 Mérida, 5 de febrero de 2008. Llego a la Quilla (Calle 45 x 60, a un paso de Santa Ana) en medio del tráfico del Carnaval. Aterrizo. Nada ha cambiado desde la noche anterior. El espacio es el mismo. Son cuatro cuartos, uno donde se realizan las exposiciones, dos con mesas y sillas, uno grandote con la barra, y una tarima invisible por la que han pasado las principales bandas jóvenes del medio, sin importar el género. Enseguida, un patio mediano que al menos tiene una buena anécdota que contar.
Aquí, en este rinconcito del Centro Histórico, comienza el “viaje” por lo espacios independientes de Mérida. ¿Por qué? Porque cumple estrictamente, de pies a cabeza, del fondo del pozo a la cima, con el término que lo denomina: independiente. Ojo, muy distinto a lo underground; no es la intención, sería absurdo cuestionarlos por ese lado. En el grupo existe una relación fraternal, se percibe, y todos comparten un compromiso fuerte con el trabajo.
Un niño con una severa sobredosis de zunchos tiene, a las once de la noche, toda la energía que a mí me hace falta durante el día. En esta cita, desafortunadamente no todos los integrantes están presentes; atender La Quilla no es la única ocupación para ninguno. Se extraña la presencia de Pablo Games y Bogard Uc. Norma Cano, la administradora y jefa está por llegar. Raúl Peraza atiende a los clientes. Esto reduce la lista de entrevistados a tres: Karín Mijangos, Ramón Rosado, y César Cardoso. Con la exquisita música de St Germain de fondo, armados con una cerveza y un cigarro, nos sentamos a platicar.
—Primero cuéntenme un poco de su historia, ¿cuánto lleva de vida La Quilla?
Karín: Empezó hace dos años y medio. Arrancó cuando Norma y otros compañeros quisimos poner un hostal. Conseguí una casa en Santiago, y la casa se prestaba para realizar más actividades. Nosotros ya llevábamos un rato haciendo exposiciones en cantinas, sacando la revista, etcétera. Empezamos a usar el hostal como un café, con exposiciones, y proyecciones de películas. La dinámica provocó que el hostal se fuera a menos y la gente comenzó a acudir por los eventos. El dueño no nos aguantó mucho, nos mudamos a otra casa en el mismo barrio, comenzamos a vender comida (es lo que mantiene el espacio) y seguimos con los eventos hasta que también nos sacaron de ahí. Entonces nos mudamos para acá. Cuando nos dimos cuenta teníamos eventos todas las semanas. Ahora tenemos la agenda llena hasta abril. Esa es la versión resumida (risas).
—¿Qué los motivó a arrancar un espacio cultural alternativo?
Ramón: Estábamos trabajando de manera independiente con la revista y hacía falta el espacio físico. En Mérida no hay muchos lugares que se brinden para las manifestaciones alternativas. Siempre es lo mismo, “no puedes poner desnudos”, “no puedes poner penetraciones”, “no puedes poner nada en contra del status”. Estábamos un poco confundidos, ¿chinga, y entonces qué exponemos? No nos daban muchas opciones. Queríamos un espacio para hacer lo que quisiéramos sin tanto protocolo, sin tanta censura.
Karín: Como no teníamos ni nombre, ni lana, sabíamos que la institución no nos iba a dar nada.
—Hablando de eso, ¿cómo les han apoyado las instituciones?
César: Yo casi no voy a hablar porque llevo cuatro meses aquí, pero en la experiencia que tengo, he visto que el gobierno, las líneas artísticas “altas” están viendo que aquí estamos trabajando, se están fijando en lo que se está creando, ahora llaman a La Quilla y la incluyen en distintas actividades para que presenten su modelo alternativo que está jalando gente. El lugar ya tiene presencia, aunque a muchos no les guste, porque sólo conciben el arte de las vacas sagradas, los que están en un pedestal.
—¿Reciben algún apoyo económico del gobierno?
