Sederraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las plegarias noatendidas
Mérida, 13 de noviembre de 2007. En elescenario predomina el negro. Cajas de distintos tamaños. La más grande dice enletras rojas A sangre fría. Algunos sombreros, botellas de alcohol, un teléfono.Suena. Entra entonces a escena Truman Capote (Manuel Castillo). Espera algunossegundos antes de contestar y después saluda con aquella legendaria voz aguda quese hará presente toda la obra. Habla frívolamente. Concede una entrevista conla condición de que le manden la transcripción antes de publicarla. Vestido conuna gabardina sobre un short blanco, se pasea por su casa, casi vacía. Suúltimo amante se ha llevó todo… Lo único que le queda son los capítulos de Plegarias atendidas, libro en el que retrata a lasociedad norteamericana, como Proustretrató a la francesa. Capote contó los secretos de sus amigos aristócratas ypublicó adelantos de la novela en una revista. Por eso ahora está solo, y lanovela está muy lejos de ser teminada.
Dividido entre el ánimointrospectivo y la frivolidad, Truman hace frente a su vida. Repite los afanesde su madre por riqueza y sofisticación, esa infancia que a veces retrata comofeliz y a veces como llena de vacíos. Perdió la virginidad a los 8 años con unhombre del campo. A esa edad también comenzó a escribir relatos, mismos que su queridanana guardaba celosamente.
Hace un repaso de sus amantes, de su obra. Lo atormenta A sangre fría, sunovela más exitosa económicamente, razón por la cual no recibió ningún premio.Lo atormentan las imágenes de la muerte de los protagonistas. Se divide entrela culpabilidad y la certeza de la genialidad de la obra.
Abiertamente gay, Truman Capoteescandalizó a su madre y, después, al mundo. Baila a veces un jazzque va y viene. La iluminación, bien manejada, ayuda a acentuar el ambiente dedesnudez de los sentimientos. Capote está solo. Solo en una casa vacía. Puedeconfrontarse con su adicción, son la pérdida de la juventud, de amigos… ¿detalento?. Cuando su editor lo llama, exigiendo adelantos de Plegariasatendidas, Truman hojea su manuscrito, pero decide mejor inventar una escenaexplícitamente sexual y escandalosa. Lo escrito no le convence.
La obra llega al fin con un Capote divididoentre acabar drásticamente con todo o salvarse.
Manuel Castillo hizo una buena interpretación. Recibe varios minutos de aplausos. Regresa alescenario, pide que enciendan la luz y, visiblemente emocionado, agradece lapresencia del público y dice que es yucateco, pero hace más de 30 años que nopisaba un escenario en su tierra.
Plegarias no atendidas de Gilda Salinas, se presentó en el marco del Otoño Cultural en el Teatro Daniel Ayala Pérez. |