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José Luis Cuevas entrevistado en Cuba
Quizá, quizá, quizá...
Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/573.cue.JPG
La Habana, 5 de febrero de 2008.  Un  impecable Mercedes Benz negro se estaciona en las puertas del Hotel Jagua, en Cienfuegos. De él bajan Lourdes Benigni, directora de Artes Plásticas de Casa de las Américas, el artista José Luis Cuevas y su esposa, Beatriz del Carmen Cuevas. La cortesía del auto puede deberse a la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, quizá… O puede ser una atención del Estado cubano, quizá… ¿Acaso lo mandó la planta de la Mercedes que hay en La Habana?, quizá…  Es lo de menos, el auto llama la atención por el contraste con los Lada y Chevrolet circulando por aquí.

Al maestro Cuevas, por supuesto, le vino bien la comodidad, se le nota en la gran sonrisa de su saludo a pesar de los 256 kilómetros de carretera recién recorridos desde la capital cubana. De su expresión deducimos que dejó lista la exposición A la Habana me voy por  inaugurarse un par de días después en la Galería Latinoamericana, y cuyo montaje quedó en manos de Manuel Alegría, su museógrafo de cabecera.

El look de Cuevas es inalterable. Cada cosa en su lugar, incluso al irse a la cama. Su esposa cuenta que el maestro duerme peine en mano, detalle gracioso en la personalidad de este hombre, dado a “causar revuelo”, como a él mismo le gusta decir.

Cuba no fue la excepción. Aquí, en la ceremonia en la que el Instituto Superior de Arte (ISA) le otorgó un doctorado Honoris Causa, micrófono en mano habló del machismo de su padre y criticó al ex presidente Vicente Fox.

Cuevas dijo que estaba a punto de chillar, pero que contendría las lágrimas porque su padre había sido un gran macho mexicano y le enseñó que los hombres no lloran.

En entrevista posterior, el maestro ahondó en el tema: "Antes de que yo naciera, mi padre fue boxeador. Después fue piloto aviador y, entre tantas cosas, le encantaba hacer acrobacias subido en una motocicleta… Recuerdo que cuando llegaba a la casa después de trabajar, en vez de tocar el timbre o usar la llave daba unos cuantos balazos al aire, y entonces mi mamá nos decía con toda tranquilidad: niños lávense las manitas que vamos a cenar, ya llegó su papá".

¿Y usted es también todo un macho mexicano?

—Digamos que soy un macho internacional (risas). Mis características machistas no son exactamente las del machismo mexicano, así como se ve en las películas. El mío es un machismo bien entendido.

¿Cómo?

—Sin esos alardes.

A propósito le comentó lo que su esposa me dijo acerca de la manía de dormir con el peine.

—Sí es cierto, responde. Empieza a buscarlo en sus bolsas del pantalón y saco de lino… Piensa por un momento que lo olvidó y se preocupa, pero está ahí.

Sobre la obra de José Luis Cuevas, y particularmente sobre la colección escultórica Animales impuros (actualmente en exhibición en Casa de las Américas), Beatriz del Carmen, su mujer, escribió unos versos: Noche de sueños, pesadillas interminables./ Noche obscura, el sudor baña mi cuerpo inerte,/ noche fría de animales rabiosos y descarnados,/ noche de fieras sedientas, hambrientas./ Noche de profunda orgía animal./ Noche seductora de gemidos y aullidos./ Noche de movimientos bestiales, desgarrando mis entrañas./ Noche dolorosa… coman de mí todo, que no quiero despertar.

Beatriz del Carmen es incondicional de Cuevas desde el día en que lo conoció, el 1 de mayo de 2001. Para él, ella es su luz, su todo...

“Cuando estamos en México empezamos a trabajar muy temprano. Mi esposa, que también es pintora, me ayuda y me sugiere los colores porque ella es colorista, yo no. Yo dibujo con un carboncillo sobre una tela grande y ella me dice los colores que debe llevar el cuadro, o sea que hacemos arte a cuatro manos".

¿Le dará crédito?

—No, pero lo digo todo el tiempo. Los temas son míos y las obras estarán firmadas por mí.

¿Antes de que Beatriz del Carmen apareciera en su vida  pintaba solo?

—Completamente solo. No permitía que hubiera testigos de mi proceso de trabajo, pero desde que estoy casado con ella necesito su presencia. Cuando subo al estudio y ella anda por la casa haciendo muchas cosas, la empiezo a llamar: “Carmen, Carmen, sube al estudio”, pero hay una cosa extraña, yo tenía un estudio enorme y hacía obras más bien pequeñas, y ahora tenemos un estudio más bien chico y hago obras enormes, con lo cual me doy cuenta que realmente no es necesario tener un estudio de grandes dimensiones. La grandeza no está en la obra sino está en la mente del creador (risas).

Acosado todo el tiempo por amistades, seguidores de su obra y periodistas, Cuevas se da tiempo para estrecharles la mano, hablar y dar autógrafos. ¿Habrán tenido ese carácter tan amistoso Diego Rivera y Frida Kahlo? Me lo pregunto por el solo hecho de que José Luis Cuevas, como ellos, ocupará el Palacio Nacional de Bellas Artes en Ciudad de México con una exposición individual durante el mes de mayo de este año. Él, ante la pregunta de cómo se prepara para este gran evento, responde:

—Extrañamente hubo menos asistencia de público con Diego Rivera, pues Frida ha alcanzado una fama extraordinaria, y ahora resulta que Diego Rivera es el pintor consorte de Frida Kahlo (risas). Eso me parece injusto. Para mí definitivamente es más importante Diego Rivera.

Recuerde que Salma Hayek llevó a Frida al cine. Quizá la película contribuyó a aumentar la fama de la pintora, ¿no cree?

—No, porque desde que Frida vivía (1907-1954) empezó el fridismo internacionalmente. Usted va a cualquier parte del mundo y en las librerías de los museos se encuentra libros sobre Frida Kahlo. Es un fenómeno, aparte de que en las subastas alcanza precios millonarios, ¡y en dólares!

De cualquier forma, —recalca— no crea que soy muy entusiasta cuando hablo de la obra de Frida Kahlo. En una entrevista que me hicieron para la televisión dije que Frida no pudo haber pintado el cuadro que está considerado el mejor de su obra, y que es también el más reproducido y más famoso: Las dos Fridas. Estoy seguro de que ahí debió haber intervenido Diego Rivera. Ella estaba paralítica, y es un cuadro muy grande.

Después de Frida y Diego, el reto en cuanto a captar público, es muy grande, ¿qué tiene previsto?

—Espero no tener tan poca gente como Diego Rivera, y ojalá logre superar en asistencia a Frida.

¿Cree que sea posible?

—Absolutamente sí (risas).