Mérida, 14 de diciembre de 2007.- El miércoles pasado el reconocido académico, crítico de arte, curador y artista visual Carlos-Blas Galindo, egresado de la UNAM, ofreció en la galería del Teatro Peón Contreras de esta ciudad la conferencia titulada Metodología de la crítica del arte, moderada por el pintor yucateco David Sierra.
Tras una breve introducción a cargo del actual director de Artes Visuales del Instituto de Cultura de Yucatán, Manuel May Tilán, David Sierra habló sobre la falta de interés por la crítica en el estado a pesar de las publicaciones locales, mismas que no poseen el suficiente rigor en la materia. Mencionó asimismo la negativa influencia del denominado cultivo yucateco, practicado con frecuencia en el medio para ensalzar desmedidamente el trabajo de los creadores.
“¿Qué tan necesaria es la crítica cultural?”, se preguntó Sierra, antes de darle la palabra al conferencista, quien mediante una serie de diapositivas explicó a lo largo de dos horas los rasgos que toda crítica de arte debe poseer.
Siempre relajado y bromista, Blas Galindo empezó la conversación señalando los elementos estructurales del soneto, forma poética de 14 versos endecasílabos ordenados en dos cuartetos y dos tercetos. Con esto, insinuaba ya la intención de su ponencia, enfocada evidentemente a comentar una serie de pasos indispensable en el ejercicio de la crítica.
La metodología empleada por el académico debe mucho a los planteamientos del teórico del arte Juan Acha, quien a través de la sociología estableció una serie de parámetros para entender la cultura.
Blas-Galindo expresó que su objetivo inicial cuando cursaba los estudios universitarios en la UNAM, a mediados de los 70´s, era la creación y no la crítica artística. “Yo estudié para ser artista, no para ser crítico. El maestro Juan Acha me daba clases a las siete de la mañana. Hablaba en peruano, fumaba pipa y no se le entendía lo que decía. Yo me sentaba en las primeras filas, me gustaba su clase y el maestro me empezó a invitar a su casa”. De esta forma, el contacto directo con los intelectuales de la época le permitió definir su vocación.
En los 80´s, Blas-Galindo se organiza con un grupo de amigos para publicar una revista de crítica de arte llamada Comunicación visual, ante la dificultad de poder colaborar en los distintos periódicos del DF. “Ya que si publicabas en uno, no podías hacerlo en otro.” Con el trabajo crítico de la revista, el grupo ganó credibilidad.
El académico explicó que la crítica no consiste en hacer escarnio de los elementos fallidos o no resueltos de los demás artistas, ni en escribir un texto literario cuyo tema sea una obra de artes visuales. En este sentido, mencionó el caso del narrador y ensayista Juan García Ponce, quien desde su punto de vista no hacía crítica de arte, sino ensayos discursivos de carácter literario.
El papel del crítico tampoco es recomendar a las personas lo que tienen que hacer o los productos culturales que deben consumir. “La crítica se hace para valorar el grado de trascendencia que ha tenido una obra en su contexto y debe de ser profesional, con metodología y pasos a seguir, para propiciar el desarrollo del medio de la cultura artística local, nacional, regional y global.”
La valoración inicial de una obra de arte consiste en identificar componentes estéticos, temáticos y artísticos, pero ante todo exige poseer sensibilidad estética. El estudioso agregó que es necesario afinar dicha sensibilidad, cultivarla con productos elaborados y complejos.
Blas-Galindo repasó las categorías mencionadas. En ocasiones, ilustraba con ejemplos sus ideas, de modo que el auditorio lograba asimilar inmediatamente la información. Sin duda, el éxito de la conferencia se basó en la frescura verbal y las ocurrencias del académico, quien aderezaba la teoría con anécdotas y bromas.
En opinión del especialista, un texto crítico debe incluir la descripción pormenorizada de los materiales y el procedimiento que el artista empleó en la factura de su obra, aunque no es necesario hablar del autor de la misma. Las descripciones específicas son indispensables, aun cuando se corra el riesgo de poner etiquetas. Dicha valoración general abarca aspectos como la fuerza expresiva, categorías estéticas, motivo o asunto principal, tratamiento temático, opinión del autor sobre su tiempo, implicaciones psicológicas, eficacia comunicativa, madurez en el estilo individual, originalidad, calidad de factura, entre otros.
A partir del análisis taxonómico de la obra, entramos a sus aspectos valorativos, que se dividen en cuatro partes. En primer lugar, se analiza la coherencia estética, temática y artística de la pieza. Posteriormente, observaremos si se trata de una obra retórica (con presencia excesiva de elementos estéticos), que hace énfasis en los elementos temáticos (contenidismo) o, bien, que destaca por sus elementos artísticos (formalismo). El tercer grupo de valores funciona como un engranaje en el que la composición, el color, la expresividad, el tema, la innovación y las dimensiones se vinculan estrechamente. El conjunto de aspectos valorativos finales atiende a las contradicciones entre las pretensiones del artista y el resultado contenido, evaluando si fue producto de la voluntad creadora o del azar.
En cuanto a las etapas del proceso crítico, Blas-Galindo señaló que en primer lugar, aunque no es lo más importante, se describen los elementos fallidos. Posteriormente, se estudian tres aspectos: función de la obra dentro de su contexto, detección de elementos que la integran y descubrimiento de innovación o aportes.
¿Cuál es el resultado de las actividades del proceso crítico? Ante todo, establecer el nivel de contribución del autor al desarrollo de la cultura artística. Si existe en la obra una presencia de variantes completa, estamos hablando de un verdadero producto artístico. Si, en cambio, los variantes son de poca monta, se trata sin duda de productos artísticos visuales decorativos. En el caso de que haya una ausencia absoluta de variantes, estamos ante productos pseudoartísticos.
En la ronda de preguntas y respuestas, Blas-Galindo advirtió que no respondería a interrogantes del tipo “¿Qué le parece el arte local?”, para mala suerte de quienes querían saber sus opiniones al respecto. Sin embargo, una de las personas del público le formuló una excelente pregunta: “¿cómo se identifica la artisticidad en una obra de arte contemporánea?”. El erudito dijo que el consenso para determinar lo artístico es dictado por el mainstream que predomina en el medio cultural. “No es un consenso de la colectividad, sino del grupo que tiene el poder”, recalcó. No obstante, “a pesar de que hoy los grandes escaparates de las ferias de arte se montan por galeristas preocupados por vender, sí considero que debería existir un arte otro, un arte distinto.”
Poco antes de que la conferencia concluyera, el pintor Jorge Sobrino invitó al académico a impartir más adelante un taller de crítica en Mérida, propuesta que Blas-Galindo tomó de buen agrado.
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