 México, D.F., 30 de noviembre de 2007. La masa humana oculta las diferencias raciales. Las manos levantadas, que aplauden o saludan, siempre ofrecerán el indistinto, indiferenciado, color de la piel humana. Lo mismo en un concierto masivo de rock ofrecido por The Police o The Cure, que en un encuentro de futbol en un estadio lleno o en una multitudinaria manifestación política. Siempre sentiremos esa misma calidez de tonos, esa humedad casi visible, que los cuerpos multiplicados exhalan mediante sudores, humores y la propia respiración.
El vendaval de protesta debió ser magnífico. Provenía de aquella masa que se levantó para manifestar el desacuerdo contra el resultado de las elecciones presidenciales del 2 de julio del 2006 en la que ha sido la manifestación pública más concurrida de la historia de México. Las cifras de los asistentes, veleidosas, variarán de un actuario al otro –dependiendo sus filiaciones o las de sus superiores–, pero las imágenes muestran ese inabarcable tono color carne desplegado por la Plaza de la Constitución y todas las calles aledañas del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Masivo, de millones, fue en su momento el apoyo que recibió Andrés Manuel López Obrador en el largo y entrampado conflicto electoral. Pero la movilización de millones de ciudadanos, la gran protesta pública, no varió un ápice la resolución inicial. El desenlace, empero, no podía preverse.
A diferencia de la versión informativa única, homogénea que noticiarios y comentaristas televisivos ofrecieron en torno a las elecciones, existió la antítesis del Gran Hermano orwelliano. No los zafios programas televisivos llenos de nimiedades que toman tal título. Sin las cientos de miles de cámaras caseras, accionadas por ciudadanos de todo tipo que documentaron un variado catálogo de trampas y mañas tanto legales como ilegales para mantener el resultado de la contienda.
Esas, que conforman más de tres mil horas de testimonios grabados, dan cuerpo al filme más reciente de Luis Mandoki. El título del largometraje documental resultante no deja lugar a ninguna duda sobre lo que se verá en la pantalla: Fraude. México 2006.
Y en efecto, es un compendio, un recuento de los esfuerzos continuos tanto del gobierno federal como de políticos y empresarios diversos para evitar que Andrés Manuel López Obrador llegara a la Presidencia de la República: la difusión pública de actos de corrupción de sus colaboradores –los llamados videoescándalos–; alentando un complicado y demasiado severo proceso de desafuero –votado por una mayoría de diputados del que el presidente Fox desistiría tardíamente–; realizando una fiera y mentirosa escalada mediática de descalificación –la campaña del miedo y la frase “peligro para México”– y, finalmente, realizando múltiples y diversas irregularidades electorales. En este último punto, la cinta ofrece algunos episodios escalofriantes, que ningún noticiario televisivo, preocupados como estaban en afirmar la pulcritud de la elección, se atreve siquiera a mencionar.
Prueba menor de la cadena anterior es la propia cinta, de 110 minutos de duración, que ha sido lanzada con la importante cantidad de 200 copias –por lo que se exhibe en una de cada veinte salas comerciales del país–, una cantidad importante si consideramos que otras cintas mexicanas han salido con menos copias como Malos hábitos que salió con 150, El violín circuló con 20 o JC Chávez con 60
Pese a ello Mandoki no ha merecido ninguna entrevista en televisión comercial ni en la radio –a excepción del Canal 34 y los programas de Carmen Aristegui y El weso en la XEW– y que una treintena de estaciones radiofónicas se negó a transmitir su spot ya pagado además que las cadenas exhibidoras intentaron ocultar su presencia en cartelera, no contabilizaban los asistentes entregando boletos en blanco o de plano boicotearon su proyección. Eso por no hablar de la conocida historia del contrato verbal de distribución con Warner México que desistió a finales de agosto por presiones de, dice Mandoki, Televisa, Cinépolis y las oficinas centrales de Warner en Estados Unidos.
