You need the Flash Player version 9.0.0.0 or higher and a JavaScript enabled browser to view this site
El pintor David Sierra inauguró exposición
Siente tristeza por quienes, ante la adversidad, dejan de crear
Texto y fotos: María José Evia Herrero
http://www.unasletras.com/v2/../data/454.davd.jpg
Mérida, 16 de julio de 2007. Es apenas miércoles y mi semana va de mal en peor, tal vez por eso me cuesta más trabajo de lo anticipado encontrar Estudio 57, la casa/estudio de David Sierra, reconocido pintor yucateco. Cuando miro por la ventana de una casa y descubro pinturas y esculturas dentro, me convenzo de que estoy en el lugar indicado. David está trabajando cuando llego, tarda un minuto en abrirme. Luego me pregunta mis intenciones, las cuales son hacerle unas preguntas respecto a su obra, su visión artística y su próxima exposición: Tiempo y espacio. Color y forma con lo que capturo lo tangible de la irrealidad.

Nos sentamos en el estudio, en medio de su obra. Cuadros y esculturas nos escuchan. Él preparó un texto; lo lee en voz alta para mí y mi grabadora:

“Tomando en cuenta que nuestro inconsciente nunca está de vacaciones, me dejo llevar por el niño que todos llevamos dentro; de esta forma, mi arte no es un simple producto de compra-venta, sino una acción original y organizada. Con esta serie de obras denominadas Tiempo y Espacio, mi intención es dejar al mundo un poco mejor de como lo encontré”.

—La exposición, explica, se compone de dos cosas: escultura y pintura. El tiempo viene de la escultura, porque son esculturas de piedra y de madera; no son instalaciones o cosas efímeras, sino cosas que llevan mucho tiempo en desarrollarse. Manejo piedras de Yucatán hechas por el meteorito, y a veces mientras las trabajaba encontré cápsulas por dentro que tendrán unos 65 millones de años.


El espacio —continúa— se refiere a las pinturas, ya que uso mucho el blanco; le doy espacio al color. Las esculturas están inspiradas en mis pinturas y viceversa. El tema es el mismo. Tratan de formas que se pueden construir. Pretendo captar lo “tangible de la irrealidad”.


Sólo lo dejo fluir. Duermo con eso, vivo con eso. Es una de las razones por las que expongo aquí en mi estudio, porque se me hace fácil esa labor creativa. Pones la mano en el papel y va fluyendo. Lo que sale mal lo botas, lo quitas, pero te va dando un parámetro de lo que quieres. No puedes imaginarlo todo, hay que actuar, hay que mancharte. Hay que romper. En el proceso de esa ruptura, de ese caos, es donde encuentras un orden. Y es allá donde comienza a salir una serie. Todo lo demás es desechable.     


—Comparativamente, ¿cuales son las repercusiones, para ti, de exponer en un espacio institucional y las de exponer en uno propio?


—La diferencia es que acá tengo mucho más facilidades de tiempo para desarrollar el trabajo poco a poco. Estoy constantemente bajando y poniendo cuadros para ver cómo se ven.
En cambio, exponer en otra galería es a veces más complicado en el aspecto de que la exposición esté más organizada, porque ya eso depende de una museografía y de una curaduría. En cambio, exponiendo en mi estudio, yo lo puedo controlar todo.

Hay otras razones también. En las instituciones es bastante complicado. Ahorita en este momento de transición política, no se sabe hasta cuándo se va a poder exponer, y todo depende del gusto del director. En el sexenio pasado hubo problemas porque la persona encargada de artes visuales nos la hizo muy complicada. No atendió a la gente como debería, de forma equitativa, por eso muchos de nosotros decidimos exponer en otros lugares; lo malo es que aquí no muchos tienen su propio estudio, y tampoco de manera céntrica.


Hay una desidia, sobre todo de la gente, los yucatecos. No sé si por falta de información o por una herencia genética devastadora de ignorancia, que prefieren colgar un póster de Madonna o una virgencita de Guadalupe, que un cuadro original. O a veces van, se compran un cuadro de florecitas, con un gran marco, aunque no tenga ningún sentido, artísticamente hablando.


Somos muy pocos los que estamos haciendo aquí una obra original, por una necesidad personal, no por tratar de vender o sobrevivir, porque eso no es posible. Aquí no hay mercado del arte; ahorita hay una sola galería particular, y no trabaja con yucatecos. Una de mis intenciones al abrir este espacio es precisamente promover el arte que se hace aquí.


¿El arte y la política deben ir siempre separados?


—Sí, aunque yo creo que todo arte tiene un final político porque toda persona es política. Ahora, la política como se ve en nuestro país, y en todas partes, no tiene nada qué ver con el arte. Eso sí es una asquerosidad en la que el arte no se mete.


En el arte se trata de ver objetos bellos, con toda la honestidad. Para ser una persona creativa, necesitas ser honesto contigo mismo, y en política no existe eso. Si tu lees El Príncipe, te vas a dar cuenta de que todo se basa en sacar partido para tu partido, en cambio el arte no piensa en un partido o un grupo, piensa en la generalidad, en todo el mundo.


—Ya hablaste de lo difícil que es salir adelante como un pintor comprometido con su obra en Yucatán, ¿qué futuro le ves a los alumnos de las nuevas escuelas de artes visuales?


—Creo que las escuelas van a crear la necesidad de un mercado de arte muy pronto. Espero que vengan personas de afuera, porque aquí no hay la idea o la economía. Veo el futuro muy difícil; hay escuelas por doquier que sacan una cantidad enorme de artistas que no tienen cómo sobrevivir.

Para la generación a la que yo pertenezco ha sido muy difícil, sólo con muchas ganas, cariño y amor al arte, un pequeño grupo hemos podido seguir. La mayoría no han podido desarrollar una obra original, es una tristeza, porque teniendo una gran calidad y capacidad no lo han logrado, se han dedicado a hacer cuestiones más económicamente redituables. Se está desaprovechando la gran calidad que tienen estos pintores. Siempre hay que sacrificar algo para continuar con la carrera artística.

¿Cuál sería el proceso para lograr que la sociedad conozca y aprecie a los pintores yucatecos?

—Creo que la institución tiene mucho que ver. El Instituto de Cultura lo debe fomentar. Ése fue uno de los errores de esta administración, traer pintores de afuera que son importantes, pero hay que impulsar a los de acá, para que la gente se dé cuenta de que también valen y son redituables económicamente. Si tu compras una obra, obviamente esperas que en el futuro suba de precio su valor. Para eso se requiere que el artista esté en constante promoción. Por lo tanto, una de las cosas que podrían hacer es producir eso, un mercado del arte. Hacer actividades públicas con la sociedad yucateca, con los ricos yucatecos, con la gente con poder adquisitivo, para que se vayan acostumbrando y compren a los artistas de aquí, que tienen mucho valor. Repito, hay mucha creatividad en Mérida, sólo hace falta promoverla. El Instituto de Cultura tiene mucho qué ver.


Así termina la entrevista a un pintor comprometido con su propia visión, conocedor e impulsor del arte en nuestra ciudad, en un espacio donde lo importante son las obras originales y su creador para encontrar, tal vez, lo tangible de la irrealidad. La exposición se inauguró el viernes 13 de julio en Estudio 57. Calle 57 #461-A por 54, centro.