
Ya en 1992 Emilio García Riera comentó que nunca antes se había visto tanto cine mexicano, pero ya no en la pantalla grande, sino en la televisión. Decía, por lo tanto, que la historia del cine mexicano no era la historia de un cine muerto y olvidado. Si bien películas como Nosotros los pobres fueron gran éxito de taquilla, su público no puede compararse con el que las ha visto en la televisión. Si antes en el cine se podían ver 2 películas mexicanas por semana en una sala cinematográfica, escribió Emilio, en 1992 se podían ver más de 20 en televisión; hoy día esa comparación es todavía más impactante, con la existencia de aquellos canales en cable dedicados a proyectar cine mexicano las 24 horas del día y dado que casi todos los canales abiertos de televisión proyectan cine mexicano constantemente. Algunas de estas películas forman parte de nuestra memoria colectiva y otras más salen de la oscuridad del olvido, y son vistas con ojos frescos, aunque quizás también con ideas preconcebidas acerca de ellas.
Es necesario seguir insistiendo en la búsqueda y profundización de una mirada, de un lenguaje propio. Sólo cuando se vuelven a ver las películas, éstas recuperan su vida y su esencia, pero es difícil en la actualidad verlas en el formato para el que fueron realizadas originalmente, o sea, en la pantalla grande.
La Cineteca Nacional es el archivo fílmico más importante del país. A partir de 1984, fecha en la que la Cineteca se trasladó a las instalaciones que actualmente ocupa, luego del trágico incendio que acabó con la mayor parte de sus colecciones, sus acervos han estado en continuo crecimiento. A fines de julio de 2005 los diversos acervos (en soporte cinematográfico, videográfico, iconográfico (carteles, fotografías, negativos, diapositivas, etc.) contenían ya un total de 323,244 elementos. Particularmente importante fue el crecimiento de su acervo fílmico. Así, para julio de 2005, éste contaba ya con 12,723 películas ingresadas pertenecientes a la entidad, más otras importantes colecciones fílmicas bajo custodia. Entre sus funciones sustantivas está el dar a conocer, el difundir, su acervo fílmico y es con ese propósito que se dio vida a Miradas al Acervo.
El ciclo Miradas al Acervo dio inicio con un clásico del cine mexicano y símbolo de los estragos de la censura: La sombra del caudillo de Julio Bracho (1960) exhibida el 16 de abril del 2002. Esta película que no llegó a ser estrenada en octubre de 1960, a pesar de haber sido anunciada con mucha publicidad; la censura provocó que durante treinta años no se pudiese exhibir en los cines (1960-1990), lo cual tendría un gran impacto en su director tanto artísticamente como económicamente, así como a nivel personal. En 1993. la Cineteca Nacional contaba con una reciente y excelente copia en su Acervo, de tal manera que La sombra del caudillo tenía que ser la primera película del ciclo.
Los tres años de Miradas al Acervo ofrecieron al público de la Cineteca filmes mexicanos de gran calidad, cine hecho por los directores de la Época de Oro, como De Fernando de Fuentes (1894-1958), Luis Buñuel (1900-1983), Emilio Fernández (1904-1986), Alejandro Galindo (1906-1997), Julio Bracho (1909-1978), y Roberto Gavaldón (1909-1986), así como el cine realizado por la siguiente generación, la de los años 70, como Alberto Isaac (1928-1998), Rubén Gamez (1928-2002), Alberto Bojorquez (1941-2003), Jaime Humberto Hermosillo (1942) y Arturo Ripstein (1943).
La película más antigua que se proyectó dentro de este ciclo fue Redes de Fred Zinemann, producción de 1934, año de la toma de posesión de Lázaro Cárdenas y en el que Narciso Bassols fue nombrado Secretario de Educación Pública. Bassols apoyó la producción de Redes. Esta película contó con un financiamiento estatal y sufrió los avatares de no poder recibir todo el dinero requerido en una sola entrega. Cada vez que recibían dinero filmaban unos días y luego pasaban de 10 a 15 días antes de poder volver a filmar. Tuvo un costo bajísimo: $55,000 pesos y tuvo un éxito de crítica, aunque no fue un éxito de taquilla.
