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| El silencio del agua de Claudia Álvarez |
| “Estoy interesada en hablar de temas que no podemos evitar” |
| Christian Núñez (Fotos: Cortesía de la artista) |

Mérida,
22 de julio de 2008. El ruido de la fuente se percibe desde la sala dos
del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (MACAY), espacio que
acoge la exhibición escultórica de un grupo de niños sin extremidades.
Éstos le hacen coro a un pequeño en posición fetal. El grupo mira la
luz de los reflectores. Labios entreabiertos, sombras. La pieza de
Claudia Álvarez, El silencio del agua, es rotunda. Ni siquiera necesitó esculpir figuras grandes. La escultura de mayor tamaño mide 72 x 20 x 18 cms. y se llama Niño alto.
Las siete piezas tienen nombres sucintos referidos brevemente como
pinchazos de agujas. Aquí, el trabajo de la artista se afilia con el
estilo de escribir de Cormac McCarthy, autor de La carretera. Se gana expresividad mientras se diga menos. Y cada vez menos, hasta quedar mudos. La violencia, si es muda, duele el doble.
Claudia
Álvarez estuvo en Mérida el primer semestre del 2008 y dio clases de
escultura en la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY) a los
alumnos de la licenciatura en artes visuales. Durante su estancia,
participó en las exposiciones Él regresó, de Yessica Díaz (Galería FrontGround) con la pieza Playground; en Tiempo y espacio (Galería de Arte Municipal de Mérida), con la pintura El sueño de Nina y, finalmente, en la recién inaugurada muestra colectiva del MACAY.
Su obra plástica atrae al público por la insistencia en un solo tema, una sola obsesión: los niños. De espanto en espanto, en su página web www.claudiaalvarez.org hallamos niñas con rifles (Machine gun), niñas disfrazadas de conejos diciendo mentiras (Rabbitlies), un niño ahorcando a otro (Choking I), un grupo de pequeños esculpidos en cerámica esperando a su futuro salvador (The bruised sky) y otras maravillas. Falling rope of silence es el antecedente directo de El silencio del agua. En dicha pieza, Claudia Álvarez instaló en una habitación a siete niños sin brazos sentados en columpios. La crueldad. El abandono. El aislamiento. La luz ilumina desde lo alto a los huérfanos absolutos. Nadie viene, nadie vendrá. Entrevistada para unas letras, la artista habla en relación a su obra, sus intereses como creadora y la única preocupación temática que constituye la esencia de sus trabajos. De regreso a Davis, California, Claudia accedió a responder este cuestionario vía mail en español a pesar de que la lengua que domina es el inglés. —En tu página web, se observa que tu obra es una constante interrogación a determinadas conductas sociales de nuestros días, como el uso de armas de fuego y la violencia entre menores. ¿Recurres a los niños para retratar el mundo de los adultos?—Sí, utilizo características de los niños para incorporar aspectos psicológicos y sociológicos, estructuras de comportamiento, costumbres y tendencias. Mi obra explora emociones como la cólera, la desesperación, el miedo y la alegría. Pinto imágenes como si fueran preguntas formuladas por un niño, simplemente, y también indicando asuntos complejos del mundo. Los niños se expresan con más sinceridad que los adultos; sus preguntas reflejan directamente los mecanismos de la sociedad, las costumbres y la conducta humana. El punto de vista de un niño es inocente y libre de convenciones culturales. Sus ojos revelan qué corruptos están los mecanismos. —El silencio del agua es un trabajo que provoca gran tensión psicológica. ¿Es posible sacar algún mensaje optimista de tu pieza? ¿Cuál sería? —Sí, la posibilidad de que el espectador se vea reflejado. —Observo que en tus esculturas congelas situaciones dramáticas. En el caso de The bruised sky, los niños parecen estar esperando algo del cielo. Por el contrario, tus óleos y acuarelas retratan la interacción hostil entre pequeños, como en Boygun. ¿A qué se debe esta diferencia?—El tema de los niños en cierta forma da la sensación de abandono o tensión en la sociedad. Estas cosas se manifiestan de modo diferente en mis trabajos. —¿Qué impresión causó en los espectadores El silencio del agua el día de la inauguración? —Silencio. Reverencia.—¿Te inspiraste en algún hecho o circunstancia? —Abordo el tema de los niños desde el año 2000 influenciada por haber trabajado en un hospital a lo largo de 12 años, conviviendo con grupos de niños en diferentes situaciones. La idea de la memoria, el reflejo de la vida, el significado de la infancia y las historias de la niñez son cuestiones que me interesan.
—¿Cuáles son tus influencias artísticas? Por ejemplo, el tratamiento del dolor durante la infancia me hace recordar a Gottfried Helnwein, un pintor austríaco sumamente provocador.—No conozco a Helnwein, pero sí hay artistas que me han influenciado, como Goya, quien retrataba a la sociedad de su época, o Caravaggio, que estaba limitado a pintar temas religiosos de la Biblia y usaba este material para expresar algo que el espectador no podía evitar. Con las imágenes de niños, estoy interesada en hablar de temas que no podemos evitar.—Por último, ahora que regresas a California, ¿cómo te sentiste en Mérida? —Fue como llegar a casa. No físicamente, porque en aspectos como el clima, la comida y la cultura me crié en California, pero intelectualmente pude hablar español en un ambiente académico, mantuve buenas relaciones con los artistas mexicanos, y en lo espiritual experimenté un acercamiento con la historia del arte precolombino. El silencio del agua continuará exhibida en la sala 2 del MACAY hasta el mes de septiembre. Tenerla cerca es una oportunidad única. |
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