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Arte, antigüedades y juguetes de Manolo Rivero
A manera de homenaje presentan parte de su colección
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/511.vaca.JPG
Mérida, 15 de octubre de 2007. Ahora que Manolo Rivero no está, su galería luce casi igual que como la dejó. Quizá tenga mínimas modificaciones, pero imperceptibles. La pude ver el sábado, a la mañana siguiente de la inauguración  de la Exposición Homenaje que le brindan un grupo de artistas, entre ellos su sobrina Vanessa Rivero, integrante de FrontGround, colectivo que estableció su base en Galería Trinidad, fundada por el conocido coleccionista en las instalaciones de su Hotel, llamado, claro, Trinidad.

Aquí, en Galería Trinidad, se presenta en tres diferentes espacios el Homenaje Manolo Rivero (1941-2006), y a éstos se accede de la mano de un guía que posee las llaves de cada sala. Jacinto Chan fue, en mi caso, el custodio responsable de mostrar “los gustos” de don Manolo, su jefe por muchos años.

¿Y qué es lo que vemos aquí? Vayamos en orden: En la Galería 1 destaca un Cristo mutilado sujetado a un madero que es en sí un portón negro. Luego, avanzando un poco, vemos al centro de la segunda sala una instalación que consiste en cuatro sillas, una mesa de centro y un candil, juego de muebles anticuado que contrasta con una fuente llena de muñecas Barbie acostadas y un muñeco Ricardo en posición vertical por encima de ellas. Otras muñequitas y unos luchadores de plástico complementan la escena. Después, en la siguiente sala, lo que más llama la atención es un grabado de Tàpies precedido por otra instalación redivida de Manolo Rivero hecha con gallos de pelea y candelabros encima de una mesa antigua. Aquí, en este contexto, el contraste lo crean unas piedras que, según la hoja de sala, son cerámicas de Rosario Guillermo.

El repaso a las pinturas colgadas en la pared comprende a los autores más allegados a Manolo Rivero en los últimos tiempos: Gustavo Monroy (México), Jean Paul Souchand (Francia) e Israel León (Cuba).

A continuación vamos a la Galería 2 pasando por la cochera del Hotel donde, adosada a un tronco se ve una cruz hecha de latas aplastadas, y que llama la atención entre las hojas verdes del jardín, el piso de tierra y el pasillo contiguo, lleno de objetos de toda clase para disfrute de los huéspedes.

En la Galería 2 vemos un par de antigüedades atesoradas con especial cariño por Manolo: un ajedrez de marfil y una silla de cuero y madera. Acompañado de estos objetos, aquí aparece Pedro Rivera, un pintor muy significativo en la vida de Manolo por la profunda amistad que hubo entre ellos y el gusto particular del coleccionista por su obra. Así mismo, en esta sala destaca la pintura de Georgia Charuhas, norteamericana que vive en Mérida desde hace muchos años, de quien el galerista cuenta con una pintura excepcional, al menos, y es la que está exhibida aquí.

Otras pinturas relevantes en la Galería 2 son la de Magali Lara y Gustavo Monroy, lástima que a la de Magali le hayan puesto enfrente una serie de objetos que no permiten apreciarla bien, dado el extraño concepto museográfico presente en toda la exposición, quizá basado en la manera en como Manolo Rivero tenía los cuadros en su casa, como trasfondo de sus muebles y demás piezas decorativas o de colección.

Para ir a la Galería 3 hay que salir a la calle y caminar unos pasos sobre la 60, única sala que tiene acceso directo al público, pero que por seguridad se mantiene cerrada con candado, salvo que haya planes de tener a algún vigilante de manera permanente a la espera de visitas…

Mientras, todavía en compañía de Jacinto, vemos aquí un óleo en gran formato de Pedro Rivera, una colchoneta de Alberto Castro Leñero pintada directamente en este espacio alguna vez que, invitado a Mérida, llegó sin la obra prevista y tuvo que improvisar algo… Aunque puede que no sea cierto, pero eso se dijo entonces...

Pasos adelante, sorprende un conjunto de maletas puestas en un rincón y presentadas como una obra con título: “Equipaje de Manolo”. ¿Es esto una pieza de autor? ¿Son las  compañeras de los viajes de Manolo? ¿Acaso cada una es recuerdo de un huésped? No se sabe. El hecho es que son el componente inadvertido.

Aunque apagada, vi una televisión en la que, con certeza, se proyectó durante la inauguración una serie de registros visuales de diversos sucesos vinculados a Manolo Rivero… Oportunamente, no lo dudo, será posible saber exactamente de qué se trata.

Aquí mismo, frente al monitor, se expone una obra de Benigna Chilla, cuya composición geométrica y tridimensional se podría apreciar mejor con un poco más de espacio, una atención que la pieza y la artista merecen, sin duda.

Tres pequeñas fotos de Patricia Martín Briceño enmarcadas en la pared aledaña también hacen notar que faltó estudiar un poco más la disposición de las piezas en esta sala, así como el Árbol de Navidad llamado “Árbol de Manolo”, de Mark Swain, arrinconado aparentemente sin ninguna justificación.

Otras cosas van saltando a la vista conforme estoy a punto de despedirme de Jacinto, y es que se hecha de menos obra no tan conocida de la colección de Manolo, pues casi todo lo visto se había exhibido aquí recientemente estando él en todo su esplendor… siempre dicharachero y muy crítico de todo el sistema de las artes visuales de Yucatán y sus creadores.

Lógico, a Vanessa Rivero, su sobrina, le tenía un especial cariño, cosa que ella agradece haciendo actividades en este foro regularmente, y ahora con esta muestra curada en colaboración con la maestra Gerda Gruber, y en cuya museografía particiopó Benigna Chilla, contando con el apoyo de Maricarmen Castañeda, Aldo Córdova, Omar Said, Mónica Costa y Gilberto Caro.

En fin. Hay que ver qué más se dice de esta muestra y de Manolo Rivero, personaje que da mucho de qué hablar. Por lo pronto, a pedirle a Jacinto que abra los tres candados y guíe, en silencio, como sabe, el recorrido por la muestra.