Otras películas de la década de los años treinta fueron: Luponini de Chicago (1935) de Jose Bohr (“la obra más pintoresca del cine mexicano de los años treinta” escribió E. García Riera), El misterio del rostro pálido (1935) de Juan Bustillo Oro, y Allá en el rancho grande de Fernando de Fuentes, la película que “salvó” a la industria cinematográfica mexicana en 1936.
De la década de los 40 se exhibieron: Historia de un gran amor (1942) de Julio Bracho, El peñón de las ánimas (1942) de Miguel Zacarias, Doña Bárbara de Fernando de Fuentes (producida en 1943, año en que la industria despegó y se hicieron más películas que nunca antes). También se proyectaron las películas ganadoras de varios premios Ariel, Campeón sin corona de Alejandro Galindo y, Canaima, el dios del mal (basada en la novela de Rómulo Gallegos), de Juan Bustillo Oro, ambas de 1945, así como la ganadora de nueve premios Ariel, Río Escondido (1947) de Emilio Fernández, y finalmente, El rey del barrio (1949) de Gilberto Martínez Solares, con Germán Valdés “Tin Tan”.
De la década de los 50 se incluyeron, Susana, carne y demonio y Los olvidados, ambas dirigidas por Luis Buñuel, Víctimas del pecado de Emilio Fernández, En carne viva de Alberto Gout y En la palma de tu mano de Roberto Gavaldon, todas de 1950, año de gran producción cinematográfica tanto en calidad como en número, y La hija del engaño (1951) también de Buñuel. De 1952 se exhibieron El rebozo de Soledad de Roberto Gavaldon (con una adaptación de José Revueltas y receptora de 10 premios Ariel) y Me traes de un ala de Gilberto Martínez Solares, con Germán Valdés “Tin Tan” y Silvia Pinal, y de 1953, Los Fernández de Peralvillo de Alejandro Galindo. Miradas al Acervo también incluyó las tres películas de Fernando Méndez que lo hicieron internacionalmente famoso: El vampiro (1957), El ataúd del vampiro y Misterios de ultratumba (ambas de 1958). De 1959, dos películas de gran impacto, de Roberto Gavaldón, Macario (basada en un cuento de Bruno Traven) y El esqueleto de la señora Morales de Rogelio A. Gonzalez, con un guión de Luis Alcoriza.
De las décadas de los años 60 y 70 además de la ya mencionada obra, La sombra del caudillo, encontramos los filmes de un nuevo grupo de directores que iban a dejar profunda huella en el cine mexicano: La fórmula secreta de Ruben Gámez y En este pueblo no hay ladrones de Alberto Isaac, ambas películas de 1964 y ganadoras del primer y segundo lugar respectivamente del 1er Concurso de Cine Experimental, así como Los recuerdos del porvenir (1968) del entonces muy joven (25 años) Arturo Ripstein, El rincón de las Virgenes (1972) y Tivoli (1974) de Alberto Isaac, La lucha con la pantera (1974) de Alberto Bojorquez, la multipremiada película de Jaime Humberto Hermosillo, La pasión según Berenice (1975-76), así como La guerra santa (1977) de Carlos Enrique Taboada, y una gran película de Arturo Ripstein, Cadena perpetua (1978).
La película de más reciente producción programada en Miradas al Acervo ha sido Tequila de Rubén Gámez, de 1992, y se acordó presentarla como un homenaje al recientemente fallecido realizador. No fue fácil el camino de Gamez, como tampoco lo ha sido para muchos cineastas, tuvieron que pasar 28 años entre su premiado cortometraje, La fórmula secreta (de 1964) y éste su primer y único largometraje. Creemos haber logrado con estas proyecciones introducir al espectador de Miradas al Acervo a la gran experiencia, poco frecuente hoy día, de poder ver clásicos del cine mexicano en pantalla grande. En apoyo a este proyecto de la Cineteca Nacional, varios de sus investigadores (Ernesto Roman, Raúl Miranda, Roberto Ortiz, José Antonio Valdés Peña y Catherine Bloch) redactaron textos analíticos de apoyo a la proyección de cada una de las películas, ensayos que intentan desentrañar algunos de los aspectos menos conocidos o poco analizados de las películas exhibidas. Estos textos son los que en el libro se transcriben -en el orden en el que fueron presentados al público- con el propósito de ofrecer un mayor acercamiento al cine mexicano en general, así como específicamente al acervo fílmico de la Cineteca Nacional. |