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Cómodamente frente al erotismo con J.C. Cortazar
Nueve preguntas a raíz de un curso de apreciación cinematográfica
Christian Núñez (Foto: Laura Sánchez)
Mérida, 22 de octubre de 2008. Jorge Carlos Cortazar, figura clave en la difusión del cine de autor en los espacios culturales de Mérida, inició el pasado 16 de octubre el curso La Sonrisa de Eros: Hacia una Significación del Erotismo en el Cine, en el campus de la Universidad Modelo. En el portal noesunsigno.blogspot.com, Jorge lanzó un señuelo al público, que dice así: “Animado por un sano –mas no inocente– afán de saber, este espacio invita a voyeurs obsesos, inquisidores alucinados, libertinos de clóset y público en general a compartir miradas, reflexiones y experiencias con el objetivo de encontrar algunos de los caminos por los que navega la representación del sexo y la sexualidad en el cine.” A propósito de tan sugestiva invitación, unasletras decidió hacerle una entrevista erótica al especialista concentrada en nueve preguntas; nueve, por supuesto, intencionalmente.

¿Consideras que el cine erótico está pasando por un buen momento actualmente?

—Es una buena pregunta y por lo tanto no es fácil contestar. La única forma en que se me ocurre responder es partiendo de mi experiencia como cinéfilo. Y debo admitir que en el terreno del cine tenido como “erótico” las referencias son escasas. Ya sea por la pobre oferta cinematográfica que en general se padece en la ciudad de Mérida, o por la ya de por sí escasez de propuestas serias o arriesgadas en el género. No obstante, me he encontrado con títulos que, en mi humilde opinión, constituyen ejemplos de un cine que aún reserva sorpresas al público, producido en la última década del siglo pasado y en los primeros años del presente. Esto —espero— puede permitir al público del cine enriquecer su acervo de filias, fobias y referencias, más allá de las películas clásicas, sin dejar de reconocer en estas últimas su valor. Y eso vale para cualquier tipo de cine, no solamente el erótico.

¿Cuáles son las características de una buena cinta erótica?

—Por un lado, y sin afanes dogmáticos, creo que una buena película erótica debe ser como una buena película de cualquier género: que la historia, personajes y desarrollo sean interesantes. Y que sea entretenida, desde luego.

Por otro lado, tratándose de un género que por definición tiene como tema central al sexo y la sexualidad, lo lógico sería suponer que la película tuviera escenas sexuales y que éstas sean buenas. Ahora bien, ¿el hecho de que una película contenga escenas de sexo es una condición necesaria y suficiente para considerarla erótica? La respuesta no es sencilla como pudiera parecer a simple vista, y es uno de los puntos sobre los cuales pretendo animar la discusión sobre lo erótico en el cine; con toda la bondad y maldad que nos permitan el tiempo y las ganas.

Pero no puedo olvidar tampoco otro detalle: una película erótica debería causar una emoción erótica en su público.

¿Cuáles son los objetivos de tu curso La sonrisa de Eros?

—Discutir nuestras ideas, actitudes, experiencias y expectativas en torno al erotismo representado en el discurso cinematográfico. Esto significa que la invitación se encuentra abierta prácticamente a cualquier persona que desee participar y en donde nadie tiene que ser un conocedor o experto en cine, en arte o en erotismo, ya que todos tenemos alguna experiencia en el tema; ya sea de rechazo, de gusto, o curiosidad. Y tomando las experiencias y opiniones vertidas en el curso, iremos construyendo premisas y conclusiones.

Obviamente, —aclara— durante el curso se verán algunas películas y fragmentos, así como la lectura de textos que proporcionen claves para dibujar caminos sobre el tema.

Entre tus referencias teóricas, aludes a Georges Bataille, Octavio Paz y Pier Paolo Pasolini. ¿Crees que el erotismo siempre se sostiene por una ideología o una postura ante la vida? Lo pregunto porque en casos como el de Sade es bastante obvio, pero en otros no lo es tanto.

Más bien creo que nuestras ideas sobre el erotismo reflejan de alguna forma nuestra postura hacia la vida en general, y el hecho que este sea un tema que anima discusiones apasionadas también contribuye a encontrar muchas de las contradicciones que son parte fundamental de cualquier ideología. Supongo que esto tiene que ver también con el hecho de que en una gran medida nuestra ideología individual y social es inconsciente. Nos conducimos en base a ciertas normas vinculantes establecidas formalmente en códigos sociales y leyes; pero también debemos admitir que al apropiarnos de tales códigos les damos un matiz particular. Toda ideología se hace patente a través de una praxis y resulta muy curioso cómo nuestra dimensión sexual (biológica y social) llega a introducir cierto desorden en nuestras ideas, o por lo menos implica realizar un esfuerzo intelectual para hacer coincidir lo ideal con lo real. Antes tendríamos que asumir una distinción por un lado entre esa dimensión sexual que poseemos como función biológica, y por otro la dimensión erótica que es única en el ser humano; es decir, las formas y dinámicas en las que esa función biológica del sexo se inscribe en un contexto social y por ende ideológico.

Asimismo, creo que es afortunado encontrar en personajes como Bataille, Octavio Paz, Pier Paolo Pasolini, Piérre Klossowski y otros no sólo una obra pletórica de imágenes e ideas en torno al erotismo, sino también profundas y sorprendentes reflexiones sobre el mismo tema. Debo admitir que el contar con tales referencias me han proporcionado muchas claves para abordar al erotismo, y claro que también uno puede sentirse muy seguro en tan singular compañía… aunque con Sade uno nunca sabe.

