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La sociedad ya defiende su patrimonio
I Congreso Internacional de Centros Históricos en Mérida
Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón
http://www.unasletras.com/v2/../data/556.cent.JPG
Mérida, 11 de enero de 2008. A sus 466 años, Mérida, la capital de Yucatán, se convierte en anfitriona de un encuentro de especialistas abocados al estudio y conservación de los Centros Históricos del mundo. De esta manera, aquí, donde ciertamente se nota el abandono del primer cuadro de la ciudad, se dan —por fin— pasos firmes para revalorar la riqueza del patrimonio arquitectónico de todas las épocas.

Organizado por el Patronato del Centro Histórico de Mérida y el Consejo Nacional de Centros Históricos, este primer congreso internacional coincide con la celebración del aniversario de Mérida y, por lo tanto, se nutre de la activa agenda cultural de la ciudad. Caminando en el centro se puede pasar tranquilamente de un recital de piano y violín a una exposición, y luego, si se quiere, a escuchar jazz en vivo y contemplar las estrellas.

En este contexto, el arquitecto Marco Tulio Peraza dio la bienvenida a los participantes del Congreso en la terraza de un hotel que muchos años estuvo en ruinas, y en cambio hoy es de los espacios que se enseñorean con la hermosa austeridad de la piedra.

¿Qué espera de este Congreso como investigador y como Secretario del Patronato del Centro Histórico de Mérida?

—A mí lo que me parece más importante de este Congreso, es que desde que yo recuerdo, y ya tengo 30 años trabajando en asuntos relacionados, con la conservación, es la primera vez que en Yucatán se hace un evento con participación no sólo del sector académico, el que a fin de cuentas siempre ha estado interesado en el tema por obvias razones, sino que ahora lo ha tomado también la iniciativa privada y organizaciones ciudadanas de la sociedad civil, y ahí reside la importancia de este evento. El Congreso conjuga el interés de diferentes sectores de la sociedad. Aquí están presentes autoridades de los tres niveles de gobierno, empresarios, organismos civiles y, desde luego universidades.

¿Se puede decir, entonces, que después de 30 años finalmente se le da su lugar al tema del Centro Histórico?

—Así es. Es más o menos esa temporalidad la que marca la diferencia. Hace 30 años todavía estábamos viendo desaparecer edificios como El Olimpo (hoy convertido en Centro Cultural ubicado a un costado del Palacio Municipal) y edificios en el Paseo de Montejo; eso hoy día se antojaría casi imposible, y no por la normatividad que, de hecho, ha estado vigente durante todo este tiempo, sino porque la misma sociedad no es sólo un ente que vigila, sino que tiene una actitud bastante activa en la salvaguarda del patrimonio.

¿Cuáles son los logros concretos en mejoras del Centro Histórico de Mérida?

—Lo primero que señalaría es la conciencia ciudadana. Lo que hoy se habla en relación a la necesidad de proteger el Centro Histórico y la identificación que tienen los ciudadanos con él, es muy diferente a lo que pasaba hace 30 años. En segundo lugar, hay un enriquecimiento de la normatividad; de contar meramente con un marco legal de carácter federal en los años setenta ( Ley Federal de Protección Patrimonial), ha habido una apertura, sobre todo en los niveles municipales. Por otra parte, también ha mejorado mucho el trabajo de investigación, fundamental en esta materia. Lo que se ha hecho en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán y en las nuevas universidades en relación a la difusión del patrimonio, ha ayudado en buena medida a que sea apreciado.

¿Es real la incidencia de los investigadores en el problema del Centro Histórico?

—Sí, desde luego, lo que pasa es que esta incidencia no siempre es tan clara y tan manifiesta, pero sí está presente y ha sido imprescindible. Me refiero a que normalmente pensamos que las leyes están hechas por las autoridades, y no nos ponemos a pensar que las leyes son producto del conocimiento que se tiene de los problemas que tratan de resolverse, y ese conocimiento lo aporta el sector académico. Donde no se ha dado esa labor académica no existe este tipo de protección patrimonial.

Por lo que se ve en el programa, Campeche tiene una participación importante en este congreso. ¿Sigue siendo para Mérida un modelo a seguir tal como en algún momento lo comentó Jorge Manzanilla, presidente del Patronato del Centro Histórico de Mérida?

—Sí. Campeche es un hito aquí en el Sureste, sobre todo. Es la expresión de un modelo de conservación que ha dado resultados muy evidentes y que, por lo tanto, es muy respetable, pero tenemos que darnos cuenta de que no es el único modelo y de que no es, a largo plazo, el que puede redundar en mayores beneficios.

¿Por qué razón?

—Porque Campeche está basado en la inversión pública y el trabajo no se puede reducir a esto. Campeche ha logrado rescatar su fisonomía, cierto, pero le queda mucho por hacer al interior de los edificios, pues todavía no están siendo usados y, por lo tanto, ahí amerita la participación del sector privado y de la sociedad civil para que realmente haya un rescate completo. Esa es la preocupación que nosotros tenemos, que no se piense  solamente que basta la inversión del Estado para resolver los problemas. Nosotros en Mérida queremos que haya intervención del sector privado y del sector social.

Marco Tulio Peraza, es autor de La memoria inmediata (CONACYT/Universidad Autónoma de Yucatán), su libro más reciente,  el cual presentará en este congreso y que seguramente despertará mucho interés dado que sustenta, por ejemplo, que el patrimonio de la primera mitad del siglo XX, incluyendo la herencia porfiriana, tiene un esplendor mayor que el patrimonio colonial desde el punto de vista de su riqueza artística.

El investigador se refiere al legado arquitectónico orgullo de los meridanos que se concentra en Paseo de Montejo, por ejemplo, una de las avenidas principales y más bellas de Mérida y que pertenece, claro, al Centro Histórico, la cual pese a toda la admiración de que es objeto, Marco Tulio Peraza insiste en que merece una revaloración bajo la categoría de patrimonio reciente, lo mismo que el infinitamente fotografiado mercado municipal Lúcas de Gálvez, otra joya defendida a capa y espada por el investigador y otros arquitectos dedicados a glorificar el pasado en el libro La memoria inmediata, título que habla por sí mismo, implica replantear la mirada hacia el siglo XX.

El I Congreso Internacional de Centros Históricos, que concluye el próximo día 12 dedica atención especial al Centro Histórico de Madrid y hace énfasis en el turismo cultural.