Akira Kurosawa “Los 7 Samuráis” (Japón, 1954)
La película más emblemática de Kurosawa nos plantea valores humanos que trascienden la cultura oriental y occidental, tales como el honor, el coraje, la compasión, la valentía e inclusive el amor. El director se toma su tiempo para desarrollar cada uno de sus inolvidables personajes, de manera que la película resulta un poco larga, pero con justificadas razones.
Cada toma y secuencia de acción están bellamente filmadas, y la rápida edición en los momentos cumbres constituyen el estándar por el cual se guiarían los filmes de este género en adelante. Su influencia en la cinematografía mundial es palpable incluso hasta nuestros días, tal como en los westerns (Los 7 magníficos) y cualquier escena de batalla contemporánea.
El espectador se adentra tanto en la historia y características de sus protagonistas que no puede menos que conmoverse con los diversos desenlaces, en los que, al final, se levanta la mítica figura del samurai comprometido y solitario tanto en la vida como en la muerte.
Ingmar Bergman “Noche De Circo” (Suecia, 1953)
Interesante elección para este ciclo de cine, en el sentido de que no escogieron alguno de los mejores o más conocidos filmes del gran realizador sueco sino uno se sus primeros trabajos.
No por ello es menos cautivadora esta película, ya que la secuencia inicial nos introduce en una atmósfera oscura y por momentos onírica, que inmediatamente nos transmite los sinsabores de la vida de sus personajes.
Bergman nos cuenta la perturbadora historia de un circo y los complejos conflictos entre sus integrantes. No falta el payaso deprimente, el maestro de ceremonias al borde del abismo existencial y la bella acróbata que llevará al circo y al espectador a la catarsis emocional.
Con su clásico sello, el director no nos hace llorar, pero nos deja un lastimero sentimiento desesperanzador.
Federico Fellini “La Dolce Vita” (Italia, 1960)
De lo mejor de Felini y del cine italiano en general. La trama consiste en las aventuras y desventuras de un periodista de la farándula en busca de una nota o del chisme del momento a través del mundo brillante y vacío de las estrellas y sus fiestas orgiásticas y llenas de excesos en la ciudad de Roma.
Es un agudo retrato de las frivolidades del mundo del entretenimiento. La manera en que se satiriza la verborrea y las poses de unos intelectuales que no saben lo que dicen es alarmante por su actualidad y vigencia en un mundo que aún no reflexiona sobre su propia existencia ni la validez de sus actos.
Con humor negro e incisivo, Fellini refleja un sinnúmero de personajes y situaciones con las que cualquiera se puede sentir identificado; las escenas bizarras y en apariencia absurdas son una acertada forma de hacernos ver lo irreal de la realidad misma.
Jean-Luc Godard “Sin Aliento” (Francia, 1950)
Pocas veces se han presentado en estas latitudes filmes tan revolucionarios como éste de Godard. Con un guión realizado entre él y Truffaut, estos representantes de la Nueva Ola Francesa impactaron el mundo del cine de una manera tan efectiva que hoy en día no existiría ni el cine de vanguardia ni Tarantino de no ser por ellos.
En aquellos años 50 del siglo XX optaron por romper toda estructura tradicional narrativa y definieron un cine fundamentado más en lo estilístico que en el contenido escrito. Es decir, un verdadero cine de autor y con sellos inconfundibles.
Godard no deja de sorprendernos con su cámara en mano a lo largo de todo el filme, su edición con cortes que saltan de un mismo plano pero con intervalos de varios segundos, sus diálogos banales pero que resaltan el aburrimiento por lo convencional de la época, y sus tramas inverosímiles pero que retratan el verdadero Paris en su cotidianeidad.
Es de lo mejor del cine mundial, sin olvidar la excelente actuación de Jean Paul Belmondo que haría historia por la profundidad que le da a su interpretación.
Luchino Visconti “Ludwig” (Italia-Francia- Alemania, 1973)
Este filme nos narra a lo largo de 4 horas la vida del rey Ludwig de Bavaria; aunque bastante larga, esta película se divide en 5 episodios en los cuales se trata de representar con exactitud histórica los turbulentos tiempos en los que los excesos de la monarquía y las excentricidades propias del carácter de Ludwig lo llevan a su caída y posterior recluimiento en la inmensidad y soledad de sus suntuosos castillos.
Su historia va unida a la de otro grande de su tiempo, el compositor Richard Wagner, quien nos acompaña tanto como protagonista de los favores del rey, como por su presencia en la banda sonora con su universalmente conocida obra Tristán e Isolda.
Otra acertada elección para este ciclo, ya que “Ludwig” no es un filme fácil de conseguir y es una muestra más del cine de Visconti que no siempre se puede apreciar en toda su magnitud.
Stanley Kubrick “El Beso del Asesino” (EUA, 1955)
Una de las no tan conocidos películas de Kubrick. Sin embargo, con una excelente manufactura que nos permite vislumbrar la grandeza de este director en sus futuros trabajos.
La trama es sencilla; un boxeador venido a menos conoce a una damisela en desgracia y decide ayudarla. Casi sin darse cuenta, ambos empiezan a desarrollar sentimientos recíprocos, a la par de que problemas más grandes se avecinan sobre ambos y que probablemente ellos originaron al involucrarse en una relación fugaz y sin garantías de ningún tipo.
La narración es rápida y los encuadres de Kubrick dignos del maestro, aunque esta película es mas bien correspondiente al cine negro de sus inicios.
Después una hora de duración, nos deja satisfechos con varias escenas memorables y un final ya clásico y al más puro estilo hollywodense.
Orson Welles “El Proceso” (Francia-Italia-Yugoslavia-Alemania, 1962)
Basada en la novela de Franz Kafka, “El Proceso” nos cuenta la historia de Joseph K, un hombre que al despertar se encuentra con que está siendo acusado de un crimen pero sin ser tomado bajo custodia ni informado de cuáles son los cargos que se le imputan.
A partir de ahí se embarca en una interminable pesquisa por descubrir la verdad, todo enmarcado en una atmósfera oscura y asfixiante que llevará al protagonista y al espectador a la tensión y paranoia total a medida que avanza la película.
Con una estética de desesperanza bien lograda, Welles nos introduce a un mundo bizarro a la vez que nos plantea interrogantes acerca de la ley y la justicia, que no sabemos si funciona por el bienestar común de la sociedad o si realmente tiene una agenda propia.
Excelentes actuaciones y, claro, la aparición de Welles es soberbia.
Alfred Hitchcock “La Posada Maldita” (Inglaterra, 1939)
Una de las menos conocidas películas de Hitchcock, y de baja calidad en comparación con sus trabajos posteriores.
A diferencia del resto de sus producciones, “La Posada Maldita” no es una película de suspenso o misterio, sino más bien de aventuras. Mary se dirige a pasar una temporada al hotel de sus tíos y durante su estadía en Cornualles, descubre que su tío es el jefe de una banda de piratas que se dedica a provocar naufragios y saqueos en las costas.
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