| El próximo 3 de mayo inicia el V Festival de Cortometraje Mexicano Yucatán 2005. La programación consiste en obras nuevas de los realizadores del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC/UNAM), el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC/Cnart) y del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE).
Para la clausura, el día 8, se reserva una degustación especial: las propuestas (cortos y cine-minutos) producidos en Yucatán para el II Concurso de Cortometraje convocado por el ICY, y esa misma noche se premiarán con dos premios de dos mil pesos por categoría, además de un premio especial del público.
El público, por supuesto, hará su selección durante la noche misma de la presentación en la Cineteca Nacional Manuel Barbachano Ponce.
Así que mayo pinta para ser, también, un largo mes de cine… IMCINE, por cierto, informó Aarón Rosette, coordinador de toda esta actividad en Mérida, acaba de mandar su obra en promoción actualmente, material de excelente calidad cuya programación daremos a conocer en www.unasletras.com.
-Otra cosa, igual de interesante, dijo Aarón en entrevista, será la actual producción de quienes están por ingresar del CUEC. Fuente de inspiración, para los realizadores locales que ya se cuentan por decenas. Este año al certamen de cortometraje y cine-minutos se inscribieron entre 30 y 40 propuestas.
Para contextualizar esta información, hablamos con Aarón de la –a todas luces– expansiva ola de producciones que desfilan en las pantallas de los espacios alternativos para el cine en Mérida y, aunque paradójicamente, son espacios gubernamentales (Video sala del Olimpo -Ayuntamiento de Mérida- Salas del Teatro Mérida –Gobierno del Estado-) gracias a sus promotores han enriquecido notablemente la cultura del cine entre los meridanos.
Aarón Rosette Moreno, también profesor de historia y apreciación del cine en el ICSMAC, este fin de semana inició un curso sabatino de historia del cine organizado por la dirección de artes visuales del ICY en el teatro Mérida. 25 personas, aproximadamente, dan fe del auge cinéfilo reciente.
-¿A qué o quiénes atribuimos tal boom?
-Todo se debe a Mario Helguera. Él es una especie de gurú en la promoción cultural enfocada a la cinematografía.
-Eres su alumno y seguidor, lo sabemos ¿desde cuándo?
-Hace unos nueve años, más o menos. Lo conocí cuando tenía el Cine Club de la Ibérica, y con el descubrí que existía gente que asistía a ver películas no sólo con gusto, sino con un verdadero interés por escuchar un comentario sin importar que el televisor midiera menos de 20 pulgadas. Ah, y obviamente no había clima ni ventilador…
Para entonces, continúa Aarón, yo ya había visto buen cine. Ya conocía a Buñuel, pero no sabía que existía esa especie de subcultura cinéfila en Mérida. Fue como entrar a un callejón y encontrar algo interesante ahí escondido.
-¿Te iniciaste como fanático del cine con Buñuel?
-Fue de casualidad. No sé quién rentó Bella de día (1966) en la casa, y a nadie le gustó, entonces yo quise saber por qué. A Ripstein lo descubrí después, y me latió. Con Mario conocí la labor que implicaba reunir a un grupo de personas semana a semana.
-¿Y, entonces?
-Yo empecé una labor autodidacta y a empezar a coleccionar películas en VHS, cuando menos las que se conseguían acá. Luego entré a la licenciatura en comunicación (ICSMAC). Estaba entre el periodismo –pensaba que era el camino para subsistir– y el cine, que más bien veía como un hobby. Luego, estudiando, descubrí la rama audiovisual. Para cuando Mario llegó a darme clase de historia y apreciación del cine (también era profesor de la UNIMAYAB, donde actualmente sigue dando clases) yo lo conocía muy bien. Llevaba cuatro años frecuentando su cine club. Así que era el aplicadito de la materia. Me odiaban.
Aarón se tituló en el 2001 con la monografía “La representación sexual de la mujer en Los olvidados de Luis Buñuel (1950)”, al parecer el segundo trabajo de tesis dedicado al cine en su escuela.
Al siguiente ciclo escolar es contratado como profesor en sustitución de Helguera, quien le cede su lugar.
-Ahora eres tú quien presencia de cerca la formación de nuevos cinéfilos.
-Sí, pero si Mario no hubiese sido tan terco, quizá yo no estaría tan metido en esto. Le admiro por el hecho de que aun sin s recursos siguió haciendo las cosas. Hay gente que si no tiene todo puesto, pierde el interés. Él ama lo que hace. Vive para eso.
-Vaya, a tu cargo está la programación del Cine Mérida, y aparentemente es fácil, pero…
-La Cineteca Nacional Manuel Barbachano Ponce tiene capacidad para 270 personas, y la Sala de Arte para 110 personas. Mi compromiso es organizar ciclos (previo a la actual proyección de la XLIV Muestra Internacional de Cine hizo Un culto al horror), elaborar ideas y a partir de éstas conseguir las películas con las diferentes compañías distribuidoras.
Esto es más o menos complicado, continúa, depende mucho de la organización con la que trabajes.
En cuanto a los costos de esta programación, por otra parte, Aarón dijo que no hay nada establecido. La Embajada de Francia no cobra renta por sus películas, por ejemplo; lo mismo que la Embajada de Korea del Sur, con la que recién realizó el festival de cine koreano.
El Instituto Goethe de Alemania, que también vino a cuenta, cobra “una cantidad casi de risa”, y tienen material muy interesante, precisó.
A fin de cuentas, pues, asistir al cine nos está dado en Yucatán. La oferta es sumamente rica y, por si fuera poco, con el atractivo de ser armada con verdadero corazón, si no hay que preguntarle a Mario Helguera. |