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| Repaso histórico desde la arquitectura |
| Por Mérida, Valladolid, Izamal y Campeche |
| Eugenia Montalván Colón |
 Mérida, 4 de octubre. Hace unos días se presentó el libro Espacios de identidad. La centralidad urbana y el espacio colectivo en el desarrollo histórico de Yucatán de Marco Tulio Peraza Guzmán, profesor-investigador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. El autor nos recibió en su cubículo en el Ex-convento de Mejorada en el Centro Histórico de la ciudad, un barrio oscuro y hasta cierto punto solitario durante las noches; en el día le dan vida los pocos feligreses que acuden a la iglesia, el movimiento de la propia Facultad y el barullo de la escuela primaria aledaña, algunas oficinas, la Escuela de Música del Instituto de Cultura de Yucatán y el Centro Cultural del Niño Yucateco (CECUNY), todo esto complementado con un restaurante de comida típica cuya fama está muy venida a menos y una cantina bastante frecuentada; tal como denotan las bicis estacionadas en la puerta.
Por supuesto, el servicio de mudanza emplazado aquí al igual que el sitio de taxis, la farmacia, las fotocopiadoras y cuanto changarro hay alrededor conforman el espíritu de la Mejorada o, dicho de otra forma, su centralidad, concepto clave que Marco Tulio Peraza Guzmán desmenuza en su obra, tesis doctoral en arquitectura por la UNAM.
-¿Qué significa exactamente centralidad?
-El concepto centralidad implica la capacidad de nucleación en donde sea, barrios, colonias, áreas de la periferia, etc., que requieran un centro propio.
-¿Y qué definición nos propone de espacio colectivo?
- El espacio colectivo es, a fin de cuentas, lo que propicia la organización de la ciudad, es decir, su funcionalidad, pues si no existe una adecuada planificación, la ciudad se desorganiza, se desequilibra... Yo sostengo en el libro que el espacio colectivo histórico es el espacio colonial, pero también el espacio porfiriano, pues muchos elementos de éste reflejan principios que rigen un sistema de organización particular.
Marco Tulio Peraza Guzmán, integrante del Patronato del Centro Histórico, habla en su libro del valor del espacio colectivo del centro y sus equipamientos edificados con usos sociales diversos aclarando que no todo el espacio colectivo es público y que, de hecho, durante una época fue muy común que las iglesias las construyeran particulares.
En conjunto, entonces, los capítulos de Espacios de identidad invitan a reflexionar sobre infinidad de temas, como la entrevista misma, en la que el autor plantea, por ejemplo, que uno de los problemas principales de las ciudades modernas es que la gente las percibe amorfas y dispersas, a diferencia de las ciudades antiguas.
-Es que lo son -le digo. Mérida, al menos, tiende al caos.
-Lo que pasa, responde, es que actualmente no hay una jerarquía de espacios, mientras que en la ciudad histórica sí, y muy clara. Existía un núcleo central y los barrios funcionaban como núcleos colindantes; en ese sentido, no había un rumbo en particular mejor o peor, todos eran iguales, no como nos pasa ahora, que tenemos sectores sociales asentados, geográficamente hablando, lo que hace mucho más cara la administración de la ciudad ya que todo el sector sur prácticamente depende del gasto público. Por lo tanto, es muy caro mantener a las tres cuartas partes de la población que vive ahí. Si esta gente estuviera viviendo junto con la gente que tiene recursos la ciudad se ahorraría mucho en infraestructura.
Esto parece utópico, recapacita, pero ocurre, y lo podemos constatar en la colonia Chuburná, en Mérida, o en Coyoacán y Tlalpan en la ciudad de México. Se trata de pueblos que se convirtieron en colonias, y ahí se vive perfectamente. La mezcla no es mala.
Profundizando en el tema, Marco Tulio sostiene que la gente de escasos recursos tiene una vocación comunitaria muy fuerte, y ésta se traduce en una gran diversidad de actividades y costumbres que, amalgamadas con la clase económicamente más fuerte, beneficiarían a ambas. Estar todos los pobres juntos y todos los ricos juntos ocasiona problemas de diferente índole y polariza a la sociedad.