–Es un experimento– define su director Luis Mandoki respecto a esta campaña de promoción atípica, pues la industria hollywoodense asentada en México usualmente gasta tres veces más en publicidad de lo que gastó en copias. Pero ni la distribuidora Decine ni la productora Contra el Viento Films –que encabeza Federico Arreola junto con los hermanos Luis y Pablo Mandoki– invirtieron los seis millones de pesos que se acostumbran sino 200 mil, ante los dos millones que costaron las copias que se proyectan actualmente. Claro, lograron un acuerdo con la distribuidora Decine para obtener el 28 por ciento de la taquilla, cuando en México lo normal es el ocho o el cinco para los productores y el 60 para el exhibidor.
Además, a diferencia de las películas de ficción que ha dirigido –en Hollywood principalmente, con títulos como Una pasión otoñal, Cuando un hombre ama a una mujer y Mensaje en una botella, pero también, en México, Gaby, una historia verdadera y Voces Inocentes– en la que ha llegado a contar con cien horas de filmación para editar una versión final de dos, para este documental contaba con tres mil horas filmadas, lo que resume en una frase: “era la locura”. Lo que en principio calculó que lograría en dos o tres meses acabó llevándole al cineasta un año con tres meses de trabajo para encontrar “esa línea narrativa que permitiera que la cinta no tuviera opinión nuestra, que sólo mostrara la historia...”.
–Es decir, que no fuera un simple panfleto político...
–Sí, que no fuera un panfleto político ni manipuladora. Que resultara entendible no sólo para cualquier mexicano sino para todo extranjero. Y abarcara toda la gama de cosas que sucedieron, para entender qué pasó y no nada más enfatizar una parte de la historia. Enfrentando otro obstáculo: los protagonistas principales, excepto López Obrador, no quisieron hablar. Lo digo al final de la película, pues buscamos con insistencia a Calderón, a Fox, a Salinas, a Ugalde, a Elba Esther Gordillo, a Azcárraga, etcétera y nunca nos quisieron dar una entrevista. A veces nos tachan de sesgados, pero en este caso los que se sesgaron fueron ellos.
–Por desconfianza, quizás...
–Por miedo. Cuando no eres honesto tienes miedo.
El resultado de la apuesta está a la vista: en su primer fin de semana el documental atrajo a 100 mil espectadores, y 60 mil más en los cinco días siguientes, por lo que esperan al menos a 400 mil el resto del año, siendo no sólo como el documental mexicano de mayor taquilla en la historia –JC Chávez de Diego Luna, por ejemplo, logró 70 mil espectadores– sino como uno de los filmes más vistos en fechas recientes, compitiendo e incluso superando a blockbusters hollywoodenses como El mundo de Terabithia, El asesinato de Jesse James o Beowulf.
El ejemplo más cercano es el anterior filme de Mandoki, Voces inocentes (2004) que con 350 copias y siete millones de pesos para publicidad logró reunir 230 mil espectadores. Nada comparado con el éxito de los cuatro documentales en DVD de la serie ¿Quién es el señor López?, que vendieron la friolera de 2 millones de ejemplares, una marca absoluta en cuestiones de ventas –Shrek la tenía con 450 mil copias–, pues sus primeros 40 mil ejemplares se vendieron en 24 horas en puntos de venta tradicionales y el resto mediante distribución con redes ciudadanas. Ahora, asegura convencido, buscará que su actual cinta, entre cines y DVD, llegue a 20 millones de mexicanos.
–Hay gente que le acusa de ser muy cercano de López Obrador, a la Presidencia Legítima y a la Convención Nacional Democrática.
–Al mismo tiempo lo que yo digo es que los medios son muy cercanos a la corrupción. ¿Me hablan a mí de sesgo, se atreven a decirme que soy sesgado? ¡Qué poca madre!, ¡qué nivel de cinismo! No hay más sesgo que el de Televisa y TV Azteca, ¡por favor! Si ofrezco un punto de vista que los contradice claro que me van acusar porque los estoy poniendo en evidencia, en realidad ni siquiera hubiera hecho la película si ellos le hubieran abierto su tiempo de televisión a hablar con López Obrador desde un punto de vista real y no difamatorio. ¡Son unos difamadores!
–No sólo por la campaña de odio, hubo telenovelas y programas humorísticos que tomaron partido...
