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¡A descomplicarse la vida, todos!
Columna La letra con sangre
Sandro Cohen
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No cabe duda de que los maestros aprenden gracias a sus alumnos. Uno de los míos, Horacio Corro Espinosa —del heroico estado de Oaxaca— me ha regalado un libro de veras valioso. Supo de él por una entrevista de Carmen Aristegui con el autor, Álex Grijelmo, salió a comprarlo y me lo regaló. Se trata de La gramática descomplicada, uno de los libros más claros, divertidos y necesarios que he visto en años.

Hay muchos libros de gramática, algunos muy buenos, pero la mayoría es punto menos que indescifrable para el no especialista. La mejor que había encontrado (antes de ésta) para personas comunes y corrientes interesadas en cómo funciona el idioma español, era la de Manuel Seco: Gramática esencial del español. Pero sigue siendo una gramática tradicional, aunque muchísimo más comprensible que la de Emilio Alarcos, por ejemplo, Gramática de la lengua española, que sólo entienden aquellos que no lo necesitan.

La gramática descomplicada es un libro escrito para quienes no saben casi nada de gramática. Pero no por eso resulta condescendiente. Al contrario. Es un libro solidario que toma partido por el lector, que entiende su situación y lo lleva de la mano por los mil laberintos de la lengua. Esto se ve desde las dos introducciones que el autor escribió para su libro: la innecesaria y la necesaria. Grijelmo comprende perfectamente que la vasta mayoría de las personas, sin saber nada de gramática, se dan a entender cuando hablan, aunque sólo tal vez el uno por ciento sepa por qué dice las cosas como las dice. En otras palabras, sabe que la gramática opera en nosotros sin que seamos conscientes de ello.

Pero como periodista y editor, también sabe que entre el pensamiento y la escritura hay una vasta laguna donde la mayoría de las personas se extravían. No es lo mismo hablar que escribir. Huestes enteras de maestros creen que el problema se debe a que los malos redactores no saben gramática, pero esto es lo de menos. Grijelmo es de los pocos que reconocen el problema de fondo: un pensamiento defectuoso, no defectos de gramática que —después de todo— son fáciles de corregir. ¿Pero cómo se corrige una secuencia de pensamientos ilógicos o incoherentes? La belleza del planteamiento del libro, sin embargo, está en el reconocimiento de las estructuras gramaticales como la fuerza rectora que puede ayudarnos a organizar, jerarquizar y plantear nuestras ideas por escrito de manera que los demás hispanohablantes puedan comprendernos.

Si bien Grijelmo es de España, su óptica no es particularmente peninsular. Sabe cómo se emplea el español, para bien y para mal, tanto en su país como en América Latina. Además, es de los pocos autores que se atreven a decir lo que siempre me ha parecido obvio: que algunas de las reformas académicas para simplificar reglas —como la supresión del uso de la tilde en pronombres demostrativos, y en la palabra sólo cuando es adverbio— sólo volvieron complicado algo que realmente no lo había sido. De eso se trata, de modo que ya es hora de perderle miedo a la gramática.

¡A descomplicarse la vida, todos!

sandrocohen@prodigy.net.mx