 Ya desde fines de septiembre del año pasado en la oficina del director de la Novena Bienal de La Habana, en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, colgaba en las paredes la lista de países participantes: Alemania, Argentina, Armenia, Aruba, Australia, Belice, Brasil, Canadá, Cuba, Chile, China, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Egipto, Grecia (tentativo), Guatemala, India, Islandia, Italia, México, Noruega, Panamá, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, El Salvador, Suecia, Trinidad y Tobago, España, Francia, Japón y Líbano.
Hoy todos estos confluyen en Cuba a través de la obra de 102 artistas, de los cuales 50 habían confirmado su presencia a menos de ocho días de ser invitados, y en esto pone énfasis Rubén del Valle Lantarón, el director, diciendo que “el dinerito” con el que cuenta no es nada en comparación con cualquier bienal del mundo, ¡millonarias todas!
Rubén del Valle junto con Margarita González, subdirectora de la Bienal reciben a unasletras con un café de dos traguitos, clásico gesto de cordialidad.
–¿Cuáles son los criterios para elegir a los artistas invitados?
–Bueno, dice Margarita, lo fundamental es que el creador tenga qué ver con el tema que la bienal discursa: Dinámicas de la Cultura Urbana. Este es el eje curatorial, el basamento teórico. Entonces, por una parte se mira que el proyecto tenga mucho vínculo con este eje e igualmente se mira la trayectoria de este creador, especialmente si ha tenido un periodo investigativo en su proyecto.
–Al girar en torno a la dinámica urbana la Novena Bienal recrea una visión del mundo al cual en Cuba no se tiene acceso, ¿fue a propósito?
–Hemos visto similitud entre, por ejemplo, un artista de Belice y uno de Australia en cuanto a las líneas temáticas que el hombre está viviendo en nuestro mundo contemporáneo: el crecimiento [desmedido] de las ciudades, la proliferación de la publicidad y muchas cosas que ocurren en el mundo. Aparte de eso, también hay diversidad, y ésta puede dar muchas lecturas y líneas de reflexión.
Margarita González comentó el caso del artista cubano Ibrahim Miranda, uno de los 16 que representan al país anfitrión: Lleva varios años trabajando el tema de las ciudades, “pero lo fundamental, dijo, no radica solamente en que su proyecto se vincule al tema [de la Bienal] sino que cumple con la calidad y la originalidad requerida. Ibrahim —explicó, ha ido descubriendo que los planos de las ciudades, su cartografía semeja animales: hace dibujos como a escala aérea y saca a relucir este tipo de elementos. Río de Janeiro puede ser un elefantico, por ejemplo, o Ciudad de La Habana, una hormiga…
–¿Qué representatividad tienen los artistas de Cuba en comparación con otros países?
–Cuba siempre ha tratado de tener una nómina de 12 a 15 artistas. En esta ocasión son 16 cubanos, y es el país que más tiene, pero como te comentábamos esta es una Bienal un poquito complicada en cuanto a presupuesto, y a ellos los tenemos aquí. Brasil, México y Argentina son los que siguen en cuanto a número de participantes.
Rubén del Valle Lantarón toma la palabra: Nosotros tratamos de no ser chauvinistas; queremos que la Bienal sea la vitrina de la ciudad y, por lo tanto, hacemos una programación colateral de arte cubano en el resto de las galerías. Se hace una selección de los mejores proyectos y se les brindan los espacios para que desarrollen sus exposiciones personales. En la Bienal anterior se hicieron casi 200 exposiciones colaterales –individuales y colectivas– e intervenciones urbanas de artistas cubanos, y a veces se confunde; para muchos la Bienal es lo colateral, y entonces el discurso de la Bienal se pierde en todo el maremágnum de exposiciones nacionales.
Entre los 16 artistas cubanos, anunció Rubén, unos cuantos harán intervenciones públicas, y uno (Malberti) va a pintar un camello (nombre común de los largos autobuses de transporte público) que va a estar circulando por toda la ciudad, y también habrá performances, con lo cual no todo va a estar fijo en las galerías.
Al proyecto del camello, -interviene Margarita- lo llamamos Gráfica rodante, y hay un artista brasileño que también quiere pintar uno, así que va a haber dos camellos moviéndose por la ciudad: Eso puede ser tremendo, remarca.
-¿La gente de La Habana se involucra con la Bienal?
Rubén: Muchos artistas comentan que el público cubano es muy receptivo: está el más especializado/racional que va a las galerías, pero ante las cosas de la calle la gente sí reacciona, se integra.
Cuenta que en la Octava bienal la artista alemana Helga Griffiths hizo una obra espectacular en la cabaña (espacio de exposición): una especie de espiral del ADN (Identity Anaylisis. Instalación, 4,000 tubos de ensayo, fluorescente líquido, espirales de metal, platos, malla, luces ultravioleta, 800 x 600 x 450 cm.), y que esta misma obra se exhibió en Oslo (Noruega) en el Centro Cultural Henie Onstad Kunstsenter en un cuarto lleno de espejos, con lo cual el impacto visual se multiplicaba, sólo que la reacción del público jamás fue igual: “Allá la gente se ponía a mirarse en el espejo…”.
–¿Cómo están manejando las restricciones económicas y la falta de apoyos por parte de instituciones internacionales?
Rubén: La bienal prácticamente está siendo financiada por el Ministerio de Cultura de Cuba, a diferencia de la Séptima Bienal, en la cual mucho más de la mitad del financiamiento vino de fundaciones, pero nos lo quitaron. Por lo tanto, este año la vamos a hacer más o menos similar a la Octava, por eso le estamos infinitamente agradecidos a los artistas, a quienes en la carta de invitación les dijimos claramente que nosotros lo único que damos es el espacio y cierta colaboración en el montaje.
A pesar de que Rubén sabe que es inevitable que se toque el tema político-económico en las reseñas periodísticas de la Bienal (concluye el 27 de abril), hizo un llamado a que la crítica se haga desde el punto de vista artístico y contribuya a la reflexión sobre la trascendencia del evento sí.
–La Bienal, dijo, tiene una posición política por el hecho mismo de estar comprometida con el tercer mundo, pero nos interesaría que los críticos se pronuncien por los artistas, por el concepto curatorial y por la museografía, eso nos gustaría mucho.
Por último, precisamente sobre el tercer mundo, como concepto que sustentó la creación de la Bienal en 1983, Rubén comentó que el cuerpo de curadores integrado por Nelson Herrera, José Manuel Noceda, Ibis Hernández, Margarita Sánchez, José Fernández, Antonio Zaya y Margarita González está estudiando cómo enfrentar la décima bienal, pues simplemente ”el tercer mundo ya no existe: Existen el primero y el segundo; el intermedio, es decir, el campo socialista –al que le habían puesto ese eufemismo de segundo mundo, desapareció.
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