–Sus noticieros y todos sus programas. Entonces, lo que yo les digo es qué poca vergüenza.
–A ti y a otros intelectuales y creadores que denunciaron las irregularidades de la elección presidencial se les atacó, insistentemente, de buscar un hueso, un puesto en el gobierno de López Obrador.
–Si me interesara un hueso no me hubiera dedicado al cine. ¿Tú crees que voy a dejar el cine por un puto hueso? No soy pendejo. La gente se está proyectando, los que me acusan son los que buscan un hueso, eso para mí sería un fracaso. Llevo un año y medio más trabajando en esto y no he cobrado un peso. Estaba pasmado, medio paralizado por lo que pasó y el 4 de julio se me ocurre cubrir el conteo parcial, no teníamos gente ni dinero y se me ocurrió invitar a la gente por Internet para que acudiera con sus cámara caseras. Para nuestra sorpresa se cubrieron los 300 distritos electorales, toda esta gente con la mejor voluntad y devoción democrática nos mandó todo el material, sin copia, nos regaló los originales. Yo siento una gran responsabilidad, tengo que responder.
Durante el plantón viví un momento muy fuerte en el que se me acabaron completamente los recursos, a mediados o fines de agosto. Es cuando me acerqué a Federico Arreola y le expuse la situación, proponiéndole que le entrara al proyecto. A los pocos días me dijo que sí, fue la salvación, pero tampoco la vio fácil. Nosotros seguimos con la idea del cine sabiendo que era imposible.
–Federico Arreola, defendía ante los medios el proyecto de López Obrador, lo que le dejó cierta aura de incondicional. ¿No era peligroso tenerlo de productor en una película que pretende no ser un panfleto político?
–Ya conocía a Federico y existe una amistad, una confianza. Lo he llegado a conocer y es muy respetuoso. Así fue con los reporteros de Milenio. Él respeta la libertad del artista. Puede opinar y dar su punto de vista, pero puedes tomarlo o no, y lo entiende. Trató de ayudar, a veces coincidíamos y a veces no, pero tuvo una enorme entrega. Cuando estás en una coyuntura no consideras si será el mejor o no. Yo me voy por mi intuición, y así he construido mi carrera. A veces la cagas, pero nadie es perfecto. Y aquí estamos.
–Parte del riesgo de llegar a los cines era entrar al sistema de distribución de las majors que apuesta a funcionar por fin de semana y no al largo plazo...
–Exacto. Estás entrando a la guerra del mercado...
–Y a la boca del lobo...
–Incluso escogimos la fecha de estreno, el 16 de noviembre, con Warner Brothers porque casi no había estrenos y ellos no tenían nada. Ahora ellos metieron El asesinato de Jesse James y a la otra semana Beowulf, con muchas más copias de las que planeaban y otros majors también, con toda la publicidad y nosotros cero. Si fuera un proyecto que nada más veo desde el punto de vista comercial nada más a lo mejor no le entro pero el cine te da un escaparate que el DVD no te lo da, y aquí de lo que se trata no es de hacer dinero, ojalá se haga para poder pagar todas las deudas que tenemos.
Yo me siento responsable con toda la gente que de buena fe nos ha dado dinero. Pero más importante que eso es poner en evidencia las mentiras y desinformación de la televisión e informar a la gente por una sola razón: la dignidad humana. Pienso que todo ciudadano tiene derecho a la información, que la desinformación de los medios es un crimen, si ellos hubieran informado imparcialmente a lo mejor ya me hubiera ido a hacer otra película a Hollywood.
–¿Cuál fue tu afán en este punto de tu carrera? ¿Cómo te sientes?
–He dejado de ganar dinero, pero he ganado muchas otras cosas, para mí ha sido como un renacimiento. Creativamente, humanamente, pasionalmente, la conexión con tu país, hacer algo importante por él, darle algo a la gente que está desesperada frente a un gobierno que le vale madres el pueblo. Ayer invité a un par de panistas a ver la película y salieron muy impactados porque creían que habían ganado y ahora se dan cuenta que el PAN es lo mismo que el PRI. La posibilidad de despertar conciencias, no de que cambien de partido, para mí es la única posibilidad de real transformación en México. Eso son mis premios Oscar.