Ramón: No, no, no, al contrario, siempre hemos intentado sobrevivir de un modo autogestivo. Podemos hacer cosas en conjunto con la institución o con otros colectivos, pero lo más importante es hacer lo que en verdad queremos porque si no nos van poner una línea y nos van a decir, “esto sí, esto no”. Nunca nos han dado lana para nada.
—Este es uno de los grandes dilemas que suelen enfrentar los espacios independientes. La situación es muy clara en el caso de las revistas. ¿Si les ofrecieran dinero, lo tomarían o sienten que eso los limitaría?
Karín: Cuando recibimos la beca del PACMYC se dio eso en cierta forma. Comenzamos a hacer el espacio para nosotros mismos, y un día nos reunimos para una obra de Hugo, nos obligaron a formar un consejo, y había la intención de censurar, ¿qué onda no? La obra era fuerte, pero dentro de la línea del autor. Hubo una discusión. Empezamos esto con una idea clara, no podemos autocensurarnos. Nos vendemos, pero caro, (risas). Hasta que no lleguen al precio real vamos a seguir haciendo lo que queramos.
César: Es un chingo de lana (risas). El consejo sí ayudó a darle forma a la propuesta. Lo más interesante es que la gente viene, propone, organiza su toquín, ellos mismos gestionan todo, se promocionan. Intentamos que haya una pequeña cuota de recuperación para los músicos. Nosotros nos manteemos con la venta de alimentos, café, y el vino sagrado que estamos tomando en este momento —se refiere a una chela bien helada—. La banda, o los que se dicen “la banda”, ya creen que somos una gallina de oro, que tenemos dinero y elegimos quién entra y quién no. Sí tenemos restricciones, la gente que cree que puede venir aquí a darse un toque, pues no pasa. A nivel legal no se puede, y tienen que entender que el valor del lugar está por encima de eso.
—¿Cómo les ha respondido el público?
Ramón: Por la dinámica diversa de los eventos nos mantenemos en una buena situación. Igual vienen grupos de hip-hop que músicos electrónicos, gente que hace reggae, ska, metal, etcétera.
La gente identifica a La Quilla con un espacio en el que hay de todo, y por eso viene público diverso. Hemos logrado juntar metaleros con hippies (risas). Convive mucha fauna diferente, pero es padre, es precisamente de lo que se trata el movimiento alternativo. Puedes tener tu trip acá y encontrarte con otra gente, aunque no compartan la misma filosofía.
—¿Cuál ha sido el momento más difícil, de crisis?
Karín: Ha habido varios, pero el más denso fue... Un día se nos cayó un cabrón al pozo (risas nerviosas de todos, incrédulas de mi parte). Todo se dio de manera muy natural, empezó la revista y la beca, y la otra beca. De repente, en medio del desmadre, nos dimos cuenta de que ya teníamos responsabilidades legales, y si le pasa algo a alguien estás adentro, y entonces… pasó… Ese guey se cayó al pozo. Inclusive tiene su corrido. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que había que hacer un alto y revisar todo. Porque también comenzamos en la rutina de eventos, eventos, eventos por eventos, y decidimos descansar un mes. Ahora estamos espaciando los eventos un poco más, intentando que sean propuestas valiosas.
—¿Una buena anécdota?
Karín: Uno de los que más recuerdo fue en La Quilla anterior cuando tocó una banda entre electrónico y reggae, una banda muy diversa. Estábamos despachando y comenzaron a llegar punks y gente muy fresa. Ya sabes, la división natural, “uuuuy un naco”, “uuuuy, un fresa”. Pero comenzamos a atender en la barra, y como a la media noche se juntaron, hasta acabaron de compadres, veías a niñas súper fresas con cabrones bizarros. Esa noche específicamente la gente agarró muy bien la onda, se dieron cuenta que La Quilla es muy diferente a lo que sucede en los bares de aquí.
César: A mí me gustó ese lapsus en el que decidimos replantearnos todo, en diciembre, después del evento del pozo que salió en los periódicos, hasta lo puedes ver en youtube (más risas). Ese es para mí el momento del realce, decidimos cómo queríamos crecer cultura y emocionalmente. Y ojalá en algún futuro pueda impactar económicamente en nosotros que nos estamos rompiendo el lomo, sobre todo los que arrancaron desde el principio y han invertido mucho dinero. Siempre que hay trabajo por hacer aquí, para mí es muy satisfactorio echar la mano.
