 Mérida, 2 de febrero de 2009.- Sobre el daño que causa el tabaco,
pieza dramática de Antón Chéjov, se presentó el jueves pasado en
función única en el Teatro Mérida. Héctor Bonilla como Iván Ivanovich
Niujin, un anciano quejoso y misógino, demostró su experiencia
profesional en este monólogo que ha presentado desde los 19 años –“Yo
tenía que vivir de algo para lo que no me hiciera falta un contrato”,
explicó el actor al término de la función, y con esto daba cuenta de su
carácter independiente, paradójicamente opuesto al de Iván Ivanovich,
un hombre de 62 años humillado por su mujer, empequeñecido y con un
peculiar complejo de inferioridad.Los
fondos recaudados en el espectáculo son para la designación de 200
becas a jóvenes de escasos recursos en el Instituto Educativo Freire.
En rueda de prensa, Adonay Hernández Briceño, director del colegio, y
Mayra Castañeda, del departamento de vinculación y difusión cultural,
explicaron que la llegada del actor a Mérida había sido para apoyar
dicha causa. Por su parte, Héctor Bonilla charló con los reporteros
sobre los detalles históricos de la obra, el carácter poco gregario de
Chéjov y las condiciones amorosas bajo las cuales produjo el texto
dramático, “un monólogo perfecto estructuralmente” en palabras del
actor. Chéjov (1860) fue un escritor tuberculoso que murió a los 44 años. Estuvo enamorado celosamente de Olga Leonárdovna Knípper; Sobre el daño que causa el tabaco
acusa a una mujer nunca vista en escena del estado patético en el que
se halla el protagonista, quien se propone dictar una conferencia y no
puede concluirla debido a sus preocupaciones conyugales. Héctor Bonilla
comentó que esa mujer terrible es una alusión a Olga Knípper, quien se
casó con Chéjov tres años antes de su muerte. “Antón Chéjov es uno de
los más grandes dramaturgos de la historia de la humanidad. Esta obra
la escribió en las postrimerías de su vida, antes de morir por una
tuberculosis fulminante”, detalló.
Y siguió diciendo, durante la rueda de prensa: “La obra, de tono fársico, tiene un toque de sus obras maestras. Toca la farsa y luego muy sutilmente el melodrama. El espectáculo consiste en un prólogo, salgo con algunos elementos de ropa, y mi mujer me viste delante del público. Después de la obra, hay una parte en la que se le pregunta al público su opinión. A grandes rasgos es eso”.
La descripción fue precisa porque ya en el teatro, al inicio de la representación Héctor Bonilla invitó a su mujer –Sofía Alba– a pasar al proscenio. Mientras ella le aplicaba el maquillaje para hacerlo ver como un anciano, el actor se fue vistiendo y especificó la procedencia de las prendas utilizadas. “La panza de Iván Ivanovich es la primera almohada de mi hijo Fernando. Panza decadente, no como la de los norteños cheleros. Ésta es panza decadente como de gringo. Vean las condiciones del traje. Esta camisa cochina. Así lo describe al autor, que hoy cumpliría 149 años”.
Tras colocarse pegamento en el rostro y un aplique “para acentuar la decadencia de la cara y la caída de la nariz”, Héctor Bonilla, que lució su brillante calva antes de ponerse la peluca, continuó explicando las características de la obra, detalles acerca de la personalidad de Chéjov, datos históricos para contextualizar el tiempo de la obra, y cuando llegó el momento, unos veinte minutos después, salió del escenario para volver a entrar completamente convertido en Iván Ivanovich.
El monólogo duró menos de una hora. No le sobró ni le faltó tiempo; las ovaciones fueron unánimes. A continuación, vinieron una serie de preguntas al actor. Una de las más interesantes fue la que se formuló en relación a Stanislavski. Se le hizo notar que sus recursos histriónicos iban más en la línea de Grotowski que del primero. Héctor Bonilla reconoció que era verdad, y dijo no estar de acuerdo con la cuarta pared. “Para mí es importante el juego, el teatro es una emoción prefabricada, es un juego establecido entre el actor y el espectador”, sentenció.
También habló acerca de Museo vivo, un “proyecto que consiste en desarrollar los hechos históricos en los lugares donde ocurrieron. Quiero decirles que anhelo venir a hacer Carrillo Puerto”, expresó. Que Héctor Bonilla regrese a Mérida a desarrollar ese ambicioso trabajo es una excelente noticia y sus numerosos fans igualmente anhelan que así sea.
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