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Mérida a sus 466 años
Las crónicas de Roldán Peniche Barrera la abordan completa
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/555.abar.JPG
Mérida, 9 de enero de 2008. Para el escritor Roldán Peniche Barrera, la Catedral de Mérida es el “testigo más antiguo de la historia de la ciudad”, y él mismo, plantado frente a la iglesia ha presenciado ahí cantidad de sucesos que le mueven a contarlos. Otros los ha leído, y él se encarga de difundirlos con tal de revivir la memoria de la ciudad. En general, sus caminatas en el Centro Histórico le predisponen a escribir, casi siempre con nostalgia, sobre las familias de cada una de las casas de los barrios; “todos nos conocíamos”, dice, y asimismo, en su afán de cronista minucioso, registra detalles arquitectónicos, manías de los “tipos curiosos” de la ciudad y conversaciones de hace años, todo lo cual ha tenido el cuidado de publicar en libros, revistas y periódicos.

Como narrador, Roldán Peniche gana la atención de quien lo lee y escucha fácilmente por el profundo conocimiento que tiene del Centro, pero también por su estilo simpático y el gusto por contarnos la anécdota desmenuzada hasta agotarla.

Recién nombrado presidente del Consejo de Literatura del Instituto de Cultura de Yucatán, Roldán recobra presencia en el medio, e inicia este nuevo periodo de su vida con un nuevo libro bajo el brazo: Memoria de los cafés de Mérida (y otras crónicas) publicado por el Fondo Editorial del Ayuntamiento, del que ayer obtuvimos un ejemplar gratuitamente todos los asistentes al evento de presentación en el marco del Festival de la Ciudad.

Desde luego, estando la ciudad de aniversario, es natural la predisposición a pensar en ella más que nunca y, en ese sentido, el libro de Roldán Peniche podría leerse cómodamente en la hamaca, tan celebrada por el autor como por otros tantos escritores que él cita para engrandecerla ¡todavía más!: “No sabemos, a estas alturas, si la hamaca nos pertenece o nosotros pertenecemos a la hamaca. Lo que sí sabemos es que no podríamos pasárnosla sin ella, y nuestro sueño, nuestro sueño nocturno no sería el mismo sin la poética red que, suave y amorosa, nos acoge noche a noche”.

Ese amor por un objeto de uso cotidiano se refleja, igualmente, en el texto que Roldán Peniche leyó en la presentación de su libro, el cual reproducimos íntegro para que Mérida, como centro de atención, siga celebrando sus 466 años contenta.
 
Los leones: viejos centinelas de la ciudad

Quien deambula por el Centro Histórico de Mérida y anda con el ojo avispado, podrá percatarse de la existencia de representaciones leoninas en un número de antiguos edificios y residencias. Ahora bien, ¿por qué esa inclinación de nuestros abuelos por pertpetuar la imagen del león, desdeñando al jaguar, que está más cerca de nosotros, o al puma, león americano? Nosotros creemos que tan propensión les viene derecho de la Madre Patria, donde los escudos reflejan el gusto hispano por el emblema natural de la vecina África (“Nodriza de leones” la llamará Horacio), símbolo de la fuerza y la soberanía.

Todo comienza con el león rampante que preside el escudo de nuestra ciudad. Sin embargo, de la Colonia poseemos pocas noticias de la imaginería urbana. Ya en el siglo XIX (y en el XX) majestuosos leones de piedra o de mármol enaltecen residencias y edificios públicos de la ciudad. No todas las efigies han perdurado, por cierto, e ignoramos cuántas desaparecieron en el rodar de los siglos. Aquelllos leones que consiguieron al tercer milenio sufren de los achaques propios de la vejez pero se aferran a su existencia mineral y a su simbología universal.

Observándolos, podemos afirmar que los dos de piedra que guardan la entrada del edificio de la “Ibérica”, devienen los más saludables de todos: recién pintados están prontos a saltar sobre nosotros. En cambio los de mármol que nos decepcionan en la escalinata del “Hotel Sevilla” parece que vagaran por la selva; de hermosa apariencia clásica, se encuentran en bastante buen estado, si bien a uno le falta la cola. ¿Y qué diremos del que alienta en el parque zoológico “Centenario”? ¿Quién, que fue niño, no disfrutó ahorcajándose en los lomos de este viejo león que nos observa desde la dura carga de sus altos años? A su provecta edad, se conserva de muy buen ver. En “Valparaíso” (una residencia lejana al Centro Histórico) yace un león de piedra que guarda cierto parecido con los de la “Ibérica”. Desconocemos su edad pero ha logrado sobrevivir. Mas hay otro por ahí que es una pena. Ubicado en la azotea de una vieja casa porfiriana, su cara no luce nada bien; además ha sido mutilado de la pata delantera derecha. Por la estrechez de la calle se hace difícil percatarse de su presencia, pero está allí, a modo de custodio de la vieja casa porfiriana. Cerca de la Plaza de Toros Mérida, en una residencia particular, había hasta hace no mucho, un león, suerte de guardián echado a las puertas de la casa. ¿Qué habrá sido de él? La fauna leonina de Mérida se manifiesta también en aldabones de inmensas puertas y en estucos que exornan bóvedas y muros de la ciudad. Mas nuestra manía por la figura del león no acaba aquí: hay asimismo una antigua cerveza negra “León”, un equipo de béisbol de la Liga Mexicana llamado “Leones de Yucatán”, y aún una cantina de cierto barrio se alza con ese nombre.