Mérida, 30 de julio de 2007. La inauguración del nuevo Museo de Arte Popular Mexicano en su nueva sede (“Casa Molina”, calle 50 No. 487 entre 57 y 59 en el Centro Histórico) estaba programada para el miércoles 25, pero por razones que no se explicaron a tiempo, se pospuso para el sábado 28 en la tarde. La reportera María José Evia Herrero hizo una nota a partir del recorrido que el Instituto de Cultura de Yucatán organizó para los representantes de los medios de comunicación, el jueves. En su relato podremos ver la desorganización que reinaba entonces. Desorganización inexplicable tratándose del último evento de la administración panista, que finalmente concluyó en un acalorado acto protocolar presidido por Domingo Rodríguez Semerena, titular del ICY, el gobernador Patricio Patrón Laviada y Roberto Hernández (el único que reconoció que la apertura de “Casa Molina” se complicó muchísimo, ¡ni que lo diga!) y Cándida Fernández de Patronato Cultural Banamex. En representación de los artesanos, don Tato Ramos cortó el listón de este sitio que, de entrada, pretende acercar a los artesanos con los consumidores, para lo cual existen cada día más espacios en esta ciudad. Ahora será cuestión de ver cómo fluctúa el mercado. De entrada, aquí, en Casa Molina, un collar de cocoyol cuesta $600 pesos.
A continuación la nota de María José Evia Herrero.
Cuando llegué a la inauguración de “Casa Molina”, la puerta estaba cerrada. Toqué, y me abrió Elidé Soberanis, directora de Comunicación Social del Instituto de Cultura; me explicó que el evento no se llevaría a cabo, pero me invitó a a ver la única sala abierta: la exposición temporal de alebrijes, propiedad del Fomento Cultural Banamex.
Un grupo de aproximadamente 20 personas, que tampoco se habían enterado de la cancelación, admiraba ya esas fantásticas criaturas. Después eché un ojo al trabajo de restauración del edificio, y con una invitación a un tour especial para prensa al día siguiente, me retiré sumamente extrañada con la cancelación imprevista del evento.
Fue en el recorrido especial cuando pude observar el resto de las salas, tomar datos y enterarme de la historia de este Museo, construido en 1900, y cuya colección consta de aproximadamente 600 piezas, 130 de ellas otorgadas en comodato por Fomento Cultural Banamex.
La "Casa Molina¨ está dividida en 6 salas de exposición, todas localizadas en la planta alta. En la planta baja se encuentran una sala introductoria, la sala de exposiciones temporales y las oficinas. Las salas que visitamos están dedicadas al barro y la madera, con piezas de Yucatán, Oaxaca, Jalisco, Guerrero, Michoacán y otros estados. Addy Rosa Cuaic, ex directora del Museo que originalmente albergó esta colección, y que se localizaba sobre la Calle 59, a las espaldas de la Iglesia de Mejorada, explicó detalladamente algunas técnicas empleadas en la elaboración de ests piezas, a reserva de que posteriormente coloquen las cédulas correspondientes en las salas.
Entre otras cosas, apreciamos un baúl elaborado con la técnica de rayado, la cual consiste en poner colores uno sobre otro, para después, con una espina, rayar poco a poco la superficie y crear un original diseño. También están en exhibición vasijas y platones hechos en lámina de oro, el clásico barro negro de Oaxaca, y piezas que ilustran la cosmovisión de los diferentes pueblos de México; así como un Marembolo, instrumento de origen africano que es muy difícil de encontrar en al actualidad.
En el recorrido por la casona recién restaurada estuvieron presentes Domingo Rodríguez, director del Instituto de Cultura y Maureen Ranson, directora de Patrimonio Cultural, y Addy Rosa Cuaic, eventual directora del museo con una trayectoria reconocida. Más tarde se unió a la visita María Teresa Pomar Aguilar, curadora de la exposición, crédito que comparte con Cándida Fernández de Calderón.
María Teresa Pomar explicó que el museo se montó con el criterio de que “Yucatán no es una ínsula” y, por lo tanto, se trató de representar a toda la República, ya que las piezas pretenden ligar a las distintas culturas populares. También lamentó que muchas piezas se hayan dañado en los 15 años que el museo permaneció cerrado, pero dijo que éstas fueron repuestas, ya que la reapertura fue un trabajo conjunto del gobierno del Estado, Fomento Cultual Banamex, la Fundación Pedro y Elena Hernández y Amigos del Museo de Arte Popular de Yucatán. Por último mencionó que “Yucatán es muy rico, pero en Sonora no lo saben, y Sonora es muy rico, pero en Yucatán no lo saben”, recalcando que la labor de este espacio es unir a las culturas del país, y darle un lugar digno al artista popular.
La inversión en este museo, según Domingo Rodríguez Semerena, fue de aproximadamente 5 millones de pesos, ya que no sólo se restauró el edificio, sino también el 90% de las piezas. Mencionó también que el Museo de Arte Popular será otro punto importante en el barrio Mejorada, que se está convirtiendo en un barrio con vocación cultural y educativa, ya que aquí se localiza también la Facultad de Arquitectura, la Escuela Superior de Artes de Yucatán (en las instalaciones de lo que fue la Estación de Ferrocarriles) y el Museo de la Canción.
La reseña histórica del Museo de Arte Popular se sintetiza en las dificultades por las que ha atravesado, pues si bien existe desde hace 26 años, más de la mitad de este tiempo ha permanecido cerrado al público, y el resto funcionó en condiciones museográficas y de difusión muy pobres.
Finalmente, a unos días de concluir la administración gubernamental, todo parecería tomar un nuevo rumbo, sin embargo, las prisas y la desorganización son evidentes. Por ejemplo, mientras nosotros recorríamos las instalaciones, las autoridades recibían llamadas al celular preguntando por las llaves de la antigua sede que estaba siendo entregada en el mismo momento.
De cualquier forma, aunque sea evidente que la museografía está inacabada y estén claros los detalles por resolver en la restauración, el espacio es adecuado, y el concepto, necesario. El compromiso de conservar, exhibir y difundir el arte popular es muy importante, así como los planes de ofrecer programas educativos y talleres.
Por último, hay que estar pendientes del horario definitivo. Ante los medios de comunicación, los encargados de dar la información, titubearon bastante, y el folleto que imprimeron, sin embargo, presenta el siguiente horario: martes a sábado de 9:30 a 16:30 horas. El costo de entrada es de $30. Los domingos estará abierto de de 9 am a 2 pm, y la entrada es libre. Niños menos de 10 años y personas de la tercera edad con creddencial del INSEN o IFE pasan gratuitamente.
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