–¿No tienes esa duda de pronto de ser el equivocado, el terco, ante el alud mediático que se vino previo a la elección pero que incluso después se reforzó...?
–No. Yo soy el loco, porque es David contra Goliat, pero creo en la verdad y en su enorme poder. A los medios no los veo mucho porque me duele el estómago, me causa repugnancia su cinismo. Mentir cínicamente día tras día me causa repugnancia y esa repugnancia no te causa ni confusión ni miedo.
–Simplemente al mirar la película ya en pantalla, ¿qué conclusiones sacas?
–Es la primera vez que estreno una película sin haberla exhibido previamente. Y como espectador me conmovió. Me impactó ver el nivel de deshonestidad que hay en este país. Pero lo que más me impacto es una parte de la película donde cuestiono a López Obrador sobre el plantón de Reforma, pues lo que más le importa a este hombre es impedir la violencia en este país, no parar el fraude. Y eso es lo que ellos no aprecian, porque lo que están provocando es la violencia. En postproducción un técnico, de filiación panista, me dijo que ninguna película antes le había hecho cambiar su forma de pensar. Son las cosas por las que yo entiendo que me tienen miedo.
–Después de un año, ¿qué opinas de este proceso electoral y político? En cada elección sigue apareciendo la Gordillo como agente electoral, siguen existiendo acuerdos por debajo de la mesa y el discurso electoral cada vez está más vacío. ¿Cuál es tu opinión, no como cineasta sino como mexicano?
–Yo pienso que hay una grandísima irresponsabilidad. Creo que las gentes que ostentan hoy el poder son ciegos y no se dan cuenta que están poniendo al país en un borde muy peligroso porque aunque López Obrador como líder está intentando que todo camine por la vía de la no violencia, hay mucha gente que afirma que la vía electoral acabó en el 2006 y no ven otro camino. Hablo con mucha gente y en su mente aparece el 2010 como fecha emblemática. Frente a la irresponsabilidad y el valemadrismo del gobierno, al que no le importa la gente, esto puede incendiarse y la culpa la van a tener ellos. López Obrador nunca va a caminar por el camino de la violencia, eso me consta, pero mucha gente ya está desesperada y la desesperación es peligrosa.
En el PRI, que era igual de corrupto que el PAN, al menos eran más políticos y dar ciertos apaciguadores. Aquí no tienen idea y están jugando a la política y con un país que está al borde. A la gente ya no le puedes dar atole con el dedo como antes, ya tienen un olfato y un detector de mentiras y de corrupción.
–¿Cuál es tu opinión de López Obrador como personaje?
–Es un hombre muy generoso. Realmente siente profundamente las cosas. A través de la película la gente va a poder verlo en una luz que no se ha visto públicamente por la deformación que hay en los medios. Además es absurdo porque sé que muchos empresarios están enojados con Calderón, que ni a Televisa le ha ido bien con él y estoy seguro que todo el país hubiera estado mejor, incluso ellos. Por eso te digo que son ciegos. Lo que tiene López Obrador es que es muy responsable.
–Los documentales de Michael Moore fueron propaganda política directa en contra de George Bush y del Partido Republicano, pero no lograron cambiar el curso de los acontecimientos ni la reelección presidencial. ¿Buscas cambiar las cosas a largo plazo?
–Aunque mi estilo es muy diferente al de Michael Moore, Fraude es como el Fahrenheit 911 mexicano, porque toca una fibra muy sensible del momento actual. Pienso, además, el cambio es a mediano plazo. No es para mañana pero tampoco para dentro de muchos años. Lo que quiero es que la gente abra los ojos de lo que es la realidad, que no tiene nada que ver con lo que la televisión dice. Este gobierno está basado, nada más, en la televisión y el ejército. Entonces que la gente se de cuenta que la televisión es fantasía, mentira, deformación, que la realidad es otra cosa y que la tienen que descubrir con sus propios ojos.
–El cine es un medio idóneo para eso.
–El cine puede tener esa función. Y en este caso la tiene.
|