Ramón: Han sido muchos. Vienes a trabajar, aunque no deje mucho, pero es satisfactorio porque haces lo que te gusta, estás con la banda, conoces un chingo de gente con distintas formas de pensar. Cada noche, cada evento, te da cierta satisfacción lo que aprendes de la gente. Y también de ver cómo la gente hace suyo el proyecto. Ha habido muchas exposiciones de impacto positivo. Siempre hay algo satisfactorio cuando nos asomamos por aquí.
—¿Qué planes hay para el 2008? ¿Eventos? ¿Exposiciones? ¿Tocadas?
Karín: Esa la respondo yo porque yo tengo el calendario. Tenemos en mayo, el festival de fotografía.
Ramón: Jornadas y encuentros con imágenes, mayo 2008. Vamos a hacer una exposición internacional con gente de otros países. En abril vamos a traer la Feria de Documentales Ambulante y vamos a tener una plática con uno de los directores. Los ciclos de cine ya se retomaron. En junio tenemos el homenaje a Roy Sobrino que va a estar chido. Está el aniversario de Alterarte en septiembre, el aniversario de La Quilla en noviembre...
Karín: También vamos a sacar la exposición Nohoch, una convocatoria abierta de plástica. La idea es romper con la dinámica de las exposiciones. Queremos hacer algo grande. Por darte un ejemplo: vas a tener que mandar las coordenadas geográficas de donde esté tu pieza para que podamos ir a verla, no siempre la van a poder traer. Estamos manejando la categoría de intervención urbana, va a ganar el premio el que tenga el mayor número de intervenciones urbanas. La pintura tendrá que ser echa con rodillo o brocha de cinco pulgadas, no menos (risas).
César: También estamos viendo si viene Sargento García para marzo. Ya sólo falta una firma y conseguir un espacio más grande. Igual estamos viendo si traemos a un fotoperiodista genial que se llama Michael Kenneth. A ver si en el otoño cultural. Es un personaje importante internacionalmente que ha tomado fotos de niños guerrilleros, por ejemplo.
Karín: Una cosa más. El año pasado aproveché que estaba estudiando la maestría en Sevilla y nos colamos en un encuentro de gente que está haciendo esto mismo en España. Lo van a repetir en 2009 y ya estamos invitados. Vamos a ver si nos patrocinan el viaje. El evento se llama Vulgarizarte, lo puedes encontrar en internet (Los que quieran consultar más información y estar pendientes del calendario, pueden visitar www.laquilla.blogspot.com).
—Utópicamente, ¿qué les gustaría traer a La Quilla? ¿Dónde les gustaría estar en un par de años?
Ramón: Estuvimos a punto de agrandar el espacio, pero por diversos motivos tuvimos que dar marcha atrás. Queríamos un lugar donde dar cursos, tener la sala de lectura, una tienda para vender a los artistas locales. Era una idea muy ambiciosa que iba de la mano de La Quilla. Desgraciadamente no se pudo en ese momento, pero esperamos que próximamente lo podamos realizar.
Al final, tomamos las fotos en un ambiente muy relajado, divertido, coherente con el resto de la conversación, un verdadero descanso para los que cubrimos eventos institucionales, desmedidamente burocráticos, con claro trasfondo político. Afortunadamente Norma regresa de su viaje a tiempo para decir “chizzzz”. Posan detrás de la barra, simbolizan la ausencia de Pablo y Bogar con máscaras que los representan. Sigue el cotorreo. Me entero de la versión completa del sujeto del pozo, y algunas historias más. Me despido de todos, parece que ya se le pasó el trip al niño, descansa frente a la tele.
Después le doy un aventón a César. En el camino me cuenta de sus viajes, los giros de la vida… De una forma extraña parece que todos los caminos estaban trazados para que regresara a Mérida a incorporarse al proyecto que iniciaron sus amigos. No gana mucho, pero está contento, trabaja para un espacio independiente que está marcando la pauta para que se abran muchos más.
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