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| La cerveza como leitmotiv |
| Carlos Navarrete presenta Frontera en la galería del Hotel Trinidad |
| Christian Núñez (Fotos: unasletras) |

Mérida,
29 de abril de 2008. El pasado 25 de abril, Carlos Navarrete presentó
en la galería Manolo Rivero el montaje de su proyecto titulado Frontera. A petición de FrontGround, el artista trabajó a distancia desde Santiago de Chile.
Frontera, un ejercicio sui generis
de arte vaporizado, se basó en el consumo de cerveza de quienes
visitaron la galería esa noche. Los envases vacíos se colocaron en tres
mesas enfiladas en medio del lugar. El artista, sobra decirlo, no se
presentó y todo quedó en manos de los invitados, quienes gustosamente
bebían y socializaban mientras una cámara de video encendida sobre un
tripié captaba las conversaciones y el ambiente festivo. El arte, por
supuesto, se había esfumado. En las paredes se colocaron 3 tipos de
material documental: la introducción de Marco Díaz, tres recortes de
periódicos de fechas diferentes cuyas imágenes aludían al consumo de
alcohol, y, por último, un conjunto de varias ilustraciones, algunas
alusivas, también, a la cerveza.
El
ejercicio genera interrogantes y suscita las lecturas más diversas.
Hubo gente que veía con preocupación la cámara y se preguntaba si el
artista nos estaba tomando el pelo o nos decía borrachos desde otro
país. Sin duda, el fenómeno social inherente en las celebraciones
artísticas se produce gracias al consumo de bebidas y al glamour de los
aficionados al arte: profesores, alumnos, críticos, periodistas y
diletantes crean un entorno muy particular. No obstante, el quid del
asunto se encuentra en la intención conceptual detrás del espectáculo
generado ese día, ya que, sin darnos cuenta, elaboramos un performance
involuntario.
“Ya no existe el Gran Arte, tampoco las grandes obras y efectivamente hemos entrado en una nueva economía, la del triunfo de la estética. Este triunfo, que corresponde a la “vaporización del arte”, toma su sentido artístico en el marco de los encuentros y cruces entre culturas (…) El filósofo norteamericano Nelson Goodman dio en 1991 el adiós al aura: ¡bye, bye aura! Para los que ni siquiera conocieron los tiempos modernos, no hay ni perturbación ni crisis: el arte se volvió el éter de la vida, pasó al estado gaseso”, explica Yves Michaud en su célebre ensayo sobre el triunfo de la estética. La cita, llevada al contexto de Frontera, quedaría así: El arte ha muerto, ¡viva la cerveza! Y eso es todo, sin grandilocuencias discursivas ni frases póstumas. Involucrar al espectador para producir in fraganti la obra (¡en el caso de que haya tal!) valiéndose de algo tan cotidiano como la cerveza demuestra un sentido del humor no exento de carga reflexiva: Carlos Navarrate dio una vuelta de tuerca. Con este ejercicio, el espectador sensato se cuestionará si el propósito de ir a una galería es beber o apreciar lo que ahí se exhibe. Y lo mejor de todo es que cualquiera de las dos opciones es válida: Frontera no tiene moralina. La exposición se ha presentado anteriormente en Rótterdam, Holanda y Lucca, Italia, con gran éxito. Ahora entendemos porqué. |
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