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Rigo: leyenda urbana
Cuida coches en la Calle 53 entre 56 y 54 del Centro Histórico
Texto tomado de Ornitorrinco, publicación bimestral de la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Fotos: unas letras
http://www.unasletras.com/v2/../data/407.rigo.JPG

Mérida, 3 de abril de 2007. Una cuadra del centro de la ciudad de Mérida: el territorio de Rigo. Regularmente llega antes de las 8 AM, hora en que comienza el movimiento laboral en aquel sitio. Lo conocí aproximadamente hace unos 13 años. Yo cursaba la preparatoria, y la ruta del camión pasaba por la academia de inglés “Benjamin Franklin”, algo así como la Harmon Hall meridana de los ochenta y noventa. Ahí, en su puerta, posaba Rigo, de cabellera hasta los hombros, bigote semilargo,  con traje de vigilante azul marino y gorra de tono oscuro. Claro, sin faltar sus característicos lentes tipo piloto, como aquellos que usaba su ídolo musical, el del éxito del sirenito. Todos los muchachos de la prepa vitoreaban desde las ventanillas del camión: ¡Rigo, Rigo!, y éste respondía con una enorme sonrisa y la mano en señal de amor y paz. Nunca dio el saltito, por más que se le pedía.

Rigo dice que no es vigilante, es cuida coches. Aunque use trajes de vigilante de empresa privada, sólo son obsequios que algunos amigos le han hecho. Su “look” no es una imitación, nunca intentó parecerse a Rigo Tovar, nació parecido. En los años ochenta, el peculiar cuida coches solía asistir a los bailongos en los municipios del interior del estado, donde se presentaba la estrella de la música tropical. En la última presentación a la que acudió en el pueblo de Akil, Rigo Tovar lo vio, reconociéndolo ante el público presente como su alma gemela, quizás su hermano. Rigo, el cuida coches aceptó el reconocimiento.

Rigo dirige amablemente a la gente para estacionar sus carros, ahora s unas tres cuadras de donde lo conocí. Desde hace 2 años, el cambio de reglamentos viales fue la causa para que emigrara al sitio actual. Sus ingresos bajaron; ahora es más difícil ir por unas chelas al medio día, sin embargo, como sea, todos los días lleva a casa algo para comer. Nunca se casó, sólo se juntó, teniendo cuatro hijos, todos trabajando ya. Muchas chicas conoció. Su gran parecido a la estrella musical le favorecía, pero no recuerda los hombres de aquéllas, muchas de ellas, clientas de la fila de su escarpa, que conquistaba con su trato de “cáeme bien” y su franela especial colgada en la cadera. Rigo no siempre fue cuida coches, también trabajó de vendedor de línea blanca (la legal), de ahí precisamente se conectó con el oficio de franelero, aprovechando la buena afluencia de carros a las puertas del local de muebles, oficio que le pareció más provechoso y sincero que las ventas. Siempre quiso ser diligenciero, en moto o bicicleta.

Rigo termina su jornada regularmente a las 7 PM, y los domingos no trabaja, a no ser que sea Carnaval.