíciles de cruzar, el Circuito Colonias y el Periférico, donde cada cruce tiene puentes y tréboles para los automóviles, pero nada para los caminantes. Sin embargo, si quisiera, podría ir caminando hasta la conurbada Kanasín,  una ciudad con historia que le daría abrigo perfecto a mi actividad de peatón.

Pero es al poniente de la ciudad donde mi andar se comienza a poner complicado; caminar, a partir del Circuito Colonias por la avenida Canek es algo peligroso y no me refiero al hecho de la seguridad, sino al inmenso riesgo de ser atropellado, puesto que en el camino nos vamos topando con peligroso cruces que llevan directamente a los automovilistas a una zona de mallas y centros comerciales.

De hecho, antes de llegar al Periférico, hay un inmenso hipermercado de la cadena Soriana, convenientemente diseñado para un auto pero no para mí que estoy caminando. Si me atreviera a ir a ese lugar caminando a hacer mis compras, si viviera en el fraccionamiento de enfrente sería un horror, pues he de cruzar primero la avenida y luego el estacionamiento del super; no quiero imaginarme cuando saliera con las bolsas de mi compra.

Ahora bien, si quisiera caminar hasta el norte de la ciudad, donde se supone que viven los ricos, la tendría más que difícil, muy difícil. Vayamos por el Paseo de Montejo, que inicia en el Centro, en el barrio de Santa Ana: la avenida es bonita y tiene amplios camellones para andar a pie, pero al llegar al cruce con la avenida Colón, empieza el problema, pues cruzar ese tramo es difícil y no apto para septuagenarios (de hecho, ahí fue embestido el padre de una conocida política local). Más adelante, cuando se transforma en Prolongación Montejo y cuando se ha cruzado y bordeado la no menos difícil área del Monumento a la Patria, la cosa se complica.

Y no es para menos, las calles se ponen más anchas, y el tráfico interminable, por lo que cada esquina va presentando distintos grados de dificultad para cruzar. Desde este momento, el estrés mental es grande, y lo único que pasa por mi cabeza es tomar un camión urbano para no perder mi tiempo en esperar que los coches me dejen cruzar. Finalmente, si mi deseo es llegar hasta el centro comercial de la Gran Plaza, debo acostumbrarme a que cruzar cada esquina me llevará unos 5 minutos, además de que las aceras se irán reduciendo.

Prefiero no contar el caso de la calle 60 norte y otras avenidas similares. Lo que pretendí dejar en claro es que como ciudadano de esta ciudad (la redundancia es necesaria) puedo, si así quiero, irme caminando hasta la Gran Plaza o Kanasín, siempre y cuando haya condiciones para que lo pueda realizar con toda tranquilidad y seguridad. Sin embargo, siendo la realidad muy distinta a este deseo, lo único que puedo exigir o decir es que la gente que camina también paga impuestos y no debería ser desdeñada de los planes urbanos, porque hoy los peatones no tienen la total libertad para caminar por la ciudad.

Mérida, México, noviembre de 2005
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