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¿Cómo anda la salud de la cultura en México?
Columna La letra con sangre
Sandro Cohen (Foto: unasletras)

Ninguna encuesta o investigación me avala, pero me atrevo a afirmar que la comunidad de la cultura en México anda de capa caída al inicio de este 2007. En parte por la dolorosa cruda que aún persiste tras la derrota electoral de quien había sido el gallo de la mayoría de los creadores, y aquí me incluyo. Y también se debe, por otra parte, a la sospecha de que a este nuevo gobierno la cultura le importa poco. Sea como fuere, me parece un error reducir a un presupuesto la vida creativa de una nación: somos muchos más ricos, y mucho más pobres, de lo que parecemos.

La pregunta que subraya a mi pesimismo general es la siguiente: ¿qué tanto y cómo afectan cuestiones de presupuesto a la salud creativa, artística, cultural de un país? Si el Congreso autoriza dos por ciento más o dos por ciento menos para la burocracia que otorga becas y estímulos, que administra teatros, orquestas sinfónicas y el dinero destinado al cine, ¿cuáles son los beneficios o perjuicios reales? ¿Qué estamos peleando? ¿Son ideales las estructuras de hoy, o pensamos —en el fondo— que es preciso defender lo que tenemos, por mal diseñado que sea, a riesgo de perderlo todo?

Si centramos la discusión únicamente en el presupuesto destinado a cultura, no estamos viendo el bosque sino unos cuantos árboles que tal vez no sean los más importantes, por lo menos a largo plazo. El bosque total abarca tres áreas: 1) la educación primaria, media y superior, 2) la participación de la iniciativa privada en el patrocinio de las artes en todas sus manifestaciones mediante estímulos fiscales, de manera directa y por medio de una estructura similar al actual Fonca, y 3) la atención directa a creadores en forma de talleres y becas, parecidos a los existentes.

Para mí, lo fundamental es el número uno: educación. Gran parte del dilema del creador actual está en la escasez de gente interesada en lo que produce. En un país de más de 100 millones de habitantes, no debería ser difícil agotar una edición de tres mil ejemplares, llenar todos los días un teatro de tamaño mediano, o una sala para escuchar música, ver danza, etcétera. Pero la verdad es otra: resulta cada vez más difícil. El público gravita hacia lo que conoce y entiende, y eso es lo promovido en radio y televisión, los colosos que han reemplazado a la Secretaría de Educación Pública, la cual ha punto menos que abdicado de sus responsabilidades.

Si vamos a hablar en términos de presupuesto, valdría la pena empezar con un análisis de cuánto nos costaría como nación reeducar a nuestros maestros para sensibilizarlos ante la literatura, el teatro, la música, la danza y las artes visuales. Si éstos lograran hacer que en los niños despertara la curiosidad, y si pudieran cultivarla, las otras dos regiones del bosque de la vida cultural —administración y divulgación— gozarían, de entrada, de una salud envidiable.

Vamos a dedicar las primeras semanas del año nuevo a discutir, más a fondo, estos temas fundamentales para la salud cívica, intelectual y —en una palabra— cultural de México.


sandrocohen@prodigy.net.mx