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| Una película para adultos marcó su vida |
| Mario Helguera, impulsor de la cultura cinematográfica en Mérida |
| Eugenia Montalván Colón |
 Mérida, 6 de julio. Hoy a las 8 de la noche el Centro Cultural José Martí inaugura un nuevo foro cinematográfico con la proyección de La Strada de Federico Fellini. El sábado arrancó el curso Los grandes mitos del cine en el Centro de Enseñanza e Investigación Selenius; el próximo jueves 14 se proyectará una función doble en homenaje a Ingmar Bergman en la Video sala del Olimpo, actividades bajo la conducción de Mario Helguera (Mérida, 1958), cineasta y apasionado profesor de historia y filmografía.
-Si quitas el cine de la vida de Mario Helguera, ¿qué quedaría?
-La música, y es la misma respuesta que te hubiera dado en el 76.
-¿De cuántas generaciones de comunicólogos has sido maestro?
-Once. Memo Fournier (director de la carrera de comunicación de la Unimayab) siempre me vacila diciendo que soy el inventor del cine en la Unimayab. Algo hay de cierto en eso. Cuando empecé a dar clases usábamos las camaritas de los alumnos; mientras que ahora, -desde hace un año- ya tenemos la carrera de Cine y animación.
-Intuyo que tú alentaste la creación de esta nueva licenciatura.
-En la Unimayab no se enseñaba nada de cine antes de que yo entrara y ahora hay una carrera, esos son los hechos. Hasta el momento, de los productos de la licenciatura de comunicación, tres han ganado el Festival de Cine Video Sociedad, y hay gente que se ha inscrito en la Universidad por estudiar mi materia.
-También la docencia le da sentido a tu vida, por lo visto. Dime, ¿el cine te ha hecho mejor persona?
-He crecido dando clases. Cuando mi padre murió hice cosas que sé que se debían de hacer.
Mario se refiere al rito fúnebre, y lo cumplió sensibilizado con los principios que le inculcó ser profesor de una universidad eminentemente católica.
-No me acuerdo de mí antes del cine, -continúa-. A los 14 años me enamoré de la cinematografía, y mi amor fue, desde siempre, un amor metódico, no irracional, como los buenos amores, irracionales e insomnes.
-¿Qué hace surgir esa pasión?
-Una película para adultos que vi en el segundo piso del Cine Mérida. Me acuerdo que la señora que vendía los boletos te decía con los ojitos: “pásese para arriba”, zona reservada para los menores de 18 años.
-¿Cuál fue esa gran película?
-No te lo puedo decir. Sólo ten en cuenta que estuvo en cartelera (en el Cine Latino de la Ciudad de México) aproximadamente un año, más tiempo –incluso- que El Padrino. Estamos hablando de 1972…
-¿Por qué actriz derrapabas a los 14?
-Anís Albina, pero no me enamoré tanto de ella, sino del hecho de sentir por primera vez qué es el amor, ¡en una película!. He ahí la malograda consecuencia de mi vida. Y va, a pesar de eso me interesó saber qué había ahí, -en el cine-, que me hizo sentir lo que nunca antes había vivido.
-¿Alguien te ayudó a bien encaminar esa pasión?
-Tener un tío como “Tío Juan” me ha dado mucha luz (Juan Helguera, el músico). Él me dijo que para conocer el cine tenía que saber cómo se desarrolló, así que julio y agosto en lugar de ir a Progreso, me iba al D.F. a leer. Al volver les decía a mis papás que quería estudiar cine, pero ellos siempre insistieron en que primero terminara la prepa, y cuando la terminé, finalmente, volví a México para entrar al CUEC.
Al ver a los estudiantes que también iban a presentar examen de admisión, de andar macizo, mezclilla y barba, pensé: Ya valí. No tengo nada qué hacer aquí. Salí del examen de admisión con la idea de dedicarme el resto de la vida a tocar chelo en los autobuses. Esa vez éramos doscientos setenta y tantos güeyes (aspirantes), y sólo iban a entrar 18.
En la entrevista posterior, con el maestro Ayala Blanco y González Casanova, entre otros, recuerdo que me preguntaron que si estudiaba teatro por qué quería entrar al CUEC. Les dije que había estado haciendo teatro mientras entraba al cine, y pensé, vaya, de entre 100 güeyes que quedamos, cuando menos saben algo de mí… Dieron los resultados una semana después, y cuando vi mi nombre en la lista, pegué un brinco del cual todavía no bajo. ¡Uay, entré al CUEC en octubre del 76!.
-Habrá sido difícil para tus padres aceptar esa determinación.
-¡Imagínate! Aun a la fecha conozco a cinco o seis gentes a las que no han dejado ir a estudiar cine a México.
-Volvamos al siglo XX. Dime unas palabras acerca de los temas que tocarás en tu curso sabatino, por ejemplo, los grandes mitos cinematográficos, ¿qué significan para ti?
-El inmenso poder de penetración cultural que tiene el cinematógrafo.
-¿Las estrellas nacen o se hacen?
-Nacen y se hacen. Hay estrellas, pero no tantas como para mantener una industria.
-Europa – América, ¿en qué sentido haces la distinción?
-Si algo nos identifica es nuestra cultura popular; no es lo mismo ver una película china que una francesa, una hindú, o una mexicana. El cine es la mejor tarjeta postal que tiene un país.
-¿Y qué se ve en la postal mexicana?
-¿Cuál? No tenemos tarjeta postal. No tenemos cine. Ya hasta quieren vender el Centro de Capacitación Cinematográfica, ¿cuánto más les van a dar por él? Sería mejor que saquen la lana de donde la guardan.
-¿Cuál es para ti el gran mito como director?
Ingmar Bergman en sus 87 años de vida es el más importante mito vivo. -¿Cuáles son los mitos mexicanos?
-No olvidemos que tuvimos una Época de Oro. Quién me niega que Sara García sea un mito. Lo es. A México todavía se le ubica por esas viejas tarjetas postales que emitió.
-¿Alguna decepción reciente?
-Las películas que no se han hecho y que están en papel, ¿por qué lo digo? Por el Festival de Cortos, el Otoño Cultural y las actividades que me toca conducir.
Mario Helguera, autor de Yaxkabá (1979), única película sobre la tradición oral en Yucatán, y otros documentales, como aquel dedicado a la vida y obra del poeta Cavafis con Cayetano Cantú, uno de los traductores del poeta griego al español, egresó del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) en 1979, con su título y las ansias de filmar volvió a su tierra. De entonces a la fecha gran parte de la conducción de la cultura cinematográfica en Mérida ha estado en sus manos.
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