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| Hermandades escultóricas episodio I. |
| Pasaje Revolución |
| Christian Núñez (Fotos: unasletras) |
 Mérida,
7 de abril de 2008. Hoy por la tarde, Carlos García Ponce, presidente
de la fundación cultural MACAY A.C. salía de la catedral después de
encontrar, seguramente, un momento de calma dentro de sus muros. En el
pasillo que comunica a la iglesia con el Museo de Arte Contemporáneo
Ateneo de Yucatán, donde tiene su oficina, recientemente se inauguró la
exposición Hermandades escultóricas con obras in situ
de artistas mexicanos y alemanes. Y si bien el objetivo es motivar una
reflexión sobre las tensiones ecológicas generadas en las grandes urbes
a causa de la contaminación y la basura, el espectador se lleva eso y
algo más: una dosis necesaria de emoción estética para seguir el
camino. Por lo
demás, la tarde luce maravillosa después de la lluvia que refrescó las
calles del centro histórico. La perspectiva de los pequeños charcos de
agua entre una y otra escultura, junto con las palomas de Dios, los
estudiantes y turistas que transitan por el lugar conforman un paisaje
de sorpresiva calma en el ajetreo de los lunes. A lo lejos, el hombre
que pide dinero para los enfermos de cáncer repite su speech mientras los conductores manejan deprisa.Hermandades escultóricas
abarca dos espacios de la ciudad bien diferentes: el Pasaje Revolución
–que presenta siete piezas, incluyendo una ubicada en una sala del
museo con puerta a la calle– y el Paseo Montejo, en cuyos andadores se
admiran las escultoras más vistosas y de gran formato. En la intro que
justifica el proyecto se plantea una postura sobre las crisis
ambientales que afectan el ecosistema. Se menciona “la destrucción de
mantos acuíferos, la extinción de especies de flora y fauna y la
pérdida de los recursos naturales.” El discurso, hay que admitirlo,
destila un tono de mensaje social; lo que busca de la gente es
demasiado obvio. De cualquier forma, las obras superan cualquier
intención misericordiosa y lo estético prevalece.
Endy Hupperich apiló, dentro de una estructura de hierro y malla ciclónica de 2.5 metros de altura, desperdicios recogidos en la playa de Progreso. La marea (2007-2008) deja una sensación muy intensa al mostrar basura fuera de su contexto. El poder de ambiguedad de la obra va en dos sentidos: uno pro ecologista y otro de reivindicación estética de los desechos.
“Si se destruyera el mundo… ¿Qué cosas salvarías para que recordara la humanidad?... ¿Qué cosas tendrían valor?”, dice una voz anónima en la explicación del trabajo que realizaron Walter Gramming y Ushi F., titulado El arca de objetos (2008). Veo la cámara de View Master con diapositivas de Tarzán y Alicia en el País de las Maravillas, y enseguida vuelvo a la infancia. La selección de objetos incluye una escoba, por si acaso todavía queda polvo en el universo; unos platos y sartenes para la hora de comer, sin olvidar la silla, por supuesto; los libros de Tom Sawyer y Goya que leeremos en momentos duros, una plancha, una guitarra eléctrica, un dibujo de Ariel (siete años) y un paraguas, por favor.
Ernesto Terán desarrolló una temática distinta en un conjunto de cinco esculturas rústicas, de madera, distribuidas como los muebles de una sala. Mientras las observo y tomo notas en unas hojas que –siento muchísimo decirlo– no son reciclables, alguien toca el órgano de la catedral. Cada una de las figuras tiene semejanza con algo. En ésta reconozco a un perro, en la otra creo ver una tabla de surf, y en otra una mesita con base transversal. La obra carece de título, por desgracia. La asociación de ideas se impone.
Paul Huf cortó un lujoso automóvil gris, conservó la parte superior hasta la altura de las placas y lo incrustó en el pavimento de este espacio escultórico. La instalación se titula como el objeto que designa: Auto (2008), y es fría, directa y concisa como la palabra crash.
Gregor Gaida apostó, en cambio, por el minimalismo. Su obra es la más hermosa del conjunto. Niño y gis III (2008) consiste en un par de niños que pintan una raya con gis en el piso. Esta obra supera la significación y entra al terreno de lo sublime por su transparencia. Los detalles de las figuras (de color blanco también) son minuciosos y, en fin, la pieza no necesita explicaciones. Vale la pena pasar por ahí a cualquier hora del día, incluso mientras llueve, antes de que caiga la noche o después, cuando el cansancio del día nos tienta a dormir. Y observarla.
Jaime Ruiz Otis, en Neuma Ték (2008) mezcló sus conocimientos de jardinería, mecánica automotriz y arquitectura al construir una estructura semipiramidal con 6 capas de neumáticos, cuyo interior llenó con tierra fértil y algunas semillas que ya germinaron. Helen Escobedo, en el interior de una sala del MACAY que por lo regular está a puertas cerradas, armó una cofradía de aparatos electrónicos viejos y en desuso: audífonos, monitores del siglo pasado, un teléfono marca Telmex, bocinas y varios televisores en plan de jubilación, entre otros objetos caducos; todo dispuesto sobre el piso como en una venta ambulante. En la pared, un tapiz de unicel (compuesto con lo que aparentemente fueron empaques) da el toque oldie absoluto a la propuesta. El hoy del hoy o: desempaque y tire!, no es más que una obra de relleno.
Hermandades escultóricas no está exenta de hallazgos poéticos. Si pasa por aquí con menos prisa de lo acostumbrado, decídase a dar una vuelta por este pasaje. Además, hágalo con una cámara y pídale a alguien que le tome una foto. Si va a las 5 de la tarde, hasta puede escuchar el órgano de la catedral, inclusive.
Esta historia continuará…
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