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Minimalismo asiático en la clausura del Oc-Ohtic
Deseo, obra notable en el programa del festival
Christian Núñez (Fotos: ICY)
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Mérida, 11 de diciembre de 2007. El domingo pasado, la obra Deseo de la compañía Nemian Danza Contemporánea (D.F.), bajo la dirección de Isabel Beteta, cerró el Festival Oc-Ohtic de este año.

En su despedida, Graciella Torres, directora general del evento, extendió su agradecimiento a todas las personas que hicieron posible esta XII edición del festival, incluyendo a Tomás Cortés Canto, quien lo declaró formalmente clausurado.

La compañía Nemian -del náhuatl duración de la vida- presentó un espectáculo minimalista basado en las culturas japonesa y china. Los ejecutantes, cuyas rutinas fueron inspiradas por el lenguaje del tai-chi en la especialidad del abanico, trazaron una alegoría del enamoramiento y la pasión.

Los cuatro elementos clave  en Deseo son el vestuario, diseñado por Isabel Beteta y realizado por Víctor Argote; la iluminación de Liliana Rivapalacio, la fotografía de Oscar Lara y la música en percusiones de Yannis Xenakis y Laurent Sejourné, entre otros compositores.

La obra inició con la presencia de tres guerreros practicando artes marciales. Su vestimenta cubría la parte inferior del cuerpo solamente. La iluminación, de un azul resplandeciente y los movimientos corporales se acoplaban a una música alusiva a la formación del mundo. Las manos de los hombres sostenían objetos que podrían pasar por dagas, cuchillos o espadas pequeñas.

Mientras los guerreros practicaban, una luz naranja se encendió hacia la izquierda iluminando la espalda de una mujer de cintura esbelta cintura, quien, incorporándose con lentitud, avanzó lentamente hacia los tres personajes. Su vestido de princesa antigua, en color amarillo y con cola de más de tres metros de largo, entabló complicidad con el espectador inmediatamente.

Poco después, los tres guerreros abren y cierran aquello que tomábamos por armas de combate; en realidad se trata de abanicos. La mujer se deja cortejar por uno de los varones. Sin embargo, sus camaradas impiden a toda costa un encuentro amoroso entre ambos.

A la secuencia de la tentación le sigue la del rito de una mariposa. Los hombres salen de la escena y un par de abanicos que fungen como alas convierten a la mujer en insecto. La cola del vestido extendida, los aleteos y la cadencia de las percusiones logran una imagen fuerte.
 
Cuando los bailarines vuelven al ataque, la música se torna dramática. El enamorado busca el cuerpo deseado, se entrelaza con él, pero la mujer termina abandonándolo. Su salida del escenario coincide con el derrumbamiento físico del varón; éste acaba en el piso. Su corte viene a levantarlo y todos realizan acrobacias con los abanicos; giran en el aire.

Interludio brevísimo: a la izquierda del escenario vemos a la mujer iluminada por una luz tenue. El instante dura un parpadeo. La iluminación cesa.

Posteriormente, la mujer del interludio llega por el extremo derecho y se dirige al guerrero que maniobra en la parte central. Arrastra su vestido. Después de haberlo extendido hasta la mitad del piso, se cruza con el bailarín y sujeta con la cola uno de sus pies. Lo aprisiona, empiezan a moverse juntos. Él abre un abanico. Ambos forcejean hasta que  él decide cerrarlo, pero la mujer se lo arrebata. Entonces él le jala la cola del vestido y la tira. Ella suelta el abanico. El guerrero extiende la cola y da vueltas hasta enredarse con su amada. Pelean más aún, todo estilizadamente.

Con el cambio de melodía, la mujer se queda sola de nuevo agitando de un lado a otro los faldones de su vestimenta. Gira sobre su propio eje; las percusiones son hipnóticas. La tensión y el estremecimiento convierten en un símbolo oscuro la escena representada.

Nuevas secuencias: la primera, con los tres guerreros abriendo y cerrando los abanicos consecutivamente. La segunda, con un trío de mujeres-serpiente moviéndose por todo el escenario, agitando los abanicos y enredándose con sus colas al ritmo de tambores y gritos infantiles incorporados a la música. Más tarde harán una fila y moverán seis abanicos como si estuvieran volando a ras del suelo.

La tercera secuencia introduce al trío masculino, en calzoncillos, y a las doncellas, sin las colas moviéndose incesantemente. Se acerca el fin de la obra. Las tres parejas, juntas, festejan la consagración de la primavera.  

Apostando por la austeridad escenográfica y una impecable coreografía, Deseo tuvo la última palabra en la clausura del Oc-Ohtic. Los bailarines de la compañía Nemian, Isabel Beteta (su directora), Mónica Alducín, María de Jesús Bautista, Javier Amado, Arturo Bello y Eustorgio Guzmán, notables en su entrenamiento corporal, dieron al público el ansiado nivel que tanto se esperaba. La obra, despojada de ornamentos inútiles, ganó en estética lo que sacrificó en utilería: imágenes prodigiosas de rotunda belleza.