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Vistazo a la historia del arte y su promoción
Plástica Yucatanense 1916 - 2007
Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/515.aga.JPG
Mérida, 23 de octubre de 2007. Ahora que el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (MACAY) inauguró sus exposiciones temporales de fin de año, buena ocasión será para evaluar el papel del museo en la vida cultural de Mérida. Su decadencia es evidente; sobrevive con la misma imagen y el mismo equipo de cuando se inauguró, hace 13 años.

El MACAY está estancado en el concepto que implantó su primer director, Miguel Madrid Jaime (que en paz descanse), quien dejó de trabajar en él en septiembre de 2006.

Aparte de otras exposiciones temporales y las muestras permanentes de Fernando Castro Pacheco, Fernando García Ponce y Gabriel Ramírez, de octubre a diciembre se exhiben en el MACAY un par de muestras que reflejan el estatus de este recinto, manejado administrativamente por Carlos García Ponce a través de la Fundación MACAY.

Ambas exposiciones evidencian lo que menciono en los dos primeros párrafos. Me refiero a la muestra homenaje al museólogo Madrid Jaime y a la Panorámica de la Plástica Yucatanense 1916 – 2007, las cuales comparten características similares en la museografía, caracterizada por sobrecargar el espacio disponible y la falta de elementos nuevos (ya no digamos mobiliario) para presentar la obra, así como el hecho de restarle importancia a la información de las cédulas.

En el repaso histórico a la vida familiar y profesional de Madrid Jaime vemos sus diplomas, recuerdos de sus participaciones en conferencias, algunos escritos suyos, sus libros preferidos, objetos de uso cotidiano y demás pertenencias, incluyendo la foto de su hija Silvia, quien siempre trabajó con él en el MACAY como su brazo derecho. Hasta ese retrato está aquí, mas lo que se echa de menos es una foto o un documento donde se aprecie una función destacable del director en pro del arte de Yucatán. Nada. Don Miguel vino al sureste en el ocaso de su carrera profesional agotada durante su labor museográfica en la UNAM.

¿Cuál fue la tarea que le asignaron en la promoción del arte contemporáneo? Esa es la gran pregunta. Otra no menos importante sobre su trabajo, en general, es si realmente los objetos mostrados son congruentes con el estilo de vida que llevó este hombre, notablemente sencillo, por no decir pobre, más preocupado por teorizar que por otra cosa.

Desde esta misma perspectiva, vale preguntarnos ¿qué función relevante representa el MACAY para los artistas? Este cuestionamiento se liga a la retrospectiva de noventa años de la Plástica Yucateca debido al interés que los organizadores tienen en hacer notar que el arte en Yucatán “no surgió por generación espontánea”, tal como se lee en la hoja de sala que explica generalidades sobre la macro exposición preparada por un comité selectivo con  el apoyo del Instituto de Cultura de Yucatán y el Ayuntamiento de Mérida.

Eso de que “no surgió por generación espontánea” hace pensar en que actualmente hay quien percibe en la historia del arte un vacío, y —al parecer—ahora el MACAY asume su responsabilidad en esa falta de registro, documentación y difusión, y por eso, apoyándose en el Comité de la Plástica Yucateca Independiente, muestra este panorama amplio que, como señala Jorge Cortés Ancona (en la referida hojas de sala), “atiende a criterios históricos y no de tipo estético”.

Evidentemente, resulta ilustrativo el texto de Cortés Ancona, y su lectura es requisito para comprender qué ha pasado en la pintura y el dibujo durante los últimos 90 años, y no dudo que en la inauguración hayan repartido copias de este texto para dar a conocer el criterio curatorial, ya que en la sala donde está colocado, puede pasar desapercibido en detrimento de la comprensión de la muestra.

Yo pasé un largo rato viéndola detalladamente y creo que, aun con una rápida ojeada, esta serie de cuadros permite apreciar una fuerte tendencia hacia el retrato y el paisaje; aparte de eso sobresale la predisposición por rescatar la influencia de la cultura maya y todo aquello que sustenta la identidad yucateca en los rasgos de identidad más elementales: el hipil, la hamaca y el henequén.

Curiosamente, en el retrato hay dos obras que aportan mucha información para los efectos pretendidos; ambas son creación de pintoras que no conocía. Me refiero a Mercedes Peón Ancona, autora de “Don Rafael”, óleo sobre tela y Fina Rosa Fajardo, autora de “Niña Azul”, óleo sobre papel. Ambas obras están en la planta alta del MACAY y son propiedad de las autoras o sus familiares.

Esta colectiva continúa en la planta baja en el área conocida como Expo-Foro. Aquí hay obra actual y de diversas técnicas, donde me parece destacable un par de cuadros de Jorge Espinosa firmados en 2007.

Las paredes donde hay obra expuesta están intercaladas con puertas que dan hacia espacios deshabilitados y otras hacia negocios en pleno funcionamiento, con lo cual no dudo que sea posible comprar un par de zapatos en lo que uno ve la exposición, o de perdida es posible escuchar la conversación y la música de las dependientas, de lo más platicadoras con una gran exposición a la vista en su puerta trasera.

Eso hace atractivo al MACAY: ser, a toda costa, parte del latido de la ciudad, más ahora que rescata para sí un conjunto de piezas que lo vivifican.