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| Noticias del Centro Histórico |
| Del derrumbe de muros a la estimulación del delito |
| Texto y fotos: Eugenia Montalván Colón |
 Mérida,22 de agosto de 2008. Aun cuando el Centro Histórico de Mérida adolecede abandono, quienes deciden restaurar una casa antigua se enfrentancon tres grandes dificultades: la especulación inmobiliaria, lostrámites para conseguir el aval del Instituto Nacional de Antropologíae Historia (INAH) para construir, y la seguridad. Debido a esto y otrascausas, es notable el caos arquitectónico en el Centro de la capitalyucateca. Obvio,hay zonas en mejores condiciones que otras, y se nota la inversión quehan hecho algunos extranjeros, principalmente, sin embargo, losaspectos más importantes están siendo desatendidos: inversión federal,limpieza y vigilancia. Adiario observo la situación que prevalece en el Centro porque vivo aquíy, además, desde hace algunos meses superviso la restauración de unacasa de al menos trescientos años de antigüedad, la cual se convertiráen unas letras industria cultural,centro de actividades para la promoción de la educación y el arte. Ladirección es Calle 64 No. 560 entre 71 y 73, cerca de la Ermita deSanta Isabel. Soy propietaria de esta casa y construyo gracias a que,como empresaria, obtuve un crédito de la Dirección de Fomento Económicodel Gobierno del Estado. Recibí el dinero el 1 de agosto y la fecha queme fijé para inaugurar este espacio es el 1 de diciembre; para entoncesllevaré 13 años y medio de actividad ininterrumpida como empresariacultural en Mérida. Mi casa está catalogada como Patrimonio Histórico y, según la Dirección de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de Mérida, es Monumento Nacional. En el frente hay una placa que certifica esta categoría.
El predio de mi vecino, Joaquín Federico Escalante Peón, aunque originalmente quizá fue uno solo con el mío y el que sigue a éste del lado derecho, es un muladar. No tiene puerta. Hace años que se convirtió en una pocilga atractiva para cantidad de personas que entran a satisfacer varias necesidades: 1. Cagar, 2. Alcoholizarse, 3. Usar drogas, y 4. Tener relaciones sexuales, probablemente.
A nombre de Joaquín Federico Escalante Peón hay un expediente abierto (Número 537/2007) en el departamento jurídico del Ayuntamiento de Mérida urgiéndole a limpiar el terreno y cerrar el acceso. No ha hecho caso.
Esa casa se cayó debido al paso del tiempo y la imperativa voluntad de su propietario de acabar con ella. Al parecer, tener una casa antigua en el Centro es algo de lo que hay que avergonzarse. Eso hacen pensar Escalante Peón y mil propietarios más, afortunados herederos que residen, por lo general, en el norte de la ciudad.
A esos yucatecos se les olvida que Mérida fue la primera urbe que tuvo luz eléctrica en México gracias a la clase empresarial que hizo fortuna con la producción y exportación del henequén (siglo XIX y principios del XX), notoriedad social que persiguieron por orgullo propio, seguramente, actitud que en la actualidad no tiene parangón.
El predio abandonado en la Calle 64 No. 558 da asco, y ya no es posible tolerar la contaminación e inseguridad que genera; la queja por parte de los vecinos, sean ancianos o los niños de la Escuela Primaria Vicente María Velázquez, localizada en la misma cuadra, es constante.
Predios abandonados como éste estimulan la delincuencia, y justamente el domingo un grupo de ladrones entró y salió de mi casa con una carretilla llena de herramientas aprovechando las facilidades que les brinda Escalante Peón.
Tenemos el testimonio de una familia que se percató del acto, y si bien yo me enteré hasta el lunes, llamé a la policía cuando uno de los albañiles divisó gente en ese lugar. Los uniformados de la Policía Municipal llegaron enseguida, pero de nada sirvió. Pese a entrar en montón, al salir dijeron que ahí no había nadie, y se desentendieron inmediatamente debido a que, según ellos, esta zona del Centro no está bajo su responsabilidad, algo bastante extraño considerando que estamos a 6 cuadras del Palacio Municipal, precisamente, y a 6 del Palacio de Gobierno y la Catedral.
Cuando el policía Fernando Javier Cauich dijo tal cosa, me enojé muchísimo. Otros policías, sin que me diera cuenta, habían entrado ya a mi casa y al salir reafirmaron lo que su compañero me estaba diciendo. A ellos no les compete trabajar aquí.
Entonces, llamé a la Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno del Estado, cuyos agentes acudieron a mi súplica de ayuda 25 minutos después.
Protegidos con poderosos chalecos, varios hombres descendieron de una camioneta y escucharon mi denuncia. José Eleuterio Díaz Ché habló en nombre de todos ellos y me dijo que esta calle no está bajo su potestad, que llamara a la Policía Municipal.
Entré a la casa a decirle a los albañiles y a la arquitecta María Cristina Álamo, contratista al frente de la obra, que me iba a ver al Jefe de la Policía, Francisco Calero. Al salir a la calle con la arquitecta vimos salir del predio contiguo a un hombre.
Francisco Calero no me recibió. Sergio Enríquez, encargado de comunicación social, lo disculpó ante mi indignación por su desinterés. Insistí en que mi denuncia no era por el robo de las herramientas que ocurrió el domingo a medio día, sino la amenazante inseguridad que representa un predio más en total abandono en el primer cuadro de la ciudad.
Más tarde, Sergio Enríquez arregló una cita para mí con Arturo Romero, quien me escuchó y respondió lo mínimo necesario. Efectivamente, la Calle 64 entre 71 y 73 del Centro Histórico está bajo su responsabilidad. Se comprometió a vigilar.
Oscar Castillo, del departamento Jurídico del Ayuntamiento, igualmente escuchó mi demanda, y el martes me garantizó que ésta había quedado registrada con el número DC-312-2008. Su compromiso es llamar a Joaquín Federico Escalante Peón, si es que no lo llamaron ya, e insistir en lo básico: que limpie su predio, lo desyerbe y garantice seguridad a los vecinos.
En todo este caso está implicado, por supuesto, Luis Ojeda, promotor del proyecto de restauración de esta área del Centro Histórico desde un rimbombante cargo administrativo en la Dirección de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de Mérida. Él fue quien por primera vez me notificó acerca de las llamadas de atención a Escalante Peón. En realidad, todo está vinculado; no es suficiente con pintar fachadas y hacer rondas de vigilancia en bicicleta. La Policía Municipal ha de tomar en serio las denuncias acerca de los factores negativos que conlleva vivir y trabajar en el Centro Histórico donde, por cierto, la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) invierte millones de pesos.
Texto publicado hoy viernes 22 de agosto de 2008 en El Financiero.
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