-¿Por qué delimitó su estudio a las ciudades de Valladolid, Mérida, Izamal y Campeche?
-Desde el punto de vista histórico son las más importantes.En la época colonial Mérida fue capital provincial; Campeche, el principal puerto exportador; Valladolid, la ciudad al interior más importante de todas, e Izamal fungió como el centro de religión no sólo de la cultura prehispánica sino también de buena parte de la labor franciscana. A diferencia de Bacalar, que nunca se pudo consolidar, Izamal es un caso excepcional porque fue un lugar simbólico de gran importancia. Ahí se hacían las grandes concentraciones anuales de los pueblos mayas y en la Colonia se siguió el mismo principio. No perdamos de vista que la Virgen de Yucatán es la Virgen de Izamal, lo que significa que simplemente se dio un sincretismo: se pasó de la adoración indígena a la adoración mestiza, y hoy Izamal sigue siendo la principal ciudad desde el punto de vista simbólico, eso le da una prominencia por encima de otras.
-¿De qué manera se teoriza actualmente el sentimiento de pertenencia o, dicho en otras palabras, amor y desamor que la gente siente por su ciudad?
-Precisamente este tema está planteado en los términos de la identidad. Partamos, por ejemplo, de que el centro de la ciudad no es cualquier lugar, es el más importante en muchos sentidos, pero sobre todo desde el punto de vista simbólico. La gente se identifica con el centro histórico, independientemente del lugar de la ciudad en donde viva. Es lo más representativo desde el punto de vista de nuestra memoria y de lo que nos identifica como ciudadanos. El centro, justamente por su carácter polivalente, es de todos.
En el caso de Mérida, explia, en él residen el poder eclesiástico, el municipal y estuvo, antes de la sede del gobierno federal, el gobierno de la Colonia, y aquí se concentró, igualmente, el poder del ejército: la Casa de Montejo. Montejo, no perdamos de vista, era el General de los Ejércitos de la Conquista.
Precisando la idea, Marco Tulio Peraza comentó: el hecho de que en el centro estuviera nucleado todo es un concepto único para su tiempo. Si observamos, en Europa existen plazuelas para cada uno de los poderes. Prácticamente en el siglo XVI no existía ninguna ciudad que tuviera sus poderes ubicados en un solo punto; esa fue una invención americana, y la simbiosis se suscita por principio de economía de los conquistadores.
-Si tomamos en cuenta la revaloración que actualmente se le pretende dar al centro histórico de Mérida su campo de incidencia se amplía, ¿hasta qué punto es accesible al gran público?
-El libro no nace de un conocimiento abstracto conceptual solamente; está hecho de tal forma que exprese estas ideas conceptuales de una manera práctica. Si tú me preguntas si está hecho para cualquier persona, yo te respondería que sí. Si lo lees te vas a dar cuenta que el carácter histórico ayuda mucho; en un momento dado es una narración, y las narraciones son accesibles a todos.
Mi intención fue hacer una reinterpretación de la historia del desarrollo urbano diferenciando las aportaciones de cada etapa histórica: del siglo XVI a principios del XX y cómo éstas se sobrepusieron, pues rara vez alguna de ellas desaparece. Sin embargo, puntualiza, existe una clara ruptura, y ésta se puede identificar prácticamente en el momento en que la ciudad excede los límites de lo que fue la ciudad histórica: o sea, los barrios.
Las colonias que surgen a principios de siglo XX responden a patrones de desarrollo diferentes, y si bien en el libro hago el señalamiento de algunos casos en donde las colonias siguieron el mismo patrón de los barrios, demarco algunas innovaciones, sobre todo en las que se incorporaron elementos del urbanismo norteamericano.
El libro se puede apreciar, entonces, como un fiel retrato de Mérida, el autor la reinterpreta en función de sus espacios más oscuros y también los más vivos.
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