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Corazón. Intestino. Cerebro.
Órgano-Grama, exposición de Vanessa Rivero
Christian Núñez
http://www.unasletras.com/v2/../data/466.orga.jpg
Mérida, 5 de agosto de 2007. El jueves 26 de julio, en la galería del Teatro Peón Contreras, se inauguró la exposición Organo-Grama, de la artista Vanessa Rivero (cierra el 26 de agosto). Entre las palabras, los signos de puntuación y toda la parafernalia gramatical, quisiera expresar, de un modo elocuente, la sensación precisa que deja el conjunto visual preparado por Vanessa. Porque no sales ileso. El espacio limpio, perturbadoramente claro y sereno –como una sala de operaciones–, produce el efecto contrario al de la paz. No hay paz; encima del sillón para sentarse y esperar la muerte ha sido colocado un alambre. Museografía casi clínica, que nos murmura sutilmente: mira, vas a morirte. Y es curioso, porque no sabes el nombre de las piezas (los títulos fueron sustituidos por números; las cédulas desaparecieron; la relación de las obras aparece registrada en una hoja en blanco solamente), y el contacto se hace más directo, más doloroso. Al fin y al cabo, como la muerte misma. Un proyector arroja cien preguntas, ¿De cuántas personas eres amigo?, ¿Porqué estás aquí?, ¿Qué te haría matar a alguien? No hay respuestas, sólo el cuestionario que induce a la desesperación muda. La noche de la inauguración, la gente bebía vino, sonreía, paseaba por los pasillos y ocasionalmente miraba la pared sobre la cual iba surgiendo el interrogatorio. Sin embargo, fueron pocos los que respondieron. Y claro, la soledad se hacía inmensa, có(s)mica, entre la gente bien vestida y los hombres de las paredes que mostraban sus órganos, el sistema circulatorio, la sangre y las vísceras. El vino entraba, la cerveza recorría los túneles corporales. ¿Qué estás dispuesto a perder?, decía el muro. Ciñámonos al tema y concretemos. Organo-Grama consta de 15 trabajos, hechos con diversos materiales y técnicas: impresión digital, luces de neón, madera, balas, papel, cabellos, collages y vidrios. El tono de la expo es fragmentado, sintético. En una sala de hospital se respira algo semejante, con las medicinas, los olores de la muerte y la vida entremezclados; las enfermeras ecuánimes y la certidumbre de que somos cuerpo, fragilidad, decadencia. No está de más señalar la dedicatoria de Organo-Grama, al coleccionista Manolo Rivero, tío de la artista. Digámoslo ya: se trata de una reflexión sobre lo otro que genera miedo en cada uno. Sobre, quizá, el terror al vacío. Y realizada de una forma sincera, como la honradez de las radiografías, que nunca mienten. Vanessa escribió sobre unas placas transparentes algo básico pero terrible, con letras mayúsculas: NADA EXISTE, NADA ES REAL, TODO DESAPARECE EN EL MOMENTO EN QUE SUCEDE/ EMPIEZA Y TERMINA AL MISMO TIEMPO/ NO EXISTE EL TIEMPO. Luego puso, en minúsculas: Pero existen los recuerdos, existen las heridas, los buenos momentos. Un ajuste de cuentas, para decirlo de una vez. Entre lo efímero de la vida y lo efímero de la muerte. Entre el corazón, el intestino y el cerebro. Entre las ganas de reír y el deseo de llorar. Las preguntas-bala vuelven a nosotros, a nuestra casa limpia agujereada por el tiempo. Tal vez así podamos ponerle fin a la nota. Sin posdata, sin tributos a la ortografía.

(Fotos: unasletras)