 Mérida, 5 de marzo de 2008. Actualmente, en el vestíbulo del Museo de la Ciudad puede visitarse la muestra del caricaturista cubano René de la Nuez, titulada “Vengo de todas partes y hacia todas partes voy”. Esta serie de 12 dibujos, trazados con tinta, crayón y acrílico, rinde homenaje ala escultura del Chacmool, característica de la cultura maya.
Si estos Chacmooles hablaran, seguramente combinarían el acento yucateco con el cubano, y sería muy gracioso escucharlos, ahí encontraríamos el tono humorístico que el artista domina.
René de la Nuez (Premio Nacional de Artes Plásticas en Cuba, 2007) se vale del ingenio y la ironía para introducir elementos idiosincrásicos de la religión y vida cubanas en la famosa efigie maya: collares, tambores, cuchillos contra el mal de ojo ¡y hasta un puro de la marcaCohiba! Hábil en los trazos, en “Vengo de todas partes” maneja dosconceptos que se dejan ver claramente: la transculturación entre Cuba yel Caribe, que es algo más que una simple hibridación de tradiciones, ylas ideas de José Martí, su compatriota, célebre pensador que defendíauna visión unitaria de América.
Carlos Bojórquez Urzaiz, en el comentario introductorio que se lee a la entrada del museo, sienta las bases históricas del tema: “Las inesperadas líneas que René de la Nuez traza en cada uno de sus doce Chacmooles, son la coronación de un extenso itinerario que inició José Martí el 1º de marzo de 1877, por la coincidencia de su arribo a Mérida, con la apertura de la exposición de esa efigie maya que el mismo día empezaba a exhibirse en las calles de esta ciudad, después de que fue decomisada a su descubridor Augustus Le Plongeon. Como el Apóstol cubano que dibujó su rostro en el cuerpo de Chacmool, Nuez explora con nuevos atisbos y figuras resinificadas, las hibrideces culturales que anticipó Martí en su inolvidable autorretrato, heredado a manera de testimonio de su estancia en Yucatán.”
Museográficamente, “Vengo de todas partes” combina simplicidad y eficacia: mamparas negras y lámparas halógenas, las cuales cumplen un papel preponderante en la apreciación de los dibujos.
Las doce obras son invocaciones a José Martí. Está, por ejemplo, el Chacmool Abbakuá, con cascabeles en pies y manos y la cara cubierta; el ya mencionado Chacmool de la Cohiba, con tambor y un tocado ornamental de plumas, fumando socarronamente, guiñándonos un ojo; el Chacmool Ñáñigo: un ser mitad hombre mitad leopardo con el cuerpo atiborrado de símbolos, muchos collares, pulsos y brazaletes.
René de la Nuez delineó estos dibujos con espontaneidad y firmeza; el cuerpo es grueso, la cabeza y los pies más delgados. Destacan los detalles de cruces y círculos en casi todos (en el Chacmool del tablero de Ofá se aprecian perfectamente), las connotaciones rituales (como en el Chacmool de Oggón, con un recipiente lleno de cuchillos asentado en el abdomen y el rostro severo, como si esperara víctimas) y el ánimo festivo del pueblo cubano, que en el Chacmool de los tambores Batá hace recordar los poemas rítmicos de Nicolás Guillén.
Los más hermosos trabajos, Chacmool de la palma, de cuya cabeza se eleva una palmera, Chacmool de la guitarra, con posibles alusiones a la trova yucateca y sus consabidas influencias cubanas, y Chacmool para el mal de ojo, con una lágrima roja y un cuchillo atravesándola, confirman el carácter singular de esta colección, muy reducida en cantidad pero elevada en alcances estéticos. El cuento termina así: “Aquella tarde, los turistas extranjeros que llegaron al museo se sintieron sumamente atraídos por la serie.”
Vengo de todas partes y hacia todas partes voy de René de la Nuez permanecerá abierta al público hasta el 12 de marzo.
El Museo de la Ciudad se localiza en el antiguo edificio de correos en el Centro Histórico, junto al Mercado Grande. La entrada es libre.
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