 Mérida,14 de septiembre de 2008. Holística, la exposición fotográfica de Javier Barrera (Mérida, México,1969), inaugurada el jueves pasado en el CentroCultural de Mérida Olimpo, cuenta con un catálogo en el cual aparece untexto de Christian Núñez, colaborador de unasletras, el cual reproducimos a continuación.
La exposición fotográfica de Javier Barrera es un significativo, breve catálogo de la disolución deltiempo que confirma el interés por las técnicas fotográficas actuales.En lo que dura un flashazo, una serie de cambios en la esfera artística golpearon la tenaz visión conservadora del Yucatán que conocíamos, suromanticismo y sus antiguas creencias. Éste ha sido un proceso difícilpara una ciudad que, como Mérida, practicó durante décadas lacontemplación y el gusto por el pasado con un desvío hacia la estéticade lo cursi y las expresiones de kitsch involuntario. El mundo gira.Las nuevas tecnologías, la mercantilización y banalización del arte, elflujo irreprimible de información, la era del vacío y sus deudoressentaron las bases de un modo distinto de hacer las cosas, paralelo aldevenir de nuestros días: escépticos, profanos, perecederos yartificiales, como una Polaroid, que no por eso deja de inspirarternura. En el caso de Holística,los lugares representativos de la región encienden velas al recuerdocon métodos electrónicos. El dictado de la posmodernidad (o lapos-posmodernidad, sería mejor decir) y las garras de la rutinafolklórica están en pugna. De esa contradicción nacen los paisajes deJavier Barrera, imágenes panorámicas en 360 grados fotografiadas ymontadas digitalmente, con influencia temática de Michael Kenna, JuanRulfo o, guardando las distancias, de experimentos sonoros como los deKronos Quartet en su álbum Nuevo, que muestran un hálito similar.
Lo nuevo de Holística gravita en el estilo de capturar la nostalgia: se vuelve cómplice de las técnicas y el software actuales para mantener vivo el sentido de la tradición, de lo idiosincrásico, y en esto hay que detenerse por un instante (sin posar). No es tan sencillo definir, redefinir, lo idiosincrásico. La cosmovisión del yucateco en la actualidad es un mestizaje aun más rico que el impuesto por españoles hace 500 años, ya que en Mérida, como en tantos otros lugares del mundo, las cosas, las personas, las ideas, los horizontes y hasta la forma de mirarlos están transformándose irreversiblemente. De tal modo que lo regional es ahora retrofuturista, vintage, multicultural, ajeno y polimestizo. O da muestras de empezar a convertirse en una masa confusa, rica en significados y sabores, polisémica. La ciudad es pequeña pero crece en riesgos y formas de expresión híbridas. La mixtura, el intercambio de identidades, la apropiación frenética de experiencias ajenas y el gusto por traspasar los límites culturales prohíben cerrar los ojos.
“Lo importante es no pestañear”, escribió Susan Sontag en su famoso ensayo Sobre la fotografía hace 30 años. Holística reformula dicho lema en 42 pestañeos para conseguir una imagen completa de sitios como Baca, Izamal, Uayma, la catedral capitalina o un estacionamiento inundado, con tecnología heredada de las computadoras Mac y el programa Stitcher. ¿Y la nostalgia? Sontag inaugura su ensayo con una serie de indagaciones acerca de la nostalgia inherente a todo ejercicio fotográfico, un arte que ella califica como elegiaco, crepuscular. “Todas las fotografías son memento mori (explica). Hacer una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, mutabilidad de otra persona o cosa. Precisamente porque seccionan un momento y lo congelan, todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo.” Y a lo último habría que agregar el brutal aforismo de Gaspar Noé en su filme Irreversible: “El tiempo lo destruye todo.”
La fotografía, el acto de procurarse un instante eterno, se perfecciona en sus tácticas, logra avances prodigiosos para apartarse del olvido. Es difícil saber si vence. Javier Barrera indica que la suma de todos los ángulos convierte a Mérida en un daguerrotipo en mutación perpetua, irregular, inconfundiblemente contemporáneo. Pero al decir “contemporáneo”, el sentido de la expresión se traiciona inmediatamente. Mérida es una ciudad que se traiciona, que nos traiciona, a la que traicionamos, cambia y deja de ser el paraíso, nuestro paraíso, nuestra blanca ciudad.
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