Haciendo un breve repaso histórico, ¿cuáles han sido los cambios más drásticos que ha sufrido el cine erótico en las últimas décadas?

—A riesgo de incurrir en graves falacias –insisto en que parto principalmente desde mi experiencia como cinéfilo–, he observado que muchos cineastas interesados en el género se han permitido utilizar un lenguaje cada vez más cercano a lo que comúnmente identificamos como pornografía. Por esto entiendo la presentación de escenas de coito explícito y no simulado. El antecedente de este tipo de escenas en una película hecha por un cineasta “respetable” lo hallamos en El Imperio de los Sentidos (1976) de Nagisa Oshima; pero tenemos también ejemplos en filmes más recientes como Romance X (1999) de Catherine Breillat, y Seule contre tous (1998) de Gaspar Noé, 9 Orgasmos de Michael Winterbottom (2007) y Shortbus de John Cameron Mitchell (2007). No obstante, lo que parece no cambiar es que de los títulos que he mencionado, excepto Romance X, la única película que tuvo una corrida comercial en Mérida, todas las demás han tenido una escasa o nula distribución, especialmente en la provincia.

Otro fenómeno interesante es la presencia de mujeres cineastas en el género, cuyo ejemplo más notable es la mencionada Catherine Breillat. Su filmografía se centra en el goce sexual femenino. Esta novelista y cineasta sí que ha incomodado a mucha gente con su particular visión sobre el cuerpo de la mujer como terreno maldito. Un caso aún más notable en el cine erótico hecho por mujeres es la película Viólame (Baise Moi, 2000), la cual, por cierto, también tuvo una exitosísima corrida comercial en Mérida.

En general, puedo mencionar estos ejemplos, aunque claro, me estoy quedando cortísimo.

¿Todo filme erótico tiene que ser transgresor?

—No estoy muy seguro de que la trasgresión sea una condición necesaria y suficiente para considerar como erótica a una película. Hay películas “eróticas” que vistas con una actitud analítica se nos presentan mucho más conformistas que una telenovela. Y otras que no.

Si tomamos como signos de trasgresión las ampollas y alaridos que despiertan en los autodenominados guardianes de la moral y las buenas costumbres (asociaciones de padres de familia, editorialistas de sección local de la prensa, o representantes políticos y religiosos) podremos encontrar ejemplos muy claros. Tomemos por caso una película como “El Crimen del Padre Amaro” cuya escena de escándalo fue el cubrir con un manto de la Virgen de Guadalupe el cuerpo semidesnudo de Ana Claudia Talancón. Si me preguntaras si considero a esa escena como “trasgresora”, respondería que sí, tomando en términos objetivos el escándalo que causó, y obviamente por la devoción que en nuestro país se profesa hacia la Virgen. Ahora, si me preguntaras si considero erótica la escena, te diría que al contrario; me hubiera resultado más erótica la imagen de Ana Claudia Talancón sin el manto.

Y hay películas en donde las escenas de sexo pueden causar una emoción erótica en el público sin necesariamente vulnerar (en el plano del discurso narrativo de la película) a las instituciones religiosas, ni a la patria ni a la familia. Incluso en películas en donde las relaciones carnales se muestran en un contexto de traiciones a la fidelidad matrimonial o de la pareja heterosexual, las conclusiones suelen centrarse en la restauración del “orden”. Como puede verse, el asunto es complicado.

Probablemente una respuesta menos rollera pueda ser que desde los inicios del cinematógrafo se han producido películas que en su momento rompieron ciertos tabús. Y no creo equivocarme al pensar que siempre existirán películas que, finalmente, rebasen los límites de lo que en su tiempo se considera “permisible”.  Aún así, debo insistir que no estoy muy seguro que la trasgresión sea necesariamente una condición del cine erótico.

¿Cuál es tu top five en este rubro?

1. Henry & June (Philip Kaufman, 1990) E.U.A.

2. El Último Tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972) Italia, Francia y E.U.A.

3. La Caja de Pandora (Georg Wilhelm Pabst, 1929) Alemania

4. Crash: Extraños Placeres (David Cronenberg, 1997) Canadá, E.U.A. y Francia

5. La Pérdida de la Inocencia Sexual (Mike Figgis, 1999) Inglaterra y E.U.A.

Me permito añadir una sexta: Sin Aliento, de Jean-Luc Godard. En esta película no tenemos ninguna escena de sexo. Ni un solo desnudo. Pero la escena en la que Jean Paul Belmondo no cesa en su cortejo para llevar a la cama a Jean Seberg es simplemente fantástica.

¿Hasta dónde es posible hacer una diferencia entre erotismo y pornografía?

—Creo que no es posible hacer una distinción absoluta. De hecho, cada vez me convenzo de que no hay forma de diferenciarlas más que en un plano teórico. Lo que es interesante es que los términos erotismo y pornografía –más que denotar– connotan toda una actitud tanto de aprobación o descalificación en sí. Y creo que una discusión al respecto puede ser muy rica.

Por último, y sin adelantar las conclusiones del curso, ¿a dónde crees que se dirija el cine erótico contemporáneo?

—La mata seguirá dando. El erotismo es una condición humana y creativa y, a riesgo de sonar cursi, creo que tomará el rumbo que la misma creatividad y curiosidad de realizadores, escritores y público se permitan desarrollar. Aunque, claro, en el caso de estos últimos (que somos todos) tendremos cada vez que recurrir a vías de acceso alternativas a ese cine y otros más; es decir, a la piratería.