 Mérida,
29 de febrero de 2008. Hacen ruido los conductores motorizados, las
llamadas a misa, los chapulines en el comal del mercado ambulante de
Oaxaca, el esmalte en aerosol... tanto ruido que apenas se percibe el
silencio y, sin embargo, hasta ese segundo es alterado por un clic en
la grabadora y Douglas Argüelles Cruz toma la palabra.
“No
creo que precisamente esté haciendo un llamado al silencio. Estoy
mostrando la plataforma sobre la que se sostiene una obra, y que en
este caso es la mía”.
Douglas Argüelles Cruz expone a partir de este viernes en La Luz su Fisonomía del silencio.
Instalación de una caja blanca monumental suspendida en el aire y de la
cual emana un shhh constantemente, y una serie de cuadros que
reproducen piezas arqueológicas reinterpretadas.
“Hay
muchas cosas del contexto en el que vivo que han condicionado, en
cierta medida, el porqué me gusta estar en una posición de silencio”.
¿A qué cosas de tu contexto te refieres?
En
Cuba ha sido muy fuerte la experimentación en términos artísticos y,
sin embargo, siempre se han dado grandes contradicciones porque hay
maneras de hacer y formas de hacer más beneficiadas por las
instituciones; es decir, obras que tienen un tipo de proyección más
modernista que contemporánea, pero independientemente de que no haya
habido facilidades para el arte experimental (que viene desde los años
80) se ha seguido produciendo y yo podría decir que ha llegado a
convertirse en una búsqueda prácticamente psicótica a pesar de que hace
poco se dio un aparente declive.
¿Cómo se da esta negación?
A
cada rato aparecen críticos de arte diciendo que el arte en Cuba está
muerto y que no hay nada bueno, pero lo que sucede es que están viendo
lo superficie porque hay mucha gente haciendo buen arte, sólo que como
sucede en todo el mundo, desgraciadamente hay muy pocas puertas de
acceso para llegar a cumplir el sueño de un artista: que su obra sea
apreciada tal y como la piensa, lo cual no es posible porque se tienen
que adaptar a determinadas situaciones, exigencias y limitaciones.
Por
eso mi postura en relación al contexto del arte no sólo cubano sino
internacional es de silencio. Silencio ante el mercado del arte, las
instituciones y eso. Es una especie de silencio a través del cual
permito que sea la obra la que hable y no yo.
Lo cual está muy bien, pues de otra forma lo obvio sería que optaras por dejar de producir...
Es
una relación de contrarios, y generalmente esa es la relación que yo
establezco en mi obra. Por ejemplo, el último proyecto que exhibí en La
Habana se tituló Variaciones Goldberg, y es como decir Silencio
absoluto porque nadie sabe qué es eso. Vaya, quien esté versado en
música sabe que estas variaciones son de Bach, y que son como treinta y
pico de variaciones sobre un solo motivo, pero la cuestión es que es
una pieza que te lleva a un éxtasis que te puede producir rechazo a la
misma vez que placer.
Arte que te altera...
Sobre todo me gusta que la obra pulule por la mente de la gente sin tener autorización previa.
Tus pinturas hacen pensar en un ejercicio de Copy/Paste por retomar piezas arqueológicas que han reproducidas hasta el cansancio...
No
es eso solamente. Ese es el problema. Se trata de un tipo de
metodología para adicionar determinados niveles de contenido a imágenes
que existen con su propio significado. Yo lo que pretendo es ingresar a
la imagen un contenido más en relación con la poética del silencio.
A
lo mejor una persona oriunda de México tiene una relación con ese tipo
de monumentos enmarcada en la historia que permea al país, pero yo,
como foráneo, independientemente de esa historia puedo ver también a la
vez un nivel de poética que la imagen evoca y que trasciende esa
historia.
El uso de esmalte dorado, por otra parte, me hace pensar en esa sobrestimación de las culturas milenarias a veces infundada.
En
esos cuadros hay algo de lo que tú dices, pero yo traté de construir la
imagen a partir de la simbología del color dorado asociado a la
perfección, lo extraterreno, lo elevado, a eso que está por encima de
la conciencia y que se asocia con la mente de Dios. En cambio, todas
mis imágenes hechas en color plateado tienen que ver con la razón
humana.
Y, por último, cómo sugieres que interpretemos esta gran caja blanca.
A esta caja yo la veo como una especie de éter, se inflama contra el espacio y aturde la mente.
La exposición Fisonomía del silencio
de Douglas Argüelles Cruz (La Habana, 1977) se inaugura hoy viernes a
las 8 PM y estará abierta al público hasta el 29 de marzo.
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