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Ángeles en Tataya
Con obra inédita de Denis Bouchard
Christian Núñez (Fotos: Cortesía Galería Tataya)
http://www.unasletras.com/v2/../data/689.tata.jpg
Mérida, 8 de octubre de 2008.- Un día previo a la inauguración de Ángeles, en la Galería Tataya, se ajustan los últimos detalles. Llego caminando desde el parque de Santiago y veo la puerta semiabierta. François Valcke, el gerente, me recibe con amabilidad. Está limpiando. Su rostro me recuerda al de Samuel Beckett. Nunca se lo he dicho, aunque es obvio que la forma de mirarlo siembra indicios de mi asombro.

Pero François, contrario a Beckett, es discursivo y nació en Bélgica. Lo saludo diciendo que he llegado con media hora de anticipación. Él no tarda en ofrecerme detalles sobre el montaje y la velocidad con la que Denis R. A. Bouchard plasmó esta serie: dos meses. Que se redujeron a dos semanas, en realidad.

La producción del canadiense, fina y con elementos ornamentales, me recuerda a Klimt por el exotismo, el refinamiento de los rostros y la exuberancia de la ropa. Los formatos varían; sin embargo, ya sean pequeñas, medianas o grandes, las pinturas conservan una solidez impresionante.

Ángeles consta de 22 piezas sobre el tema de lo sagrado y la “angelicalidad” (palabra empleada en el pequeño texto de Gerardo Martínez, también administrador de la galería). Aparte del referente divino, en esta serie Bouchard incrustó piedras semipreciosas en cada una de las imágenes. Su estilo se liga con el arte bizantino. Distinguimos un toque exótico en la iconografía; predominan los dorados, azules, verdes y rojizos. Las poses destilan una espiritualidad matizada de aires carnales y (escribe Gerardo) “nos conllevan a caminos del renacimiento, el Gótico y a un asomo perspicaz de la Edad Media.”

De técnica realista, Bouchard retrata en sus personajes un fervor místico-erótico. Mientras abrazan a los niños, algunas vírgenes transmiten un dejo de sensualidad. Los ángeles se cubren el pubis tentadoramente con una mano y apuntan hacia arriba con el índice de la otra. La vida eterna se funde con la fogosidad de los sentidos.

Mientras anoto unas cuantas descripciones, François me ofrece una taza de café, y observo a una Madonna con un niño de color dorado pálido. Las dos figuras, trazadas como bocetos, portan aureolas con cristales y el vestido de la Virgen ostenta un arreglo de vidrios rojos. Cerca de ese cuadro, Cristo me observa. Encima de sus manos, cada cristal resplandece. Las piedrecillas rojas, azules, blancas y negras de su corona le dan un aire de vanidad mundana. El café está exquisito. Un ángel de cuerpo entero con el rostro tapizado de vidrios se mueve en el cielo. Otro, eleva la mano derecha y mantiene el dedo índice en alto.

Luego, vienen los sensuales. En una pared, vemos a un ser dotado de “angelicalidad” que oculta su pubis con la mano izquierda y con el brazo derecho forma un arco que le cubre parte del rostro. Un segundo ángel de rasgos delicados y cabello lacio (rizos en las puntas) lleva su mano derecha al centro del pecho, y la izquierda a la zona púbica. Lamento no estar escuchando Sinnerman, de Nina Simone, en momentos así.

Tras haberle echado un ojo a la muestra, me siento con François y Gerardo a platicar. Me queda todavía café y nuestra charla desmenuza, principalmente, asuntos como la crítica de arte en Mérida, el periodismo cultural, la reacción de los gestores culturales ante la labor de los jóvenes y, al final, hablamos también de cine. Antes de despedirme y salir de Tataya, le recomiendo a Gerardo Begotten y Decasia, dos de mis cintas favoritas. 

Ángeles se inaugura hoy miércoles a las 7 de la noche. La Galería Tataya está ubicada en la calle 72, número 478 x 53 y 55, muy cerca del parque de Santiago.