| Mérida, 9 de mayo. La premiación del 2º Concurso de Cortometraje Yucatán 2005 fue justa. El público mantuvo la Cineteca Manuel Barbachano Ponce del Teatro Mérida expectante hasta el último minuto, y los organizadores le dieron una dimensión nueva a esta actividad anual: Alfredo Cruz, director de artes visuales del Instituto de Cultura de Yucatán, anunció que el próximo año la convocatoria incluirá una nueva categoría: Videoarte.
Hasta ahora eran solamente dos las posibilidades para concursar: cortometraje no mayor de 30 minutos, y cine minuto; los seleccionados en la primera categoría fueron:
El extraño caso del Sr. Valdemar de Miguel Villasuso (28 min.) El falso abrigo de la esperanza de Freddy J. Gorocica (18 min.) El propio peso de Freddy J. Gorocica (8 min.) Escena 2 de Luis Ramírez (7 min.) Escultura en movimiento de Omar Góngora y Debora Carnevali (5 min.) Modus vivendi de Gonzalo David Juárez (17 min.)
En cine minuto las propuestas que pasaron a la final fueron:
Después de ti de Karla Rodríguez El galanazo de Gonzalo David Juárez Niño idiota de Santiago Vázquez y Nasin Teyer Medina Televisor de Gorki García.
Antes de que viéramos la selección, el crítico cubano Jorge Pucheux felicitó a los participantes por su osadía para inscribirse en el certamen y la buena factura que, en general, observó en las propuestas de los jóvenes realizadores (todos ellos estudiantes de comunicación o egresados de esta licenciatura, o bien estudiantes de artes visuales). Más tarde, micrófono en mano, comentó que el cortometraje permite a las grades productoras cinematográficas descubrir nuevos talentos y realizar sus programaciones para televisión.
Él mismo puntualizó, como crítica, que aún falta perfeccionar la dirección de los actores y definir con mayor claridad y comprensión el alcance de los temas abordados.
El jurado, integrado por Manuel Mengual Pastrana, Jorge Pucheux Padrón y Lorenzo Hagermann, adjudicó el primer premio en cine minuto a Televisor de Gorki García, una producción independiente en la que el realizador se llevó todos los créditos.
El segundo lugar correspondió a El galanazo de Gonzalo David Juárez, un video satírico acerca de la personalidad oculta de quienes se dedican al chat.
Es admirable el toque de madurez que los realizadores locales están consiguiendo en su obra; su avance corresponde al tesón de los promotores culturales como Mario Helguera, maestro de cine e impulsor de cine clubs alternativos, y el festival Geografías Suaves con el Concurso Regional de Cine y Video, dos impulsores con influencia positiva.
En cortometraje, Miguel Villasuso, ex alumno de Helguera obtuvo el primer lugar. Samara Quintanilla, su productora, manifestó que esta obra (adaptación libre del cuento Los hechos en el caso de M. Valdemar de Edgar Allan Poe), realizada en el 2004, fue examinado en la materia de cine de Villasuso. El éxito ante el jurado se debió, entre otras cosas, a la buena actuación de Paco Marín y José Antonio López Lavalle, ambos evidentemente emocionados y orgullosos de verse en pantalla.
La decisión de otorgar una mención honorífica por su creatividad a El falso abrigo de la esperanza de Freddy J. Gorocica fue acertada; lástima que el realizador de este corto no haya acudido a la premiación.
Armando Casas, director del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (UNAM), invitado a este acto, culminación del V Festival de cortometraje Yucatán 2005, en el que participaron varios estudiantes suyos, tomó la palabra para provocar en los realizadores meridanos obstinación en la búsqueda de un lenguaje propio.
También los alentó a buscar autenticidad y escarbar lo más profundo posible en su inquietud creativa.
Finalmente, el público dio también un veredicto apreciable. En corto premió Escultura en movimiento de Omar Góngora y Debora Carnevali (5 min.), ambos estudiantes de la ESAY, y en cine minuto de manera unánime con el jurado, reconoció a Gorki García.
A punto de finalizar la ceremonia, Alfredo Cruz advirtió a los premiados que sus cheques (dos mil pesos por reconocimiento) estarán listos esta semana, y, por lo visto, era lo de menos. Perduraba la euforia. |