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| El arte contemporáneo en México, latente y exaltado |
| En la vóragine de la feria... |
| Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón |
 México, D.F., 27 de abril de 2007. Asombra la exaltación anímica y monetaria que genera el arte contemporáneo en México; miles de personas acudieron a la inauguración de la feria MACO el miércoles en la noche a un edificio en proceso de construcción, el Palmas Park, todavía sin paredes ni pisos acabados, pero acondicionado con la infraestructura necesaria para presentar una muestra que en conjunto resulta extraordinaria.
Ya sea con mobiliario improvisado o tratando de hacer una réplica de sus instalaciones en diversos puntos del planeta, las galerías aquí presentes exhiben pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones y videos para los coleccionistas mexicanos e internacionales que acuden a esta cuarta edición de MACO, una celebración exitosa por la concentración de gente de alto poder adquisitivo que, por lo pronto, acudió puntual a la inauguración.
En el primero de los cinco días que dura este MACO hubo verdadero ambiente de feria por el barullo del público bebiendo tequila, charlando, viendo a detalle las obras y, claro, comprando, ya sea una botellita de champagne, una revista o una pieza de colección, esto sobre todo hacia las 9 de la noche, cuando los primeros puntos rojos empezaron a aparecer en algunos stands. De hecho, quizá la galería Grita Insam de Viena, Austria, fue la primera en colocarlos en las obras de sus artistas Katharina Stiglitz y la brasileña Fernanda Gomes. Esta galería, localizada en el sótano del Palmas Park, donde ubicaron a los más fuertes y consolidados nombres internacionales, inauguró las ventas con coleccionistas del D.F., y la directora sonrió cuando dijo que la gente está comprando arte porque es la mejor opción para invertir dinero.
El primer piso del Palmas Park, con acceso directo a la calle, fue destinado a las galerías que, ante todo, promueven arte emergente, como por ejemplo Harto Espacio, establecida en Montevideo, Uruguay, y dirigida por el mexicano Antar Kuri, viviendo este año su primera experiencia en MACO y debutando, a la vez, como galería después de tres años de hacer gestiones de curaduría para espacios alternativos: oficinas viejas, casas abandonadas y sitios por el estilo. MACO, entonces, es el nicho ideal para ver un poco de todo, y si bien los precios no están especificados en las cédulas de cada obra, es cuestión de preguntar y, si se quiere, comprar de inmediato.
La ocasión hace posible adquirir también aquí cualquier publicación especializadas en arte. Muchas revistas a precio especial son entregadas en la mano de los consumidores por sus propios editores, expectantes de contactar artistas, escritores y anunciantes. Están, entre otras: Art Nexus (Miami), Flash Art (Italia), Arte al Límite (Chile), Artmedia (Costa Rica), y Fahrenheit y Cuarta Pared, entre las mexicanas.
Al llegar, la primera galería que vemos es Elastic, de Suecia. La obra A tension (2006) de Magnus Thierfelder, consiste en la elíptica instalación de un cable tenso torcido suspendido en el espacio por su fijación a la pared mediante las conexiones a los contactos que están colocados a unos treinta centímetros del piso en una esquina de esta galería. Georgina Solís, la representante de Elastic en MACO nos dice, además, que la forma caprichosa de la pieza se puede modificar al gusto. Y, sin embargo, como no existe ningún aviso que advierta esta posibilidad de interacción, la pieza se mantiene intacta, si bien ya hay gente interesada en adquirirla. Su precio: 6 mil dólares.
Al lado se encuentra la galería Angela Hanley de Los Ángeles, California. Allyson Spellacy, su directora, exhibe este primer día exclusivamente la obra de Pierre Obando, un artista de Belice que reside en Nueva York, quien desarrolla in situ la continuación de uno de sus proyectos: fotografiar frente a una de sus pinturas –hecha con la técnica de armar sobre el lienzo una figura abstracta a partir de círculos de color de menos de un centímetro de diámetro en dos colores: azul y rojo–, a la gente que vista prendas con lunares o bolitas.
Allyson Spellacy, quien sentada sobre un banquito de madera, toma una cerveza de lata, y simplemente observa lo que pasa vino porque hace un año que abrió la galería y necesitaba entrar al circuito de las ferias de arte del mundo. MACO le atrajo por económico, aunque acepta haberse inscrito sin pretender vender. “Pienso que estar en una feria de arte es extraordinario, y no espero hacer dinero aquí, lo que quiero es hacer que la obra de los artistas se vea muy bien un día e ir cambiándolos”.
Evidentemente, cada galería tiene su propia filosofía, su historia, y un espíritu único. Ninguna es igual a otra. En su manejo existe una estructura elemental en todo el mundo: un grupo de artistas al cual representar, y un equipo de dirección, administración, prensa, control de obra, montaje y embalaje; sistema cien por ciento flexible, pues incluso existen espacios donde los propios artistas son sus propios gestores, y algunos donde una sola persona hace todo.
Por ejemplo, La Estación, establecida en Chihuahua, la cual funciona gracias a una pareja de jóvenes altamente eficientes como ejecutivos, a la vez que son editores de sus catálogos y, claro, artistas: Rocío Infestas y Fernando Rascón, quienes en MACO venden sus obras a precios que van de los dos mil ochocientos a los seis mil dólares, valor de El Chavo, pintura realizada con acrílico fluido o chorreado sobre tela (190 x 150 cm) de Fernando Rascón, precisamente.
Fernando y Rocío, egresados ambos de La Esmeralda se iniciaron hace como seis años en su taller-estudio. Ésta es su tercera vez en MACO, y ya estuvieron también en la Feria de Basel.
En Chihuahua, explica Rocío, no cuentan todavía con coleccionistas, pero la gente ya les está comprando, aunque no a precios de feria internacional.
Así es entonces como se conforma MACO, con obras excepcionales, iniciativas emergentes brillantes frente a artistas con trayectoria reconocida, galeristas consagrados y mercaderes recién iniciados en la vorágine de los puntos rojos vestidos a la moda y conectados al iPod permanentemente.
Artículo publicado en El Financiero, hoy 27 de abril.
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