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Still Morte de Vera Mercer en la Manolo Rivero
Hey pig
Christian Núñez (Fotos: Cortesía especial de Vera Mercer para unasletras)
http://www.unasletras.com/v2/../data/625.pez.jpg
Hey pig
yeah, you
hey pig piggy pig pig pig
all of my fears came true

Piggy, Nine Inch Nails

Mérida,  26 de mayo de 2008. La galería Manolo Rivero, en manos del colectivo Front-Ground, inauguró el pasado jueves Still Morte, de la artista alemana Vera Mercer (Berlín, 1936), exposición fotográfica en gran formato que explora el tema de las naturalezas muertas.

Alrededor de sesenta personas vieron una colección de finas imágenes decadentes, donde la presencia de lo atroz y lo ordinario se transfiguran. Las series rinden homenaje a un tipo de belleza que combina elegancia y crueldad. No sé si hablar del cerdo como una metáfora del trabajo presentado en esta ocasión por Vera Mercer, cuando ella ha dicho que su obra no simboliza y no tiende a manejar contenidos ocultos. En cualquier caso, debe notarse que la cabeza de un cochino en el contexto de una naturaleza muerta, esbozando una leve sonrisa, implica ironía, no sé si en dirección al público, a los artistas, al género humano, a una persona en particular. Y el único cerdo es el de la invitación.

En The downward spiral, disco de la banda Nine Inch Nails, Piggy propone cierta sintonía con el tono de la exposición de Mercer. No, seguramente la forma de mirar Still morte debe ser otra. Busco pretextos para desviarme de la materia, del conjunto de obras que, sin preámbulos, deben considerarse extraordinarias por simple inspección. La probada técnica, el manejo de la composición, los matices cromáticos y los animales quietos –inocentes– entre copas, vegetales y ramos de flores pueblan de fantasías la mente de cualquier individuo. Los cerdos no tienen cabida aquí.

Un total de 18 piezas, ordenadas en núcleos temáticos de animales y verduras –peces muertos, patos, cebollas, el apacible venado, el sonriente cochino–,  invitan al espectador a un festín fúnebre, con la porción justa de vino entre los labios. Humberto Chávez Mayol, en la breve introducción dirigida al público, dice que ”los grandes montajes de Mercer sugieren un discurso contrastado: magnitud de la representación y preferencia en el detalle, flexibilidad de la búsqueda y precisión en el encuentro, multiplicidad en la serie y unidad del sentido.”

Detengámonos a comprobarlo. La primera fotografía corresponde a la de un venado, o a su cabeza más bien, con la mirada fija y los glóbulos oculares irradiando una luz misteriosa: transmiten calma. Mercer urde imágenes con una aguja de coser invisible, siguiendo un método de revelado particular. Toma las fotografías en cámara análoga y escanea los negativos para imprimirlas en formato digital a gran escala. Still Morte marca la incursión de la artista en el uso del color. El plumaje de los patos, de tono café con regiones teñidas de azul y verde, por citar un ejemplo, permite a la artista aprovechar al máximo la diversidad cromática. Peces castaños con velas y caracoles, un pulpo oleoso, uvas blancas, cebollas verdes, un hígado sobe una copa son otros tantos elementos cuyos colores se aprovechan al cien por ciento.

Still Morte plantea una liturgia y cada imagen explora con religiosidad las cosas terrenales. Frutas, comida, patos, peces muertos. Vera Mercer, en un tema que otros dan por agotado, introduce un lenguaje provocador para instaurar en el público ideas sorprendentes. Entre ellas, que la sonrisa de un cerdo es posible.