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Andanzas eusebianas
Columna semanal
Eusebio Ruvalcaba (Fotos: unasletras)
http://www.unasletras.com/v2/../data/255.pianista niño.JPG

“Guíate por el oído, no por la vista”, les indico a mis hijos cuando les tomo su lección de música; a Érika Coral de piano, y a León Ricardo de violín. Esa frase me la dijo mi padre a modo de sentencia bíblica. Recuerdo el hecho con precisión geométrica. Me encontraba yo estudiando el violín, alguna pieza sencilla, cuando desafiné notablemente (¿cuántos años tendría: ocho, nueve?). Desde la recámara vecina, mi padre (que no era mi maestro; él no tenía paciencia para dar clases) me gritó “¡no, no, no!, es si bemol”. Yo creía que en ese momento él estaba dormido —porque en efecto estaba dormido, hasta donde me encontraba estudiando se escuchaban sus ronquidos—, y aún no me explico cómo podía estar dormido y escuchar la música con perfección absoluta. Así pues, miré con atención la partitura, repetí aquel pasaje... y volví a cometer el mismo error. Entonces la puerta se abrió de golpe y él entró como búfalo en estampida. Me arrebató el violín y tocó aquella frase. Claro, estaba yo tocando una nota falsa. Tímidamente señalé el cuadernillo y puse el dedo en la nota que yo toqué. Ahí decía que era si natural. Ése y no otro había sido la fuente de mi error. Y fue cuando me dijo: “Guíate por el oído, no por la vista. No importa lo que diga el papel, si no va con tu oído está mal. ¿O no tienes orejas?”. ¿Por qué mi padre oye cosas que yo no oigo?, me pregunté. Nunca se me olvidará. Aún recuerdo su mirada trémula, como si muy en el fondo palpitara una llama. Pues a la vuelta del tiempo no fui músico (aunque en el fondo no lo fui por falta de vocación), y carezco de autoridad para hacer cualquier recomendación, pero me parece que aquel principio tiene sentido. Y ese mismo principio yo se los digo a mis hijos; lo cual les permite, según he visto, despegar los ojos del papel pautado, y confiar en su sensibilidad musical.

Qué difícil resulta el estudio del violín al lado del piano. No estoy diciendo que el piano sea un instrumento fácil ni mucho menos, pero es evidente la amabilidad y gratificación del piano. Casi en forma instantánea, el alumno pianista siente que está tocando. No tiene más que poner las manos en el teclado, y la música brota como el agua de la fuente generosa. Por supuesto que sincronizar diez dedos es tarea ardua (y que tampoco basta con eso, pues habrá que añadir la musicalidad, producto inconseguible en las tiendas de autoconsumo), pero la compensación es casi inmediata. En cambio el violín; el estudiante debe ser paciente, pues antes de que sienta que está haciendo música habrá de dominar la posición de la mano y del violín mismo, la afinación —más voluble que el carácter de una mujer—, y, por si esto fuera poco, la firmeza y soltura con que se tome el arco —que de ahí deviene el “canto” violinístico; por eso es  tan importante (en eso insiste mucho el violinista y pedagogo Jorge Risi), fundamental más que importante, que el alumno sienta que está haciendo música, que va avanzando, y que no habrán de pasar tres años para ver los primeros resultados. Ésta ha sido una verdad universal en la historia del violín; pero en los días que corren aún se topa con más obstáculos pues la gente joven —y muy joven— tiene mucha prisa por vivir. También esto ha sido característica de todos los tiempos, pero especialmente en esta época nadie se quiere quedar atrás. Todo mundo quiere llegar antes. Tener todo, hacer todo, formar parte de la marcha de este planeta. A la gente le urge ganar dinero, tener auto, tener dos, leer libros chatarra, conocer todos los antros, todos los restaurantes, todas las cantinas; viajar, viajar, viajar. Casi no hay lugar para el reposo y la reflexión, para el ocio; y la música, y sobre todo el estudio del violín, va de la mano de la quietud, de la capacidad de ir acomodando cada cuenta en el hilo —con la paciencia del gato ante el advenimiento de la presa. Nadie que aspire a tocar el violín puede tener prisa —lo contrario de lo que pasa con los que estudian sistemas, mercadotecnia, publicidad, medios; debe esperar que los dedos de la mano izquierda, cuando se tiene afinación, vayan ubicando por sí solos el sitio exacto sobre las cuerdas, que el arco repose con precisión exacta sobre el puente, que el brazo izquierdo encuentre el nivel exacto entre la pesadez y la ligereza.

eusebius1951@cablevision.net.mx